La República Argentina, ese caso incomprensible

Por Angel Anaya

05 Octubre 2003
A un año del colapso que ocasionó el fin del gobierno de la Alianza, el filósofo y teórico político Antonio Negri se dirigió en videoconferencia desde Roma a un público expectante reunido en el complejo porteño General San Martín, por el grupo de estudio Laboratorio Argentina, para analizar la experiencia de nuestra crisis. El texto de esas manifestaciones -por momentos parte de un diálogo con el auditorio- configura un ensayo donde aparece la inquietud sustancial de su pensamiento: un profundo análisis crítico del marxismo en el que el concepto de "multitud" ha sido suscitador de variadas polémicas desde la publicación de Imperio, significativa obra de su autoría, con Michael Hardt. Aclara Negri inicialmente que su información sobre la crisis es relativa, por causa de las imprecisiones de la información, pero que los hechos denunciaron un proceso de aislamiento, atribuible a que "la Argentina se convirtió en un país muy alejado, un país del cual la prensa habla cada vez menos y cuando habla lo hace en términos casi terroríficos. Se está atento -agrega- a la situación argentina y a lo que puede llegar a resultar, todo en un plano de desesperación: los chicos mueren, la miseria está difundida de una manera impresionante, no hay visos de que pueda renacer la Argentina, de un renacer del espíritu".
El patético cuadro tan cercano a la realidad inmediata de aquellos días del colapso institucional y político, poco difiere del que en carne propia pudo haber vivido Negri en su país natal, tras la dramática caída del fascismo y la derrota militar que el neorrealismo italiano trajo descarnadamente hasta nosotros. Pero la escena histórica que percibe de Buenos Aires -no, entiéndase bien, del país- sirve a su visión desconcertada del posmarxismo tras la crisis y la implosión de su motor histórico, la Unión Soviética. Excelente el análisis de las nuevas condiciones del trabajo y sobre la crisis del Estado-nación y de sus mecanismos institucionalizadores, así como las formas de organización de la multitud, la democracia y la soberanía. Algo ingenua, sin embargo, la descripción de la realidad europea después de la Segunda Guerra Mundial, donde precisamente el testimonio de la Cortina de Hierro, frustrada defensa del fracaso marxista como fórmula de poder, no fue sino demostración del fracaso en la competencia histórica. La exposición de Negri -como las de Cocco, Altamira y Horowicz- adolece por lo demás de un rigor científico y dialéctico extremado que veda las conclusiones a sus destinatarios naturales, pero no por ello deja de agregar a la tradición marxista un enfoque novedoso y polémico, por más que alejado de la realidad argentina que le sirvió de pretexto. (c) LA GACETA

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