Un último vistazo

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

14 Septiembre 2003
Quiso ocuparse de todo. Era su deber moral de hijo en el cariño, como se leería en el aviso fúnebre.
El anciano, en el último estado de senectud, había entrado en esa curva fatal que conduce a la rigidez cadavérica.
Atendió al viejo día y noche. Con un ojo atento a los monitores, para actuar en el momento preciso en el que se acaban los montes y los valles y aparece dibujada la recta terminal.
No comía, no dormía, sentado a la cabecera de la cama con la mirada pegada en la pantalla.
Ningún interés material lo unía al agonizante, que era más pobre que una rata de albañal. Su actitud se basaba sobre el amor, el agradecimiento y la misericordia.
Y llegó el momento, marcado con rigor científico por el instrumento electrónico. El hombre estaba muerto. Por lo menos en la medida en que la clínica lo dictamina.
Con el pulgar y el índice le bajó los párpados. Desde antiguo es rito que se cumple, sin que se sepa muy bien por qué ni para qué.No fue fácil. Sus dedos registraron una resistencia inesperada en alguien que ya no debía tener fuerzas. Apenas los retiró, los párpados se abrieron como impulsados por un resorte.Con horror, comprobó que el viejo quiso todavía echar una mirada rápida al mundo que dejaba.
Una última voluntad invencible. (c) LA GACETA

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