05 Octubre 2003 Seguir en 

"Todas las familias son psicóticas" se insinúa, desde su autor y desde el título, como una novela con ingredientes psicologistas, o al menos, pinturas de personajes y vínculos inciertos y atrapantes del siglo XXI.
No es así: Coupland, autor de Generación X (1994), despliega en este volumen un sinfín de naderías. Símil de guión de una road movie clase "B" de Hollywood, con estilo exaltado, situaciones delirantes y diálogos listos y precisos, esta "comedia dramática" no aprovecha la verdadera dimensión de lo que pretende denunciar. Con un eterno modo dialogal, busca "des-dramatizar" a la vez que exponer descarnadamente las nuevas miserias humanas: sida, violencia, droga, cáncer, familias disfuncionales y amores imposibles.
Un texto ligero, candidato a best seller, que, al modo cinematográfico norteamericano, hilvana situaciones delirantes y, en un estilo mordaz y desaprensivo, construye su autocrítica social, en verdad siempre vacua e insuficiente. El lector se encontrará con continuas charlas telefónicas y confesiones de celular; muertes esperadas, raptos, asesinatos misteriosos, encuentros insospechados, misiones grotescas y absurdos posmodernos.
Todo en una extensa metonimia de 313 páginas, que pareciera nunca hacer metáfora, ni siquiera en su final naïf. (c) LA GACETA
No es así: Coupland, autor de Generación X (1994), despliega en este volumen un sinfín de naderías. Símil de guión de una road movie clase "B" de Hollywood, con estilo exaltado, situaciones delirantes y diálogos listos y precisos, esta "comedia dramática" no aprovecha la verdadera dimensión de lo que pretende denunciar. Con un eterno modo dialogal, busca "des-dramatizar" a la vez que exponer descarnadamente las nuevas miserias humanas: sida, violencia, droga, cáncer, familias disfuncionales y amores imposibles.
Un texto ligero, candidato a best seller, que, al modo cinematográfico norteamericano, hilvana situaciones delirantes y, en un estilo mordaz y desaprensivo, construye su autocrítica social, en verdad siempre vacua e insuficiente. El lector se encontrará con continuas charlas telefónicas y confesiones de celular; muertes esperadas, raptos, asesinatos misteriosos, encuentros insospechados, misiones grotescas y absurdos posmodernos.
Todo en una extensa metonimia de 313 páginas, que pareciera nunca hacer metáfora, ni siquiera en su final naïf. (c) LA GACETA







