Tamara, una adolescente y actriz de televisión

Por Arturo Ponsati

19 Octubre 2003
Dedicada a un público de doce años en adelante -según se informa en la contratapa del libro, La cámara oculta, de Silvia Schujer, cuenta la historia de Tamara, una adolescente, actriz de televisión.
En su propio resguardo y en el de su hermano de apenas meses de vida, aunque también motivada por celos e íntimas frustraciones, la joven estrella decide emprender un viaje junto al niño. Durante el trayecto, la protagonista rememora su comienzo artístico, las tediosas horas de espera en las pruebas de actuación, los ensayos agotadores y sus vivencias junto a su exigente y ambiciosa madre.
Sus recuerdos, lejos de pertenecer a los de una adolescente corriente, demuestran las angustias sufridas en su afán por cumplir con las responsabilidades escolares y profesionales, además de intentar también conformar las expectativas de su progenitora. Esta, además, es presentada por la autora como un ser egoísta y descortés, lanzado a la caza de posiciones sociales superiores, mientras el trato que otorga a su hija parece más bien la puesta en práctica de preceptos de un manual de ardides que, desde la adulación a la humillación, tiene por fin manipular su conducta.
Y es por esa razón que no tendrá reparos en sugerir una cirugía de busto para una joven de doce años, ni en alentar el sacrificio de los recreos escolares para memorizar libretos, ni en fomentar la difusión de un falso romance en pos del favor popular, entre otras actitudes parecidas.
Completa el cuadro familiar un padre casi siempre ausente en razón de su oficio (es camionero), que oculta el estado de sumisión y el temor que le infunde su esposa pretendiendo atribuir a una cuestión de idiosincrasia femenina la avidez que la caracteriza. A sabiendas del desinterés de Tamara por la actuación, intenta convencerse de que para ella todo es sólo un juego que se acabará un buen día.
La complejidad que encierra la obra, pese a la simpleza de su escritura, no parece constituir gran atractivo para el potencial lector adolescente varón; las jóvenes, más sensibles a estas historias, por el contrario, podrán disfrutar de este relato un tanto escalofriante e intuir, tal vez, su sentido. (c) LA GACETA

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