21 Septiembre 2003 Seguir en 

Carlos Pedro Blaquier es uno de los empresarios más prominentes de la Argentina. Es el presidente de Ledesma S.A.A.I., un complejo agroindustrial modelo en eficiencia, nacido del Ingenio Ledesma, que figura entre los grupos empresariales más sólidos del país. Pero además es un hombre estrechamente vinculado al mundo intelectual. Es abogado y doctor en Derecho y Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires; egresado del Instituto Superior de Filosofía (actual Facultad de Filosofía de la Universidad del Salvador); doctor "Honoris Causa" en Filosofía de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y miembro titular de la Sociedad Argentina de Historiadores. Testigo privilegiado de nuestras últimas -y decisivas- seis décadas de Historia (tuvo contactos fluidos con muchos de los protagonistas de esta etapa; conoció a todos los presidentes de este período), nos ofrece, después de sus "Apuntes para una introducción a la filosofía", su último libro, estas "Consideraciones...", que constituyen un repaso de nuestra historia para tratar de desentrañar los orígenes y las causas de nuestra decadencia; tarea ineludible si queremos superarla definitivamente. Si bien el libro se remonta a la colonia y llega hasta nuestros días, más de la mitad de la obra se concentra en el tramo que se extiende desde el surgimiento de Perón hasta la elección de Kirchner.Blaquier tiene una posición tomada y la explicita. Es un liberal en sentido amplio, apuesta a la economía de mercado y cree que haberla abandonado y haber vulnerado la seguridad jurídica son dos de las causas que provocaron el derrumbe nacional. Sin embargo, no trata de acomodar los hechos a sus tesis; se diferencia nítidamente la exposición de los hechos, que es clara y equilibrada, de la opinión del autor. Algunas de sus interpretaciones pueden generar cierta controversia; por ejemplo cuando rescata la llamada "década infame" (mal llamada a su juicio) como uno de los períodos más prósperos de nuestra Historia, contradiciendo a la valoración predominante entre los historiadores.
Blaquier destaca la labor de la generación del 80 en la construcción de la Argentina moderna, labor que sería destruida por sus sucesores; critica el movimientismo de Yrigoyen (que se reciclaría en los peronistas) que se tradujo en intolerancia política bajo una fachada democrática; subraya los aciertos del gobierno de Alvear y señala el grave error histórico que configuró el golpe del 30, apuntando que "la mejor de las dictaduras es peor que un gobierno democrático". El segundo error político grave fue, según Blaquier, la proscripción de la candidatura de Alvear. No obstante esto, como ya lo adelantamos, el autor considera que la denominada "década infame" fue en realidad una etapa de crecimiento económico, orientado por Federico Pinedo, a quien considera uno de los economistas argentinos más lúcidos y sensatos, y donde los vicios que tuvo no son responsabilidad exclusiva del conservadurismo sino de un espectro político mucho más amplio, donde se incluyen los radicales antipersonalistas.
La "tercera posición" de Perón en un mundo en que triunfarían los EE.UU. y la simpatía originaria por las potencias del eje son vistas por Blaquier como dos de los más gruesos desaciertos de esas décadas. El apoyo de los norteamericanos a Brasil, su aliado en la Segunda Guerra, lo convertiría en la primera potencia industrial de Latinoamérica, destino que los argentinos dejaron escapar. También se señalan los desatinos de los gobiernos posteriores al golpe del 55, donde se salva el de Frondizi que "hizo el intento más serio y consistente para consolidar y desarrollar la industria nacional". En una de las notas a pie de página, el autor nos narra un encuentro con Perón en "Puerta de Hierro", donde este último le pregunta si es peronista y ante la negativa de Blaquier le dice: "¡Qué suerte! Todos los que me visitan son peronistas". Esta jugosa anécdota pinta de cuerpo entero a un Perón muy distinto al de sus dos primeros gobiernos, y que en sus últimos días sólo querrá hablar con su viejo adversario Balbín. Pero Perón muere al poco tiempo de asumir su tercera presidencia y su nueva tolerancia y amplitud no se llegan a contagiar al escenario político y todo deriva en el golpe del 76, al que el autor considera un gravísimo error. En las últimas páginas hace un sólido análisis de las fallas de las políticas económicas de Menem y de De la Rúa.
Se trata de un libro esclarecedor, con originales puntos de vista, que emplea un lenguaje llano, una argumentación consistente y que apunta a la inexorable introspección a la que debemos someternos los argentinos como nación. En el epílogo, Blaquier propone a la culturización como el camino para enmendar la sucesión de errores que generó nuestra debacle. Y, para el corto plazo, sostiene que los gobernantes sólo deberían seguir el ejemplo de los países más exitosos del planeta; una fórmula sencilla y especialmente útil en estos tiempos de innecesaria especulación política. (c) LA GACETA
Blaquier destaca la labor de la generación del 80 en la construcción de la Argentina moderna, labor que sería destruida por sus sucesores; critica el movimientismo de Yrigoyen (que se reciclaría en los peronistas) que se tradujo en intolerancia política bajo una fachada democrática; subraya los aciertos del gobierno de Alvear y señala el grave error histórico que configuró el golpe del 30, apuntando que "la mejor de las dictaduras es peor que un gobierno democrático". El segundo error político grave fue, según Blaquier, la proscripción de la candidatura de Alvear. No obstante esto, como ya lo adelantamos, el autor considera que la denominada "década infame" fue en realidad una etapa de crecimiento económico, orientado por Federico Pinedo, a quien considera uno de los economistas argentinos más lúcidos y sensatos, y donde los vicios que tuvo no son responsabilidad exclusiva del conservadurismo sino de un espectro político mucho más amplio, donde se incluyen los radicales antipersonalistas.
La "tercera posición" de Perón en un mundo en que triunfarían los EE.UU. y la simpatía originaria por las potencias del eje son vistas por Blaquier como dos de los más gruesos desaciertos de esas décadas. El apoyo de los norteamericanos a Brasil, su aliado en la Segunda Guerra, lo convertiría en la primera potencia industrial de Latinoamérica, destino que los argentinos dejaron escapar. También se señalan los desatinos de los gobiernos posteriores al golpe del 55, donde se salva el de Frondizi que "hizo el intento más serio y consistente para consolidar y desarrollar la industria nacional". En una de las notas a pie de página, el autor nos narra un encuentro con Perón en "Puerta de Hierro", donde este último le pregunta si es peronista y ante la negativa de Blaquier le dice: "¡Qué suerte! Todos los que me visitan son peronistas". Esta jugosa anécdota pinta de cuerpo entero a un Perón muy distinto al de sus dos primeros gobiernos, y que en sus últimos días sólo querrá hablar con su viejo adversario Balbín. Pero Perón muere al poco tiempo de asumir su tercera presidencia y su nueva tolerancia y amplitud no se llegan a contagiar al escenario político y todo deriva en el golpe del 76, al que el autor considera un gravísimo error. En las últimas páginas hace un sólido análisis de las fallas de las políticas económicas de Menem y de De la Rúa.
Se trata de un libro esclarecedor, con originales puntos de vista, que emplea un lenguaje llano, una argumentación consistente y que apunta a la inexorable introspección a la que debemos someternos los argentinos como nación. En el epílogo, Blaquier propone a la culturización como el camino para enmendar la sucesión de errores que generó nuestra debacle. Y, para el corto plazo, sostiene que los gobernantes sólo deberían seguir el ejemplo de los países más exitosos del planeta; una fórmula sencilla y especialmente útil en estos tiempos de innecesaria especulación política. (c) LA GACETA







