Connotaciones del término "maldición"

Por Cristina Bassi y Viviana Lombardi (BUENOS AIRES)

21 Septiembre 2003
Estimada Eugenia Flores de Molinillo: En rigor a la verdad siempre misteriosa que limita el campo de los posibles malos entendidos, pero que muchas veces marca niveles de compatibilidad, nos permitimos retomar el término Maldición utilizado en el artículo al que Ud. tan amablemente responde con un interrogante final: ¿Algo se perdió? (ver LA GACETA Literaria 24/8/03, "Las mujeres y el secreto", y 31/8/03, "Polémica"). La connotación semántica del término es muy amplia, lo cual puede ser una ventaja o su contrario, pero nunca deja de designar algo, aunque ese "algo" escape a veces del alcance del habla cotidiana. Proviene del latín decires y malus, es un "decir que llama al mal", está incluida en ello la idea del hacer, de un decir; por lo tanto, el uso que le dimos a la significación de esta palabra no fue descriptivo sino operativo. Estamos hablando del "destino" de ser mujer, destino que no cesa de escribirse. La otra posible interpretación del término que nos lleva a redoblar la apuesta semántica es darle espacio al concepto malediction (malédiction). Desde este lugar es donde "maldita Afrodita" sería "maldicha" por Allen en la medida de las palabras que silencia, y de la carencia de lo dicho. Analizando el término estrictamente desde su original en inglés, "mighty" es un adjetivo que proviene de "might" (podría) potencial del verbo "may", que alude a la posibilitación por un otro autorizante para realizar una acción. Resulta entonces que una traducción estrictamente literal de "mighty" sería "aquella que está autorizada a poder", y no "poderosa" como se traduce habitualmente a los efectos de la comprensión objetiva del lenguaje. Un término más leal al origen sería "Autorizada" Afrodita, pero concluiríamos con usted que sonaría rebuscado e incomprensible. Esta carencia que intentamos explicar en nuestro artículo de cuánto de secreto y de verdad hay en el discurso de la mujer, nos lleva a poner en instancias de reflexión, que una maldición comprendida como tal, nos indica que el encuentro con el "otro" puede llegar a provocar nuestra mala fortuna y convertirse en nuestro destino. Nuestra permanente interrogación a partir del Mito de Casandra, que curiosamente alcanza a todos los mitos fundados sobre la condición femenina, es alrededor del concepto de que: "La maldición hace existir al Otro", según lo analiza y profundiza Jacques Lacan. Usted misma habla de la necesidad de Allen de apuntalar a la mujer en sus limitaciones, las acompaña y las comprende, pero indudablemente no las resuelve.
¿Porque no podrá y como Ud. bien coloca como eje de análisis -La Rosa Púrpura del Cairo- darle una respuesta más abierta y no ligada a una forma de mujer muy activa en la producción de decepciones, justo cuando sus anhelos parecen realizarse? ¿Por qué Alice, una maravillosa metáfora extendida de Alicia en el País de las Maravillas, necesita vivir un mundo de ensoñaciones para constituirse como persona?
Lejos de un feminismo agobiante, y de la creencia de haber conquistado el derecho a ser consideradas como varones, nuestro artículo se orienta hacia la afirmación de una esencia femenina, en donde sin lugar a duda lo que se intenta deconstruir es nada menos que la estructura que nos contiene. Estimada Eugenia, todas nos estamos perdiendo de algo en este camino y nosotras nos seguiremos interrogando sin prisa y sin pausa sobre las propias pérdidas, para ganar en el descubrimiento de verdades genuinas. Gracias por estar atenta a nuestra labor y esperamos sus noticias. Cordialmente. (c) LA GACETA.

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