Poeta capaz de practicar una honda caladura en el propio cuerpo

Por Inés Aráoz.

26 Octubre 2003
Recibí, hace algunos días, La mujer vacilante, de María Julia de Ruschi Crespo. Y hubiese preferido que fuese mi colmado silencio el que la alcanzara, la habrá alcanzado, tal vez, mientras escribía, porque creo que es un acto simultáneo, si se quiere, el de la escritura cabal, que nos conjuga en su lectura.
Es extraordinario hasta dónde ha calado María Julia, en su propio cuerpo. Me parecía, me parece toda vez que vuelvo a la lectura, estar sumergiéndome en aguas bautismales que, en su profundidad, me lavan. Y una y otra vez retorno a esas viejas líneas mías del solo hombre que llega a la cima y a todos redime. María Julia ha hecho todo el viaje del dolor (todo no: ya una parte, tremenda, la había hecho Ricardo Herrera en su Descenso, algunos de cuyos poemas me habían devuelto los brazos) en el lenguaje ("Una palabra separa la luz de las tinieblas, interminable"; "La montaña separa la luz de las tinieblas"; "El dolor es el trabajo de las palabras"; "El trabajo de la vida para conocerse a sí misma, para subir la montaña"); ha encontrado las palabras que hacían falta, y como tenía que ser, la palabra más justa es la más grave. La palabra justa que brilla no es una palabra "lírica", sino una palabra selladora que arde entre la oscuridad y la luz, los textos al filo del abismo que hacen patente el horror de la belleza. Cuando la belleza, así, aparece, sé que estoy ante un hecho real (en este caso, el texto), esto es, pura acción.
Una gran hoja en blanco debería ser este espacio de gran silencio en el que estoy y cada cual está. La experiencia del amor, es claro, ese segundo, es lo más cercano a esta tremenda aventura en la que tengo el raro privilegio de participar, de una fuerza, de un lirismo (sin comillas), de un coraje apabullantes. Y por primera vez vislumbro el resplandor de una palabra que se me escondía: esperanza.
El anuncio está hecho en el poema inicial de Herrera: "¿Este es el paso, la incisión del alba?...". Y luego la pregunta de María Julia: "¿Cuál es el lugar de la luz, el lugar donde podemos mirarnos, el lugar digno de la belleza del hombre, el lugar que busca el hombre para el encuentro con su propia belleza?" (p. 39). Pero "...Cada cosa en el universo dice yo"... "Cada cosa es la palabra insustituible de un poema perfecto". (p. 35). Lo tiene. Está todo. "El no que será pulverizado, pues la tierra entera dice: que así sea" (p. 21). "Del amor la santidad de la tierra. Del amor son los brotes". Un texto único, para ser leído ahí, justamente, "en la incisión del alba", cuando el cuerpo aún no ha sentido su propio peso; un texto único (no fragmentos) que se expande y contrae en uno y otro sentido, horizontalidad, verticalidad, luz, oscuridad. Está vivo. Un acontecimiento para mí. Y aunque la presencia de María Julia en el poema es formidable, creo que por primera vez he asistido a un nacimiento. Y esos ángeles ciegos que nos preceden y hacen posibles nuestros nacimientos (culpa, madre, amor -palabras asimismo) flotan en el espacio del poema como vientos fertilizantes.
María Julia De Ruschi Crespo (Buenos Aires 1951) ha publicado los libros de poesía Polvo que une (Premio Leopoldo Panero 1975, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1975), Et amava (Zona Franca, Caracas, 1979) y Artemis cantando, Artemis (Monte Avila, Caracas, 1982). Este último volumen fue traducido al italiano por Elémire Zolla antes de que apareciese la edición original (Artemide, Conoscenza Religiosa, La Nuova Italia, Firenze, 1980). Es también autora de un extenso ensayo sobre el poeta boliviano Jaime Saenz (AA. VV. Usos de la imaginación, El Imaginero, Buenos Aires 1984). Ha traducido a Sylvia Plath, Tulipanes y otros poemas (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988) y a Mario Luzi, Viaje terrestre y celeste de Simone Martini (Premio del Ministerio de Relaciones Exteriores de Italia, año 2002, Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires 2002). Formó parte del comité de redacción de la revista Ultimo reino y, entre 1983-93, codirigió la colección de cuadernos de poesía y crítica El imaginero.
Ha colaborado en prestigiosas publicaciones literarias del país y del exterior: La Opinión Cultural, Megafón, Ultimo Reino, Hablar de Poesía, Poesía, Zona Franca, Eco, Vuelta, Cuadernos Hispanoamericanos, Escandalar, etcétera. (c) LA GACETA

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