12 Octubre 2003 Seguir en 

Innumerables son las imágenes que los historiadores pueden forjar del pasado, pero ninguna de ellas podrá cubrir todos los ángulos desde los que pueden mirarse una vida o la vida de un pueblo. A la vez, esas múltiples maneras de mirar implican diversas formas de nombrar y de posicionarse frente a los procesos históricos.
Sesgadas por una importante carga ideológica, muchas de esas miradas alimentaron los tópicos que, a través de difundidas versiones de nuestra historia, se hallan profundamente enclavados en la memoria histórica.
Es así como se sigue hablando del indio para referirse a las sociedades aborígenes, sin reparar en que el vocablo es una construcción intelectual, inventada por los conquistadores que esconde, solapa, homogeiniza la diversidad cultural y la pluralidad de las etnias americanas. O, del mismo modo, se alude a La conquista del desierto para referirse a la ocupación violenta de las tierras al sur de Buenos Aires a fines del siglo XIX, las que -ni desde el punto de vista ecológico, ni demográfico- eran un desierto.
Asimismo, la conmemoración del quinto centenario de la llegada de Colón a América dio lugar a una viva confrontación de visiones contrapuestas del acontecimiento. Al descubrimiento de América, denominación enunciada desde una clara óptica eurocentrista, se contrapuso el encubrimiento de América, propugnada desde el indigenismo. Inmersas en los debates sobre la "celebración" o "condena" del 12 de octubre, ambas visiones enfocan el problema desde perspectivas que, de una forma u otra, recortan la realidad histórica. Es que tanto la versión apologética de la conquista -que pone énfasis en la misión civilizatoria de los conquistadores- como la visión etnocéntrica -que sólo ve en los tres siglos de dominación española un proceso de destrucción de lo aborigen-, sobredimensionan como actores históricos a los dominadores y menoscaban a los dominados. En consecuencia, desconocer la violencia inherente a la conquista y dominación europea resulta tan necio como negar el éxito de algunas estrategias de supervivencia (en una dialéctica de imposición, resistencia, apropiación y simbiosis) de las culturas indígenas. Del mismo modo, la falacia de concebir a la conquista como el encuentro de dos mundos que se habrían nutrido mutuamente, soslaya la existencia de la conflictividad social, propia de todo proceso de conquista y colonización.
No es fácil, debemos reconocer, formular visiones equilibradas sobre una historia de explotación y dominación. Sin embargo, los estudiosos están obligados a buscar alternativas a las interpretaciones en blanco y negro. En esa perspectivas, los aportes teóricos y metodológicos del Grupo de Estudios Subalternos -formado por historiadores de la India en los ?80-, promueven la redefinición del objeto de estudio y el descubrimiento de nuevos matices y espacios de indagación, como el de las relaciones intersubjetivas entre las formas de dominación y de subordinación. Partiendo de esta óptica, historiadores latinoamericanos están prestando atención tanto a las diversas modalidades de conquista como a las disímiles respuestas que tuvieron las comunidades aborígenes en los diferentes espacios y momentos de la América colonial. Esta mirada alternativa del proceso permite recuperar la noción de centralidad del momento histórico y explicar -a través de la relación binaria subordinación/dominación- la naturaleza compleja y contradictoria de la política, de la cultura y de las luchas coloniales.
Al focalizar el análisis en este campo de fuerzas entre dominadores y dominados no sólo se examinan los sectores indígenas sometidos. La noción de subalternidad (o sea de rango inferior) engloba todas las formas de subordinación (en términos de clase, casta, edad, género, ocupación, etcétera) que tienen como denominador común la relación dialéctica entre aceptar y a la vez resistir la dominación y la jerarquía. Es decir, paralelamente a la esfera de la influencia política de la elite (tanto de la elite española como la de los "señores étnicos"), se investiga también aquella otra esfera de la política indígena, en la que los actores sociales no son los grupos dominantes de dicha sociedad ni las autoridades coloniales, sino la masa de la población trabajadora y el extracto intermedio de la ciudad y el campo que, en determinadas circunstancias, logró una esfera de relativa autonomía frente al poder y las formas de dominación.
De manera tal que la hegemonía (en todas sus manifestaciones y usos) habría definido los límites externos de lo que era practicable tanto política como socialmente, modelando las prácticas mismas. Sin embargo, en palabra de Edward P. Thompson, esta hegemonía "ofrecía el armazón desnudo de una estructura de relaciones de dominio y subordinación, pero dentro del trazado arquitectónico podían montarse muchas distintas escenas y desarrollarse dramas diversos" (1).
