07 Septiembre 2003 Seguir en 

Hay un Borges gozoso del pensamiento; de este Borges se ha enamorado Cristina Bulacio. El cuerpo del amado son las palabras. La enamorada recorre esos laberintos con fruición, pues detrás de las palabras están las ideas. Rendida de amor, escribe bajo un indeclinable signo de admiración (y esto la lleva a veces hacia un estilo muy reverencial).La noción de límite guía la investigación. Cuando el hombre se aventura en la profundidad y camina por los bordes, como en las paradojas caras a Borges, dice Bulacio, relámpagos misteriosos se cuelan en la trama conceptual. El los llamó "escándalos de la razón". Escándalo, en griego, es obstáculo, piedra de tropiezo.
Bulacio señala campos en donde la luz natural de la razón tropieza con la piedra. Son escándalos intrínsecos, allí la razón se declara impotente para aprehender ciertas realidades, por ejemplo, una partícula que pasa al mismo tiempo por dos orificios, o la razón advierte sus propios límites, el caso de las antinomias de Kant.
Y son escándalos extrínsecos, cuando la razón intenta ingresar en el territorio de la fe, es la situación de Job, insólita para la razón pero explicable para el creyente.
Con total libertad Borges hace una amalgama de ambos campos, esto se percibe, por ejemplo, en "El milagro secreto" y "Los teólogos" (intrínsecos) y en "El jardín de los senderos que se bifurcan" y "El Aleph" (extrínsecos).
También aparece la predilección por Berkeley, cuando Borges dice que la realidad es la imagen que surge en todos los espejos y este simulacro con nosotros viene y se va. De Schopenhauer, dice Borges que a veces es forzado por la zafia metafísica que acecha en los principios mismos del lenguaje. Bulacio percibe interesantes coincidencias con Nietzsche, pensador, sin embargo, ajeno al gusto de Borges.Y también escándalos en la ciencia. En "Avatares de la tortuga" Borges nombra un concepto que es "el desatinador de los otros, no hablo del Mal, cuyo limitado imperio es la ética, hablo del infinito".
En cuanto al tiempo, la autora ve en Borges una alternativa: o el tiempo es real o es una ilusión, y dice que el escritor se mueve en ambas direcciones.Una y otra vez Bulacio acude a la Banda de Moebius. ¿Qué es la Banda de Moebius? Varias actividades llevan hoy tal nombre, incluso un grupo musical, pero la historia empezó mucho antes.
La Banda debe su nombre al matemático August Möbius (1770-1868) y es la reunión de dos superficies paramétricas regulares, imágenes de dos rectángulos adyacentes. Podemos hacer un modelo con una cinta de papel, dando a uno de los extremos una media vuelta o torsión y pegando entre sí los dos bordes.
Entonces descubrimos que la banda tiene una sola cara: si una fila de hormigas la camina, parte de la cara externa y termina transitando una única superficie cuyo recorrido es infinito. El gran artista gráfico Escher (1898-1972) tiene dos obras Moebius.Y bien, Borges impone al pensamiento una torsión y modifica el alcance de su literatura, la vuelve autorreferencial, pues mira y al mirar se mira a sí mismo. Armada con la Banda de Moebius, la más apta para develar la ambigüedad de los límites de la razón y analogía clave de su libro, Bulacio recorre los lugares "escandalosos". Imposible en esta nota glosarlos todos.
El mayor logro del libro, a mi juicio, reside en los ejemplares comentarios de los cuentos. Baste mencionar el de "La otra muerte", donde el escritor aborda los atributos de Dios y la tesis que Leibniz opuso a Descartes. La autora muestra por qué aparece Pier Damiani; y además transcribe una estrofa del poema de Emerson, funcional a la trama del cuento, poema que Borges sólo cita por el título. Lúcida lectora, Bulacio podría haber repartido el material en dos libros, y dedicar uno a comentarios de los cuentos (utilísima herramienta para penetrar en Borges, que suele ser bastante desatento con el lector).
En conclusión, Bulacio ve en Borges un filósofo que expresa las cosas de los filósofos con más belleza que los filósofos. Amparándome en el principio de la generosidad hermenéutica, digo que es una interpretación valiosa, pero confieso no compartirla. Borges no tiene la altura filosófica de los filósofos de los cuales él se ocupó.
Y algo más decisivo. No es esencialmente un filósofo. Le interesa la filosofía como materia estética, para hacerla entrar en el mundo de encantamiento del artista. El mundo del escritor y el mundo lingüístico son la misma cosa. El mundo de Borges es el mundo del escritor, no el mundo del filósofo ni del sabio.
