12 Octubre 2003 Seguir en 

Borges ha sostenido que la memoria del pasado no es menos fantástica que la anticipación del porvenir: ambas nos entregan conocimiento de algo que no existe.
Entre otros enigmas de la memoria adviértase este: el presente inmediato (ahí donde se hallan confinadas siempre nuestras vidas) es asumido por un conjunto de sensores cuya reunión nos entrega una percepción de dicho presente. ¿Pero acaso no es forzoso -además- que ese presente sea registrado por la memoria? ¿Cómo sin la participación de la memoria podríamos reunir la sucesión heterogénea de los instantes presentes? Si esto es así, tendríamos dos registros del presente: uno de la percepción, otro de la memoria. Lo que resulta enigmático, entonces, consiste en que ambos modos de asumir la circunstancia presente no se superpongan; que se escindan cuidadosamente y asuman roles diferentes: la memoria, como conservadora de ese presente en el pasado; la percepción, como propietaria del presente; la memoria acogiendo en condición de virtual (despojado ya de realidad) al presente, la percepción testimoniando al presente como real.
La experiencia del déjà vu, o reconocimiento del presente como ya vivido en un pasado incierto, consistiría en una patología donde la percepción del presente y la memoria del presente han abandonado sus roles "normales" y están entregándonos simultáneamente sus dos versiones de lo actual.Este tema de real envergadura filosófica ha sido examinado por H. Bergson en su ensayo "El recuerdo del presente y el falso reconocimiento". Paolo Virno retoma ese trabajo de Bergson para atacar la idea de un "fin de la historia". El falso reconocimiento del presente "oculta la historicidad de la experiencia", induce a "concluir que la Historia ya está agotada, que ?no hay nada nuevo y cada momento es una repetición del pasado?... Los gestos que producimos son imitaciones, sí, pero no sabríamos indicar el original en el cual se inspiran" (p. 40).
Expresión filosófica de ese ánimo que prolonga al déjà vu sería la enunciación nihilista del eterno retorno de Nietzsche: "¡Todo es en vano, todo es indiferente, todo ha sido ya!".
Desde ese ángulo creativo, inusual, el autor se lanza a una reivindicación del marxismo y a una crítica del capitalismo como "sociedad poshistórica". Y aquí están algunos de sus resultados.
a) "Los procesos productivos automatizados han capturado y sometido a la naturaleza en medida tal que permiten un acuerdo estable con ella" (p. 43); b) el american way of life, "en el cual domina el eterno presente"... "ejemplifica adecuadamente, a juicio de Kojève (que Virno hace suyo), la condición de los animales poshistóricos" (p. 40). Un mundo que implica "la desaparición del discurso (logos) humano en todo sentido" y en su lugar proliferan señales "acústicas y mímicas" a las cuales se reacciona, por reflejo condicionado, con contraseñales adecuadas (p. 44); c) o esta tesis central del autor, plena de fervor dialéctico: "Para establecer el precio de la fuerza de trabajo se requiere, por lo tanto, un término medio que, teniendo puntos de contacto con ambos polos heterogéneos (dinero y "trabajo como subjetividad"), posibilite la comparación y el intercambio. Este término medio es, por lo señalado, la vida amorfa y sin cualidad... el salario se ajusta al término medio: para obtener el único bien que le apetece, la potencia, el capitalista ofrece una remuneración correspondiente al mantenimiento de lo que, por su parte, no tiene valor, la vida (p. 174). Y desde ahí este remate del autor, digno de la más densa niebla filosófica germana: "La instalación de la meta-historia en el corazón mismo de la historia contemporánea está demostrada por la compraventa de la fuerza de trabajo" (p. 175).
Sorprenden estos disparates en un autor fino para la percepción bergsoniana de los datos inmediatos de la conciencia. Lo cual muestra, una vez más, que hasta el mejor talento intelectual puede estropearse desde las adhesiones emocionales a una ideología. (c)
LA GACETA
Entre otros enigmas de la memoria adviértase este: el presente inmediato (ahí donde se hallan confinadas siempre nuestras vidas) es asumido por un conjunto de sensores cuya reunión nos entrega una percepción de dicho presente. ¿Pero acaso no es forzoso -además- que ese presente sea registrado por la memoria? ¿Cómo sin la participación de la memoria podríamos reunir la sucesión heterogénea de los instantes presentes? Si esto es así, tendríamos dos registros del presente: uno de la percepción, otro de la memoria. Lo que resulta enigmático, entonces, consiste en que ambos modos de asumir la circunstancia presente no se superpongan; que se escindan cuidadosamente y asuman roles diferentes: la memoria, como conservadora de ese presente en el pasado; la percepción, como propietaria del presente; la memoria acogiendo en condición de virtual (despojado ya de realidad) al presente, la percepción testimoniando al presente como real.
La experiencia del déjà vu, o reconocimiento del presente como ya vivido en un pasado incierto, consistiría en una patología donde la percepción del presente y la memoria del presente han abandonado sus roles "normales" y están entregándonos simultáneamente sus dos versiones de lo actual.Este tema de real envergadura filosófica ha sido examinado por H. Bergson en su ensayo "El recuerdo del presente y el falso reconocimiento". Paolo Virno retoma ese trabajo de Bergson para atacar la idea de un "fin de la historia". El falso reconocimiento del presente "oculta la historicidad de la experiencia", induce a "concluir que la Historia ya está agotada, que ?no hay nada nuevo y cada momento es una repetición del pasado?... Los gestos que producimos son imitaciones, sí, pero no sabríamos indicar el original en el cual se inspiran" (p. 40).
Expresión filosófica de ese ánimo que prolonga al déjà vu sería la enunciación nihilista del eterno retorno de Nietzsche: "¡Todo es en vano, todo es indiferente, todo ha sido ya!".
Desde ese ángulo creativo, inusual, el autor se lanza a una reivindicación del marxismo y a una crítica del capitalismo como "sociedad poshistórica". Y aquí están algunos de sus resultados.
a) "Los procesos productivos automatizados han capturado y sometido a la naturaleza en medida tal que permiten un acuerdo estable con ella" (p. 43); b) el american way of life, "en el cual domina el eterno presente"... "ejemplifica adecuadamente, a juicio de Kojève (que Virno hace suyo), la condición de los animales poshistóricos" (p. 40). Un mundo que implica "la desaparición del discurso (logos) humano en todo sentido" y en su lugar proliferan señales "acústicas y mímicas" a las cuales se reacciona, por reflejo condicionado, con contraseñales adecuadas (p. 44); c) o esta tesis central del autor, plena de fervor dialéctico: "Para establecer el precio de la fuerza de trabajo se requiere, por lo tanto, un término medio que, teniendo puntos de contacto con ambos polos heterogéneos (dinero y "trabajo como subjetividad"), posibilite la comparación y el intercambio. Este término medio es, por lo señalado, la vida amorfa y sin cualidad... el salario se ajusta al término medio: para obtener el único bien que le apetece, la potencia, el capitalista ofrece una remuneración correspondiente al mantenimiento de lo que, por su parte, no tiene valor, la vida (p. 174). Y desde ahí este remate del autor, digno de la más densa niebla filosófica germana: "La instalación de la meta-historia en el corazón mismo de la historia contemporánea está demostrada por la compraventa de la fuerza de trabajo" (p. 175).
Sorprenden estos disparates en un autor fino para la percepción bergsoniana de los datos inmediatos de la conciencia. Lo cual muestra, una vez más, que hasta el mejor talento intelectual puede estropearse desde las adhesiones emocionales a una ideología. (c)
LA GACETA







