14 Septiembre 2003 Seguir en 

Borges es, quizás, el único autor que escapó de su destino sudamericano y puede leerse fuera del contexto de una cultura regional. Cuando comenzó a tramar su literatura, en los años 30, pertenecía a una nación periférica, joven, sin tradiciones literarias fuertes y geográficamente excéntrica del mundo culto. Esta situación marginal produjo casi un milagro: hizo posible una literatura original, precisamente por carecer de antecesores.
Alrededor de esta idea gira la propuesta de Beatriz Sarlo con una perspectiva interesante e inhabitual sobre Borges. Sostiene que Borges escribe desde "una literatura de conflicto", desde el "pliegue" entre dos culturas, entre el campo y la ciudad, entre lo europeo y lo rioplatense, entre lo nacional y lo extranjero; desde ese abismo, y tal vez por ello mismo, Borges inventa una tradición cultural, por eso es un argentino de ley y también un escritor universal.
Este interesante libro nace en conferencias dictadas en Cambridge. En 1995 se publica en español y hoy contamos con una reedición. Sarlo describe a Borges como cuentista, ensayista, filósofo y con un marcado sentido ético. En los siete capítulos del libro despliega su hipótesis central: la literatura de Borges se escribe desde la grieta de la no identidad, por eso crea un pasado e instaura la libertad como destino del escritor latinoamericano. Se dice que Borges inscribe una literatura en el límite -en varios sentidos- y por tanto "la trama de la literatura argentina se teje con los hilos de todas las culturas". A Borges lo marcan y lo inspiran la diferencia y la distancia de la escritura de los otros, que copia y reescribe. Este escribir sobre lo escrito es la peculiaridad de su obra; reinventa a los autores europeos con resultados sorprendentes.
Sarlo analiza una condición de la literatura que Borges inaugura: ningún texto es realmente original, puede ser repetido palabra por palabra y sin embargo es otro en el contexto cultural de cada lector; "la literatura se compone de versiones" y Pierre Menard lo muestra por el absurdo. Si todo depende de un contexto, la inferioridad de las "orillas" se desdibuja y el escritor periférico tendrá las mismas posibilidades de los europeos.
Para Sarlo, "la literatura es un discurso compuesto de discursos donde el procedimiento decide la eficacia de la invención. No hay ideas: hay formas de las ideas, figuras, tramas"; sin embargo, como Borges afirma que un libro es más que una estructura verbal, lo otro que lo constituye es una relación con lectores diferentes. Para la autora, la teoría estética de Borges se sostiene en esta premisa: "la escritura como escritura de lecturas y no como escritura de invenciones; por tanto, la originalidad no es un valor estético en él".
La literatura borgeana está atravesada por la nostalgia, marcada por el pliegue de dos mundos. De tal modo, y por el sello de marginalidad que le otorga el lugar desde el que escribe, toda la literatura universal es la tradición de la literatura argentina; es la biblioteca la que alimenta la imaginación del escritor y no la realidad. La figura de Borges se agiganta como un artesano excepcional que confía a las formas del lenguaje y a la sintaxis narrativa el poder de decir algo.
Las ideas que se proponen como contenido de la literatura no son determinantes para él; es la trama perfecta de sus cuentos la que da lugar a la reflexión en el lector, piensa Sarlo. Borges hace un ordenamiento fantástico que se contrapone a una realidad insoportable. La estructura en abismo de sus ficciones metafísicas, una dentro de otra, como cajas chinas, crea la ilusión del infinito. En las ficciones filosóficas narrativas prevalecen la trama, la estrategia discursiva, los juegos literarios. La perfección de la trama es la ley de la ficción. Borges es un maestro de la literatura fantástica; con ella habla del mundo "no a través de su re-presentación sino por contradicción y divergencia. No le interesa descifrar sino cifrar".