Desde este ángulo, no podemos hablar de un efecto uniforme de la conquista en la vasta geografía americana. La mirada minuciosa sobre las contradicciones en las relaciones de poder, sobre las alianzas entre los oprimidos y sobre las diversas estrategias que utilizaron unos y otros (dominadores y dominados) para imponerse, resistir, sojuzgar, colaborar o adaptarse, develan la existencia de procesos complejos y divergentes en los distintos espacios coloniales.
En definitiva, analizar la Conquista de América a la luz de los Estudios Subalternos supone repensar radicalmente el conocimiento de las identidades sociales autorizadas, aceptadas y "creadas" por el colonialismo y el dominio occidental a partir de la convicción de que las elites habrían ejercido sobre sus subalternos dominación pero no hegemonía en todo el sentido del término.
Sin duda, este enfoque no será el único ni el último; otros podrán aportar también al mejor conocimiento de los procesos de dominación colonial. Aunque la problemática en cuestión sigue siendo eminentemente histórica, los historiadores deben estar atentos a las reflexiones de las otras ciencias sociales que también cuestionan, problematizan y reinterpretan el pasado americano. Es que la conquista y la dominación europeas de América seguirán ocupando un lugar de privilegio en nuestro imaginario histórico, que demanda permanentemente hallar las raíces de nuestra identidad.
Pero en la medida en que la identidad es una construcción social dinámica, que se afirma y a la vez se modifica, debemos aceptar que sus raíces no pueden buscarse en un momento determinado del pasado (aborigen, colonial, independiente, liberal, etcétera), ni en una única vertiente cultural (indígena, hispánica, africana, mestiza, criolla, gringa, etcétera). La identidad se nutre de diversas fuentes, evoluciona permanentemente, adopta nuevos referentes, descarta viejos mitos, "inventa" tradiciones.
Por todo ello, cada generación renueva las formas de abordar el pasado, lo reinterpreta y lo resignifica a partir de las demandas de un cambiante presente y de las inquietudes intelectuales con las que las gentes y los pueblos intentan dar sentido a su existencia.
(c) LA GACETA
1) Edward P. Thompson; "Tradición, revuelta y conciencia de clase", Barcelona, Crítica, 1982, p. 59.
María Paula Parolo. Profesora de Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas de la UNT. Becaria del Conicet.
Sesgadas por una importante carga ideológica, muchas de esas miradas alimentaron los tópicos que, a través de difundidas versiones de nuestra historia, se hallan profundamente enclavados en la memoria histórica.
Es así como se sigue hablando del indio para referirse a las sociedades aborígenes, sin reparar en que el vocablo es una construcción intelectual, inventada por los conquistadores que esconde, solapa, homogeiniza la diversidad cultural y la pluralidad de las etnias americanas. O, del mismo modo, se alude a La conquista del desierto para referirse a la ocupación violenta de las tierras al sur de Buenos Aires a fines del siglo XIX, las que -ni desde el punto de vista ecológico, ni demográfico- eran un desierto.
Asimismo, la conmemoración del quinto centenario de la llegada de Colón a América dio lugar a una viva confrontación de visiones contrapuestas del acontecimiento. Al descubrimiento de América, denominación enunciada desde una clara óptica eurocentrista, se contrapuso el encubrimiento de América, propugnada desde el indigenismo. Inmersas en los debates sobre la "celebración" o "condena" del 12 de octubre, ambas visiones enfocan el problema desde perspectivas que, de una forma u otra, recortan la realidad histórica. Es que tanto la versión apologética de la conquista -que pone énfasis en la misión civilizatoria de los conquistadores- como la visión etnocéntrica -que sólo ve en los tres siglos de dominación española un proceso de destrucción de lo aborigen-, sobredimensionan como actores históricos a los dominadores y menoscaban a los dominados. En consecuencia, desconocer la violencia inherente a la conquista y dominación europea resulta tan necio como negar el éxito de algunas estrategias de supervivencia (en una dialéctica de imposición, resistencia, apropiación y simbiosis) de las culturas indígenas. Del mismo modo, la falacia de concebir a la conquista como el encuentro de dos mundos que se habrían nutrido mutuamente, soslaya la existencia de la conflictividad social, propia de todo proceso de conquista y colonización.
