Vida y obra del autor de "Rebelión en la granja"

Por Eugenia Flores de Molinillo

19 Octubre 2003
Tal vez se haya tratado del apuro por lanzar la versión española de este libro para el centenario del nacimiento de George Orwell, cumplido el pasado mes de junio, pero es una pena que un texto tan interesante y ágil como este, recorrido por las ideas y la obra del autor de Rebelión en la granja, se malogre, en parte, por notables ripios en su traducción española, perpetrada por Eduardo Ojman con la complicidad de Cristina Mora. Entre ambos cometen frases como "esta persona desaliñada y elevada" (16) o "las semejanzas abiertas u ocultas terminan donde comienzan las personas verdaderas en Inglaterra" (131); el término "nativo" es calificado como "una perezosa generalización sobre los pueblos súbditos" en vez de "una generalización poco imaginativa sobre la población sojuzgada". ¡Hacerle eso justamente a Orwell, quien, como dice Hitchens, tuvo "un compromiso con el lenguaje como compañero de la verdad" (210)!
Christopher Hitchens, prolífico autor de libros que toman el pulso a nuestro agitado planeta, viene escribiendo sobre diversos conflictos y personalidades internacionales -de Medio Oriente a Zimbabwe, de la Madre Teresa a la pena de muerte en EE.UU.-, y su interés en Orwell radica en la vigencia de su legado moral ideológico a la luz del presente. No enfoca al escritor británico -nacido en 1903 en Bengala, India, donde su padre era funcionario del Imperio-, como una figura más de las letras anglófonas, sino como un hombre singularmente comprometido con su tiempo, guiado por convicciones que no pasaban por lealtades partidarias ni patrióticas ni personales, sino por certezas acerca de la necesidad humana de vivir en libertad. Por algo fue crítico acérrimo del Imperio, del fascismo, del nazismo y también del comunismo. Siempre se sintió "de izquierda", pero las improlijidades de los bolcheviques en la Guerra Civil Española y las atrocidades del gobierno de Stalin lo alejaron de un compromiso concreto con la izquierda institucionalizada.
Hitchens no parte de las obras de Orwell para describir su ideología, sino que muestra cómo su experiencia y sus ideas van dando frutos a través de sus cuarenta y siete años de vida. Nacido como Eric Blair, quiso ser conocido con el nombre del patrono de Inglaterra, San Jorge, y el de Orwell, un pequeño río en el corazón de su país. Ni este rasgo de patriotismo ni sus amargas sospechas sobre la decadencia británica y el surgimiento de Estados Unidos como potencia hegemónica evitaron sus críticas a Inglaterra cada vez que sintió que la situación lo exigía. Sus observaciones sobre las tensiones políticas de la posguerra lo llevaron a acuñar la memorable expresión "guerra fría" para designar la situación de mutua sospecha y potencial beligerancia entre estados poderosos. Lúcido como pocos, plasmó el horror del totalitarismo en dos obras que bastarían para asegurarle un sitial en la literatura del siglo XX: la desopilante fábula Rebelión en la granja, inteligente sátira sobre la U.R.S.S., y 1984, tal vez la más acertada distopía sobre las dictaduras que se haya escrito, cuyos ecos se han popularizado hasta iconizarse en figuras tales como "el Gran Hermano", de mediática fama.
No se limita Hitchens a recorrer la vida y la producción de Orwell a través de sus enfrentamientos con el Imperio, las derechas, las izquierdas, los EE.UU., Inglaterra, y hasta las feministas, sino que se ocupa además de un detractor contemporáneo como Raymond Williams, promotor de los "estudios culturales" y de otras figuras y movimientos de la cultura de las últimas décadas -Adorno, Said, la deconstrucción, el posmodernismo, etcétera-, cuyas características sirven de apoyo para resaltar los rasgos sobresalientes del infatigable pensador y escritor al que sólo la tuberculosis pudo vencer. Era 1950 y, al perderlo, el siglo XX perdía también a uno de sus testigos más perspicaces, de lo cual Hitchens logra convencernos, pese a las falencias de la traducción. (c) LA GACETA

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