Ezequiel de Olaso -que vio al ilustre ciego sentado junto a los alumnos para escuchar una clase sobre Aristóteles- dice: Borges celebra la especulación como una admirable posibilidad literaria porque busca la poesía del pensamiento. (c) LA GACETA.
Bulacio señala campos en donde la luz natural de la razón tropieza con la piedra. Son escándalos intrínsecos, allí la razón se declara impotente para aprehender ciertas realidades, por ejemplo, una partícula que pasa al mismo tiempo por dos orificios, o la razón advierte sus propios límites, el caso de las antinomias de Kant.
Y son escándalos extrínsecos, cuando la razón intenta ingresar en el territorio de la fe, es la situación de Job, insólita para la razón pero explicable para el creyente.
Con total libertad Borges hace una amalgama de ambos campos, esto se percibe, por ejemplo, en "El milagro secreto" y "Los teólogos" (intrínsecos) y en "El jardín de los senderos que se bifurcan" y "El Aleph" (extrínsecos).
También aparece la predilección por Berkeley, cuando Borges dice que la realidad es la imagen que surge en todos los espejos y este simulacro con nosotros viene y se va. De Schopenhauer, dice Borges que a veces es forzado por la zafia metafísica que acecha en los principios mismos del lenguaje. Bulacio percibe interesantes coincidencias con Nietzsche, pensador, sin embargo, ajeno al gusto de Borges.Y también escándalos en la ciencia. En "Avatares de la tortuga" Borges nombra un concepto que es "el desatinador de los otros, no hablo del Mal, cuyo limitado imperio es la ética, hablo del infinito".
En cuanto al tiempo, la autora ve en Borges una alternativa: o el tiempo es real o es una ilusión, y dice que el escritor se mueve en ambas direcciones.Una y otra vez Bulacio acude a la Banda de Moebius. ¿Qué es la Banda de Moebius? Varias actividades llevan hoy tal nombre, incluso un grupo musical, pero la historia empezó mucho antes.
La Banda debe su nombre al matemático August Möbius (1770-1868) y es la reunión de dos superficies paramétricas regulares, imágenes de dos rectángulos adyacentes. Podemos hacer un modelo con una cinta de papel, dando a uno de los extremos una media vuelta o torsión y pegando entre sí los dos bordes.
Entonces descubrimos que la banda tiene una sola cara: si una fila de hormigas la camina, parte de la cara externa y termina transitando una única superficie cuyo recorrido es infinito. El gran artista gráfico Escher (1898-1972) tiene dos obras Moebius.Y bien, Borges impone al pensamiento una torsión y modifica el alcance de su literatura, la vuelve autorreferencial, pues mira y al mirar se mira a sí mismo. Armada con la Banda de Moebius, la más apta para develar la ambigüedad de los límites de la razón y analogía clave de su libro, Bulacio recorre los lugares "escandalosos". Imposible en esta nota glosarlos todos.
El mayor logro del libro, a mi juicio, reside en los ejemplares comentarios de los cuentos. Baste mencionar el de "La otra muerte", donde el escritor aborda los atributos de Dios y la tesis que Leibniz opuso a Descartes. La autora muestra por qué aparece Pier Damiani; y además transcribe una estrofa del poema de Emerson, funcional a la trama del cuento, poema que Borges sólo cita por el título. Lúcida lectora, Bulacio podría haber repartido el material en dos libros, y dedicar uno a comentarios de los cuentos (utilísima herramienta para penetrar en Borges, que suele ser bastante desatento con el lector).
En conclusión, Bulacio ve en Borges un filósofo que expresa las cosas de los filósofos con más belleza que los filósofos. Amparándome en el principio de la generosidad hermenéutica, digo que es una interpretación valiosa, pero confieso no compartirla. Borges no tiene la altura filosófica de los filósofos de los cuales él se ocupó.
Y algo más decisivo. No es esencialmente un filósofo. Le interesa la filosofía como materia estética, para hacerla entrar en el mundo de encantamiento del artista. El mundo del escritor y el mundo lingüístico son la misma cosa. El mundo de Borges es el mundo del escritor, no el mundo del filósofo ni del sabio.
Ezequiel de Olaso -que vio al ilustre ciego sentado junto a los alumnos para escuchar una clase sobre Aristóteles- dice: Borges celebra la especulación como una admirable posibilidad literaria porque busca la poesía del pensamiento. (c) LA GACETA.
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