Una isla pequeña que es como un mundo

Por Rodolfo Modern

02 Noviembre 2003
En esta novela, que obtuvo el Premio Embajada en España de Novela en homenaje a Juan Carlos Onetti (2002), su autor, Carlos María Domínguez, escritor premiado y fecundo, también crítico literario y periodista, nacido en Buenos Aires en 1955 y actualmente con residencia en Montevideo, atribuye a la geografía un papel similar a las entrelazadas y densas historias de los personajes que recrea. El epicentro es la isla Juncal, próxima a la desembocadura del Río de La Plata, entre Nueva Palmira y Carmelo en la costa oriental, y varios afluentes del Paraná desde la parte argentina, escenario, en el siglo 19, de un combate en que el almirante Brown desbarató una flotilla brasileña.
Del río, cuyas descripciones recuerdan algo a las ficciones de Haroldo Conti, ha emergido una isla pequeña, de naturaleza salvaje y exuberante, en la que desembarca, a fines de ese siglo, un italiano, Enrique Lafranconi, huyendo de un pasado misterioso y que, gracias a sus esfuerzos constantes y sacrificados, hace crecer considerablemente su superficie terrestre a pesar de los embates de las aguas y los feroces caprichos de una Naturaleza cuyos elementos se sublevan periódicamente para destruir los trabajos de Enrique. Este funda una familia, ayuntándose con una esclava negra, oriunda del Brasil. Lo que muestra la novela son los avatares de sus descendientes, algunos de tez blanca, otros negra, por sobrevivir, entre tareas de caza y pesca, aparte del contrabando practicado y del ejercicio de un comercio legal. Otro escenario es el vecino pueblo de Carmelo, cuyos personajes pintorescos se mezclan con los pobladores de la isla. Domínguez ha otorgado a sus figuras unas fisonomías físicas y espirituales vigorosamente conformadas, tanto hombres como, sobre todo, mujeres, a lo largo de tres generaciones, de destinos novelescos y frecuentemente trágicos. Esta saga, donde el misterio abunda y lo no dicho resalta tanto como el material explícito, está escrita en una prosa de largo aliento, rica y rotunda, según pocas veces aparece en nuestra narrativa local y espolea favorablemente la imaginación del lector, atrapado por sus aciertos semánticos y rítmicos, dentro de un clima de constante interés, tal como las leyes de las buenas novelas suponen y exigen. (c) LA GACETA

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