Las tesis de Sarlo -agudas y originales- dejan a la intemperie los secretos del proceso de la creación literaria y la manera en que Borges, escritor en las orillas, saca partido de esta situación. Con este procedimiento Sarlo convierte a Borges en un hábil constructor de una obra excepcional. Si bien ello es cierto, este exhaustivo análisis lo despoja de misterio, les resta a sus inquisiciones el eco del obstinado preguntar filosófico que se escucha en él. En Borges, la experiencia de límites, la nostalgia, los abismos, sirven para develar la existencia de lo Otro (el universo, el nombre de Dios, el infinito, la identidad), asuntos metafísicos sobre los que indaga infatigablemente a sabiendas de no encontrar nunca una respuesta cierta.(c) LA GACETA
Alrededor de esta idea gira la propuesta de Beatriz Sarlo con una perspectiva interesante e inhabitual sobre Borges. Sostiene que Borges escribe desde "una literatura de conflicto", desde el "pliegue" entre dos culturas, entre el campo y la ciudad, entre lo europeo y lo rioplatense, entre lo nacional y lo extranjero; desde ese abismo, y tal vez por ello mismo, Borges inventa una tradición cultural, por eso es un argentino de ley y también un escritor universal.
Este interesante libro nace en conferencias dictadas en Cambridge. En 1995 se publica en español y hoy contamos con una reedición. Sarlo describe a Borges como cuentista, ensayista, filósofo y con un marcado sentido ético. En los siete capítulos del libro despliega su hipótesis central: la literatura de Borges se escribe desde la grieta de la no identidad, por eso crea un pasado e instaura la libertad como destino del escritor latinoamericano. Se dice que Borges inscribe una literatura en el límite -en varios sentidos- y por tanto "la trama de la literatura argentina se teje con los hilos de todas las culturas". A Borges lo marcan y lo inspiran la diferencia y la distancia de la escritura de los otros, que copia y reescribe. Este escribir sobre lo escrito es la peculiaridad de su obra; reinventa a los autores europeos con resultados sorprendentes.
Sarlo analiza una condición de la literatura que Borges inaugura: ningún texto es realmente original, puede ser repetido palabra por palabra y sin embargo es otro en el contexto cultural de cada lector; "la literatura se compone de versiones" y Pierre Menard lo muestra por el absurdo. Si todo depende de un contexto, la inferioridad de las "orillas" se desdibuja y el escritor periférico tendrá las mismas posibilidades de los europeos.
Para Sarlo, "la literatura es un discurso compuesto de discursos donde el procedimiento decide la eficacia de la invención. No hay ideas: hay formas de las ideas, figuras, tramas"; sin embargo, como Borges afirma que un libro es más que una estructura verbal, lo otro que lo constituye es una relación con lectores diferentes. Para la autora, la teoría estética de Borges se sostiene en esta premisa: "la escritura como escritura de lecturas y no como escritura de invenciones; por tanto, la originalidad no es un valor estético en él".
La literatura borgeana está atravesada por la nostalgia, marcada por el pliegue de dos mundos. De tal modo, y por el sello de marginalidad que le otorga el lugar desde el que escribe, toda la literatura universal es la tradición de la literatura argentina; es la biblioteca la que alimenta la imaginación del escritor y no la realidad. La figura de Borges se agiganta como un artesano excepcional que confía a las formas del lenguaje y a la sintaxis narrativa el poder de decir algo.
Las ideas que se proponen como contenido de la literatura no son determinantes para él; es la trama perfecta de sus cuentos la que da lugar a la reflexión en el lector, piensa Sarlo. Borges hace un ordenamiento fantástico que se contrapone a una realidad insoportable. La estructura en abismo de sus ficciones metafísicas, una dentro de otra, como cajas chinas, crea la ilusión del infinito. En las ficciones filosóficas narrativas prevalecen la trama, la estrategia discursiva, los juegos literarios. La perfección de la trama es la ley de la ficción. Borges es un maestro de la literatura fantástica; con ella habla del mundo "no a través de su re-presentación sino por contradicción y divergencia. No le interesa descifrar sino cifrar".
Las tesis de Sarlo -agudas y originales- dejan a la intemperie los secretos del proceso de la creación literaria y la manera en que Borges, escritor en las orillas, saca partido de esta situación. Con este procedimiento Sarlo convierte a Borges en un hábil constructor de una obra excepcional. Si bien ello es cierto, este exhaustivo análisis lo despoja de misterio, les resta a sus inquisiciones el eco del obstinado preguntar filosófico que se escucha en él. En Borges, la experiencia de límites, la nostalgia, los abismos, sirven para develar la existencia de lo Otro (el universo, el nombre de Dios, el infinito, la identidad), asuntos metafísicos sobre los que indaga infatigablemente a sabiendas de no encontrar nunca una respuesta cierta.(c) LA GACETA
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