Las graves alarmas del doctor Antón Perulero

Por Carlos Gazzera

14 Septiembre 2003
Aún recuerdo con qué placer leí, hace ya muchos años, aquel memorable texto de Borges "Las alarmas del doctor Américo Castro". Quizá como pocos de sus textos, ese nos muestra al Borges que más nos gusta: polemista, vital, contundente, demoledor de falsas ideas. Otros podrían argüir que allí Borges se muestra como un hispanofóbico. Sin embargo, si hay una idea que recorre a América Latina desde mediados del siglo 19 a mediados del siglo 20 es ¿cuán independiente es la cultura latinoamericana después del proceso emancipatorio de 1810? ¿Es Buenos Aires el "meridiano cultural del español", como sugerirán los jóvenes vanguardistas de los años 20 reunidos en la revista Martín Fierro?
Lo interesante es que este debate tiene antecedentes muy fuertes entre los "padres fundadores" de la patria. Sarmiento, nuestro gran Sarmiento, tuvo una violenta discusión con Andrés Bello por el uso del voseo frente al Tú. Pero quizá la más profunda de todas las polémicas fue la que tuvo como contrincantes a nuestro Juan María Gutiérrez, el primer y verdadero intelectual de la generación del 37 que asumió la tarea del crítico, renunciando -incluso- a desempeñarse en otros puestos más prestigiosos de la política nacional.
El debate tuvo lugar en la prensa escrita de Buenos Aires entre el 20 de enero y el 30 de marzo de 1876. Allí cruzaron sus filosas plumas Juan María Gutiérrez, firmando con el pseudónimo de Un porteño, y el español, residente en nuestro país, Juan Martínez Villergas, bajo el coqueto nombre de Antón Perulero.
¿Cuál fue el origen del debate? El rechazo (con devolución de diploma y todo) que Juan María Gutiérrez hizo de su designación como Académico Correspondiente en la Real Academia Española. Un rechazo, por cierto, contundente: "Aquí, en esta parte de América, poblada primitivamente por Españoles, todos sus habitantes, nacionales, cultivamos la lengua heredada, pues en ella nos expresamos, y de ella nos valemos para comunicarnos nuestras ideas y sentimientos; pero no podemos aspirar a fijar su pureza y elegancia, por razones que nacen del estado social que nos ha deparado la emancipación política de la antigua Metrópoli".
De allí en adelante, don Antón Perulero salió al cruce a refutar con no cierta ironía y desprecio las ideas de Gutiérrez. Fueron, en dos meses y medio, diez cartas de Gutiérrez y doce textos de Villergas. El lector de hoy día encontrará que entre los argumentos de uno y otro lado se miden las fuerzas extrañas de dos culturas: del lado de allá, la de un país que vivía por ese entonces el fin de su época gloriosa y se aprestaba a afrontar -como se lo señala Gutiérrez a su oponente en uno de los textos- el final decadente de su era imperial. Del lado de acá, el fino esquema de razonamiento de una clase de intelectual que se sabía portadora de un "futuro progresista", que sabía que la emancipación sería total cuando hubiera forjado un idioma propio, un "idioma de los argentinos".
Esta nueva edición del libro Cartas de un porteño, que contiene el debate entre Gutiérrez y Villergas, que permanecía agotado desde su primera edición de 1942, a cargo de Ernesto Morales en la Editorial Americana, no viene sino a colocar a los lectores contemporáneos frente a uno de los temas más álgidos de nuestra crisis cultural. Hoy, cuando las grandes casas editoriales de capitales extranjeros controlan el negocio editorial, cuando las traducciones se imponen desde España para toda América, cuando el español se ha vuelto una de las cinco lenguas más habladas del mundo, ¿no resulta oportuno preguntarnos si no es el idioma, ese idioma de los argentinos, algo que debemos resguardar de la fiebre homogeneizadora de la globalización? ¿Quién nos garantiza que bajo el flujo aplastante de los capitales que navegan destrozando y controlando porciones de mercados en los más exóticos lugares del mundo, no fluya también el más mortal de los virus de nuestra identidad cultural, aquel capaz de liquidar a nuestro idioma? Nada, nadie, nunca sabe cuáles son las fuerzas que se desatan en los procesos culturales totalitarios. ¿La globalización no parece serlo acaso? A veces, resistirlos es casi una utopía inconmensurable. Otras, un mínimo acto como el de leer y escribir alcanza. Ese es, creo, el mensaje que la colección "Nueva Dimensión Argentina", dirigida por el profesor Gregorio Weinberg, nos transmite. Celebraría si alguien quisiera acompañarme a leer así esta publicación.(c) LA GACETA

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