07 Septiembre 2003 Seguir en 

The Bomarzo Affair. De esta manera alude en sus despachos confidenciales el embajador de los Estados Unidos en Argentina, Edwin Martin, al escándalo que alborota a una buena parte de los argentinos en julio de 1967: la ópera Bomarzo, de Alberto Ginastera y Manuel Mujica Láinez, es excluida del repertorio del Teatro Colón de Buenos Aires pues el "onganiato" percibió en la obra "una referencia obsesiva al sexo, la violencia y la alucinación". A este juicio se suma el del arzobispo de Buenos Aires, cardenal Caggiano, quien considera la ópera una "visión horrenda de abyecciones morales que no quiero nombrar" puesto que ignora "el orden moral objetivo".
Con gran despliegue oficial y resonante éxito, la retorcida historia del duque Pier Francesco Orsini había sido estrenada en Washington en mayo del ?67. Nuestra embajada -a cargo de don Alvaro Alsogaray- tuvo a cargo este "triunfo del arte argentino", a pesar de las alusiones al sexo que en esta segunda ópera de Ginastera, según el propio Buch, pueden resultar excesivas en relación con las convenciones del género. En efecto, durante el desarrollo de la ópera, el deforme duque es disfrazado de mujer y violado simbólicamente por sus hermanos; protagoniza una escena de impotencia con una prostituta; es incapaz de consumar su casamiento; se ve envuelto en alucinaciones eróticas y, finalmente, muere arrepentido, entre los monstruos de piedra que pueblan su jardín.
Opera, perversión y dictadura, subtítulo de la obra, son en cierta forma, los tres soportes que sostienen una crónica fascinante, producto de un trabajo de investigación serio sobre historia política de la música. Efectivamente, Esteban Buch (1963), maître de conférences de la escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales en Francia, explora no sólo los intersticios del mundo de la estética en general y de la música en particular, sino también, la opinión pública y mediática en torno del escándalo Bomarzo. En el trayecto final del libro, el autor declara: "las dictaduras argentinas, con sus censuras y persecuciones, con sus torturados y sus desaparecidos, podrían ser buenos ejemplos de una política monstruosa (...); los verdaderos monstruos humanos -jorobados, enanos, siameses, hermafroditas...- no han hecho nada que merezca tal estigma (...). Por todo ello el subtítulo de este libro no habla de monstruos sino de perversión".
A un manejo impecable del lenguaje, el autor suma el rigor del análisis de las numerosas fuentes consultadas. Asimismo, es interesante señalar que el libro presenta tantas "entradas" como capítulos. Es decir, podemos organizar su lectura sin seguir necesariamente el orden propuesto por el escritor; pero lo que sorprende fuertemente es la capacidad del escritor de innovar la forma de "contar" a partir de una suerte de zapping discursivo lúcidamente organizado. La argumentación, de sólida factura, y sonoras resonancias, se construye a través de numerosas voces. Entre otras, la voz del escritor, la de Freud, la de los autores de Bomarzo y la de sus censores, la de los críticos musicales, la de Borges... Todas dan vida a esta crónica cuya potencia reside justamente en la forma brillante con la que Esteban Buch desarrolla esta polifonía.(c) LA GACETA.
Con gran despliegue oficial y resonante éxito, la retorcida historia del duque Pier Francesco Orsini había sido estrenada en Washington en mayo del ?67. Nuestra embajada -a cargo de don Alvaro Alsogaray- tuvo a cargo este "triunfo del arte argentino", a pesar de las alusiones al sexo que en esta segunda ópera de Ginastera, según el propio Buch, pueden resultar excesivas en relación con las convenciones del género. En efecto, durante el desarrollo de la ópera, el deforme duque es disfrazado de mujer y violado simbólicamente por sus hermanos; protagoniza una escena de impotencia con una prostituta; es incapaz de consumar su casamiento; se ve envuelto en alucinaciones eróticas y, finalmente, muere arrepentido, entre los monstruos de piedra que pueblan su jardín.
Opera, perversión y dictadura, subtítulo de la obra, son en cierta forma, los tres soportes que sostienen una crónica fascinante, producto de un trabajo de investigación serio sobre historia política de la música. Efectivamente, Esteban Buch (1963), maître de conférences de la escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales en Francia, explora no sólo los intersticios del mundo de la estética en general y de la música en particular, sino también, la opinión pública y mediática en torno del escándalo Bomarzo. En el trayecto final del libro, el autor declara: "las dictaduras argentinas, con sus censuras y persecuciones, con sus torturados y sus desaparecidos, podrían ser buenos ejemplos de una política monstruosa (...); los verdaderos monstruos humanos -jorobados, enanos, siameses, hermafroditas...- no han hecho nada que merezca tal estigma (...). Por todo ello el subtítulo de este libro no habla de monstruos sino de perversión".
A un manejo impecable del lenguaje, el autor suma el rigor del análisis de las numerosas fuentes consultadas. Asimismo, es interesante señalar que el libro presenta tantas "entradas" como capítulos. Es decir, podemos organizar su lectura sin seguir necesariamente el orden propuesto por el escritor; pero lo que sorprende fuertemente es la capacidad del escritor de innovar la forma de "contar" a partir de una suerte de zapping discursivo lúcidamente organizado. La argumentación, de sólida factura, y sonoras resonancias, se construye a través de numerosas voces. Entre otras, la voz del escritor, la de Freud, la de los autores de Bomarzo y la de sus censores, la de los críticos musicales, la de Borges... Todas dan vida a esta crónica cuya potencia reside justamente en la forma brillante con la que Esteban Buch desarrolla esta polifonía.(c) LA GACETA.
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