Datos y documentos del pasado teatral de Tucumán

Por Juan Antonio Tríbulo

07 Septiembre 2003
La Dirección General de Cultura publicó en los Cuadernos Tucumanos de Cultura números 2 y 3, de 1980 y 1981, en dos partes, la primera y -hasta ahora- única reseña histórica sobre "La actividad en los teatros de Tucumán desde los orígenes hasta la década de 1960", firmada por Manuel García Soriano. Se registran otros aportes parciales como el relevamiento de Viviana Pereyra sobre "Puestas en escena del teatro Estable desde su fundación hasta 1981", editado en el Cuaderno Nº 4 de 1982, transcripto luego en el trabajo Tucumán siglo XX: Perfiles estéticos y narrativos, de Flawiá y Steimberg (Ediciones El Graduado, Tucumán, 1985), cuyas autoras suman en ese escrito muy pocos datos más.
Martha Forté, actriz de importantes y exitosas puestas en escena de nuestro medio, reconocida y premiada por la crítica, acaba de publicar un nuevo trabajo sobre El Teatro en Tucumán. Se trata de una "sucinta historia", como ella la define en página 103, "que no tendría mayor sentido si no fuese capaz de despertarnos a la reflexión y de permitirnos extraer las conclusiones que puedan llevar a una superación de los actuales niveles estéticos, materiales y profesionales de nuestro teatro". Esos "actuales niveles" corresponden a 1970, año en que concluye su registro de datos, avanzando una década más sobre el trabajo de García Soriano, por cierto una de las más productivas del quehacer teatral de la provincia.
Forté analiza con rigor lo actuado por Boyce Díaz Ulloque frente al Teatro Universitario. Señala que el director le imprimió una orientación profesional para la cual no estaban preparados los actores, "dejando a un lado los principios básicos que debería sustentar un teatro universitario" (p. 72), al haber suspendido los cursos de actuación y dirección, que sólo se dictaron en los dos primeros años, "respondiendo a un concepto más comercial" (p. 75), y "sin ningún director de otras ciudades del país o del extranjero contratado por el Teatro Estable"; no fueron "más allá de la mera puesta teatral" y no existió "el aporte ordenado y racionalizado de nuevas técnicas o enfoques" (p. 106). Sus conclusiones reclaman la creación de una escuela de arte dramático y la instrumentación de directores y autores locales, así como la posibilidad de trabajar en equipo y en situación de laboratorio. Esta muy bien fundamentada necesidad de instancias de enseñanza-aprendizaje e investigación descripta por Forté en 1970 fue plasmándose en los años siguientes, por ejemplo con la consolidación del Conservatorio Provincial de Arte Dramático (1970-1976), donde la autora se desempeñó, entre otros roles, como profesora de Expresión Corporal.
El material se presenta separado en breves capítulos, clasificados y titulados por grupos, instituciones, eventos y documentos adjuntos, con listados de repertorios, profusamente ilustrado con ricos testimonios gráficos de diferentes épocas -lo más interesante junto con las reflexiones mencionadas-, que definen la publicación como guía de consulta sintética, amena y ágil, aunque incompleta en cuanto a datos, ya que no consigna fuentes de información, fechas precisas, autores locales estrenados por compañías en gira, análisis de textos dramáticos, ni recepción de la crítica, que hubieran otorgado al trabajo un mayor rigor historiográfico.(c) LA GACETA.

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