Edulcorada autocrítica de Estados Unidos

Por Alvaro José Aurane

02 Noviembre 2003
"La sombra del águila", el libro en el que el periodista norteamericano Mark Hertsgaard se lanza a explicar "Por qué Estados Unidos suscita odios y pasiones en el mundo" -tal su título completo- es otra edulcorada autocrítica sobre el gran país del Norte.
Como el propio autor lo confiesa en las primeras páginas, su proyecto comenzó siendo una crónica de viajes (se pasó 20 años recorriendo el planeta) pero los atentados contras las Torres Gemelas, Washington y el Pentágono determinaron que se inclinara por una descripción de cómo ven a Norteamérica en los distintos lugares del globo. Esta indecisión está presente de principio a fin.
Evidentemente, los desgraciados sucesos del 11 de setiembre de 2001 condicionaron tremendamente la tarea, y abundan los preludios de agudas críticas y los preámbulos que preparan al lector para severos cuestionamientos, que terminan cayendo en los mismos lugares comunes de siempre. Al final, las 250 páginas editadas por Paidós configuran un trabajo políticamente correcto.
El libro evidencia que no todos los entrevistados son pro norteamericanos, pero los "despiadados críticos" de Estados Unidos no tienen cabida. Tan sólo son mencionados. Y tampoco pasan de menciones los yerros norteamericanos, que se reducen más bien a los "errores" históricos, como las bombas atómicas detonadas sobre hombres, mujeres, niños y ancianos japoneses. Por lo demás, considerar que la responsabilidad actual de los estadounidenses en la mala imagen que buena parte del mundo tiene de la superpotencia pasa por no suscribir el acuerdo de Kioto para reducir la emisión de gases y reducir el calentamiento global es, en el mejor caso, un preciosismo. De México para abajo, ese reproche no aparece en el ranking de las 100 primeras demandas. Incluso, la virulencia que no llega en materia de autocrítica contrasta con las justificaciones, que alcanzan verdaderos niveles de paroxismo. "Parte de la responsabilidad de esta orgía de consumo recae sobre cada uno de los estadounidenses a nivel individual, pero nosotros no tenemos la culpa de vivir en una cultura de saturación publicitaria". Toda una confesión. Estos devaneos, que incluyen verdaderas apologías a la conquista de los derechos civiles y toda clase de anécdotas domésticas, malogran el cometido del libro, que se esfuerza por diferenciar al pueblo norteamericano de sus gobiernos, distinción que rebosa de voluntarismo y carece de rigor. Es que, en todo caso, la obra más bien reúne las impresiones de un norteamericano que le ha dado la vuelta al mundo dos veces y que ha recogido valiosos testimonios.
Justamente, el trabajo del periodista norteamericano es bastante rico en ese sentido. Incluso, hay semblanzas muy logradas sobre personas comunes, como el sudafricano Siphibo Sowuba y sus padecimientos en las cárceles del apartheid; el señor Ma y los avatares de ser un precapitalista en China; o la de Malcolm Adams y la vida de los conductores de micros en Ciudad del Cabo.
Pero en cuanto al cometido de explicar qué hace Estados Unidos para granjearse tantos odios en el exterior, "La sombra del águila" se queda a mitad de camino. Hoy, el gobierno de George W. Bush es sacudido por los informes acerca de que Irak no poseía un arsenal de destrucción masiva, argumento principal de la última invasión norteamericana a ese país. El hecho es políticamente escandaloso pero históricamente habitual de parte de incontables gobiernos de Estados Unidos, que alentaron durante la segunda mitad del siglo XX tiranías que, en todas partes del mundo, llevaron adelante masacres indescriptibles. Sin embargo, Hertsgaard abre un capítulo entero dando cuenta de que una de las cosas que más molesta en el extranjero de los estadounidenses es que siempre hablan en inglés, sin importar dónde estén, en lugar de esforzarse por aprender idiomas foráneos. Da la impresión de que unas cuantas cosas faltan por decir. (c) LA GACETA

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