No es fácil, debemos reconocer, formular visiones equilibradas sobre una historia de explotación y dominación. Sin embargo, los estudiosos están obligados a buscar alternativas a las interpretaciones en blanco y negro. En esa perspectivas, los aportes teóricos y metodológicos del Grupo de Estudios Subalternos -formado por historiadores de la India en los ?80-, promueven la redefinición del objeto de estudio y el descubrimiento de nuevos matices y espacios de indagación, como el de las relaciones intersubjetivas entre las formas de dominación y de subordinación. Partiendo de esta óptica, historiadores latinoamericanos están prestando atención tanto a las diversas modalidades de conquista como a las disímiles respuestas que tuvieron las comunidades aborígenes en los diferentes espacios y momentos de la América colonial. Esta mirada alternativa del proceso permite recuperar la noción de centralidad del momento histórico y explicar -a través de la relación binaria subordinación/dominación- la naturaleza compleja y contradictoria de la política, de la cultura y de las luchas coloniales.
Al focalizar el análisis en este campo de fuerzas entre dominadores y dominados no sólo se examinan los sectores indígenas sometidos. La noción de subalternidad (o sea de rango inferior) engloba todas las formas de subordinación (en términos de clase, casta, edad, género, ocupación, etcétera) que tienen como denominador común la relación dialéctica entre aceptar y a la vez resistir la dominación y la jerarquía. Es decir, paralelamente a la esfera de la influencia política de la elite (tanto de la elite española como la de los "señores étnicos"), se investiga también aquella otra esfera de la política indígena, en la que los actores sociales no son los grupos dominantes de dicha sociedad ni las autoridades coloniales, sino la masa de la población trabajadora y el extracto intermedio de la ciudad y el campo que, en determinadas circunstancias, logró una esfera de relativa autonomía frente al poder y las formas de dominación.
De manera tal que la hegemonía (en todas sus manifestaciones y usos) habría definido los límites externos de lo que era practicable tanto política como socialmente, modelando las prácticas mismas. Sin embargo, en palabra de Edward P. Thompson, esta hegemonía "ofrecía el armazón desnudo de una estructura de relaciones de dominio y subordinación, pero dentro del trazado arquitectónico podían montarse muchas distintas escenas y desarrollarse dramas diversos" (1).
Desde este ángulo, no podemos hablar de un efecto uniforme de la conquista en la vasta geografía americana. La mirada minuciosa sobre las contradicciones en las relaciones de poder, sobre las alianzas entre los oprimidos y sobre las diversas estrategias que utilizaron unos y otros (dominadores y dominados) para imponerse, resistir, sojuzgar, colaborar o adaptarse, develan la existencia de procesos complejos y divergentes en los distintos espacios coloniales.
En definitiva, analizar la Conquista de América a la luz de los Estudios Subalternos supone repensar radicalmente el conocimiento de las identidades sociales autorizadas, aceptadas y "creadas" por el colonialismo y el dominio occidental a partir de la convicción de que las elites habrían ejercido sobre sus subalternos dominación pero no hegemonía en todo el sentido del término.
Sin duda, este enfoque no será el único ni el último; otros podrán aportar también al mejor conocimiento de los procesos de dominación colonial. Aunque la problemática en cuestión sigue siendo eminentemente histórica, los historiadores deben estar atentos a las reflexiones de las otras ciencias sociales que también cuestionan, problematizan y reinterpretan el pasado americano. Es que la conquista y la dominación europeas de América seguirán ocupando un lugar de privilegio en nuestro imaginario histórico, que demanda permanentemente hallar las raíces de nuestra identidad.
Pero en la medida en que la identidad es una construcción social dinámica, que se afirma y a la vez se modifica, debemos aceptar que sus raíces no pueden buscarse en un momento determinado del pasado (aborigen, colonial, independiente, liberal, etcétera), ni en una única vertiente cultural (indígena, hispánica, africana, mestiza, criolla, gringa, etcétera). La identidad se nutre de diversas fuentes, evoluciona permanentemente, adopta nuevos referentes, descarta viejos mitos, "inventa" tradiciones.
Por todo ello, cada generación renueva las formas de abordar el pasado, lo reinterpreta y lo resignifica a partir de las demandas de un cambiante presente y de las inquietudes intelectuales con las que las gentes y los pueblos intentan dar sentido a su existencia.
(c) LA GACETA
1) Edward P. Thompson; "Tradición, revuelta y conciencia de clase", Barcelona, Crítica, 1982, p. 59.
María Paula Parolo. Profesora de Historia Económica, Facultad de Ciencias Económicas de la UNT. Becaria del Conicet.







