07 Septiembre 2003 Seguir en 

Muchas veces las reediciones son imprescindibles. Es el caso del libro de Prieto que apareció, por primera vez, en 1996. Un estudio crítico que invita a la lectura ya que conjuga la solidez con la amenidad. El trabajo está dedicado a los numerosos viajeros ingleses que viajaron por la Argentina entre 1820 y 1835 motivados por intereses comerciales y/o científicos. "Ojos imperiales", como les llama Mary Louise Pratt, cuyas representaciones del espacio nacional impregnan la literatura nacional posterior.
A pesar de que nunca estuvo en el Río de la Plata, el libro de Humboldt -Personal Narrative of Travels to the Equinoctial Regions of the New Continent During the Years 1799-1804- es determinante para esta literatura de viajeros. Humboldt les enseña a combinar el discurso racionalista y el discurso romántico, la información utilitaria y la sublime apreciación de la naturaleza.
El romanticismo implica una nueva estructura de sentimientos así como una revolucionaria concepción de la naturaleza del universo. La existencia de un público lector de relatos de viajes marca un enorme cambio en su estética y empuja a las narraciones a dejar de ser meros informes económicos o científicos. Los escritores unen el utilitarismo con el placer estético. Las miradas se detienen en el detalle, en lo nimio; el lenguaje se atreve a metáforas y se incluyen anécdotas ficcionalizadas. La subjetividad se introduce en los textos, el narrador inscribe sus sensaciones personales, abandona la impersonalidad.
Adolfo Prieto muestra, entrelazando los distintos informes y memorias, las representaciones que cartografían el territorio nacional. Representaciones cuya fuerza persiste en nuestra literatura.
El crítico rastrea la presencia de estas genealogías en los escritos de Juan B. Alberdi, Esteban Echeverría, José Mármol y Domingo Sarmiento, autores que si asumieron la mirada del viajero aprovecharon los escritos de los ingleses ya que, en general, no poseían un conocimiento directo del territorio.
Edward Said ha acuñado el concepto de geografía imaginaria, aquella que se construye fundamentalmente a través de la literatura y que puede llegar a sustituir la geografía material. Prieto inventaría las representaciones que de la Argentina han arrojado los viajeros ingleses marcando con fuerza nuestro imaginario cultural.
La Argentina aparece como un espacio mitológico en el que la Pampa es el desierto, el Buenos Aires de Rosas, la llanura como mar, el matadero; Tucumán, un Jardín; Los Andes, caricatura de los Alpes, etcétera, núcleos de condensación que reaparecen en nuestra literatura.
Los géneros presentes en los relatos varían desde la crónica costumbrista hasta la novela antropológica, presente sobre todo en los textos sobre la Patagonia como los de Fitz Roy y Charles Darwin. Es curiosa la experiencia realizada con los indios fueguinos trasladados a Europa y luego devueltos a su lugar de origen.
El crítico llama la atención sobre las relaciones entre textos de viajeros y textos de románticos. Por ejemplo la ficcionalización del matadero en Head y Echeverría o la imagen de nuestra provincia que se desprende del relato de Andrews que la llama jardín del Edén con las ulteriores descripciones de Alberdi y Sarmiento.
En todos ellos subyace la dicotomía "civilización-barbarie". Trazar el mapa de la patria será para los escritores de la generación del 37 establecer una identidad nacional civilizada. Para ello no sólo se requiere de la historia sino del mapa, un mapa al que contribuye, de modo decisivo, esta literatura de viajes. En el mundo globalizado este libro nos permite reconstruir el goce de la experiencia, al mismo tiempo que apreciar los efectos de las representaciones surgidas de ella. (c) LA GACETA.
A pesar de que nunca estuvo en el Río de la Plata, el libro de Humboldt -Personal Narrative of Travels to the Equinoctial Regions of the New Continent During the Years 1799-1804- es determinante para esta literatura de viajeros. Humboldt les enseña a combinar el discurso racionalista y el discurso romántico, la información utilitaria y la sublime apreciación de la naturaleza.
El romanticismo implica una nueva estructura de sentimientos así como una revolucionaria concepción de la naturaleza del universo. La existencia de un público lector de relatos de viajes marca un enorme cambio en su estética y empuja a las narraciones a dejar de ser meros informes económicos o científicos. Los escritores unen el utilitarismo con el placer estético. Las miradas se detienen en el detalle, en lo nimio; el lenguaje se atreve a metáforas y se incluyen anécdotas ficcionalizadas. La subjetividad se introduce en los textos, el narrador inscribe sus sensaciones personales, abandona la impersonalidad.
Adolfo Prieto muestra, entrelazando los distintos informes y memorias, las representaciones que cartografían el territorio nacional. Representaciones cuya fuerza persiste en nuestra literatura.
El crítico rastrea la presencia de estas genealogías en los escritos de Juan B. Alberdi, Esteban Echeverría, José Mármol y Domingo Sarmiento, autores que si asumieron la mirada del viajero aprovecharon los escritos de los ingleses ya que, en general, no poseían un conocimiento directo del territorio.
Edward Said ha acuñado el concepto de geografía imaginaria, aquella que se construye fundamentalmente a través de la literatura y que puede llegar a sustituir la geografía material. Prieto inventaría las representaciones que de la Argentina han arrojado los viajeros ingleses marcando con fuerza nuestro imaginario cultural.
La Argentina aparece como un espacio mitológico en el que la Pampa es el desierto, el Buenos Aires de Rosas, la llanura como mar, el matadero; Tucumán, un Jardín; Los Andes, caricatura de los Alpes, etcétera, núcleos de condensación que reaparecen en nuestra literatura.
Los géneros presentes en los relatos varían desde la crónica costumbrista hasta la novela antropológica, presente sobre todo en los textos sobre la Patagonia como los de Fitz Roy y Charles Darwin. Es curiosa la experiencia realizada con los indios fueguinos trasladados a Europa y luego devueltos a su lugar de origen.
El crítico llama la atención sobre las relaciones entre textos de viajeros y textos de románticos. Por ejemplo la ficcionalización del matadero en Head y Echeverría o la imagen de nuestra provincia que se desprende del relato de Andrews que la llama jardín del Edén con las ulteriores descripciones de Alberdi y Sarmiento.
En todos ellos subyace la dicotomía "civilización-barbarie". Trazar el mapa de la patria será para los escritores de la generación del 37 establecer una identidad nacional civilizada. Para ello no sólo se requiere de la historia sino del mapa, un mapa al que contribuye, de modo decisivo, esta literatura de viajes. En el mundo globalizado este libro nos permite reconstruir el goce de la experiencia, al mismo tiempo que apreciar los efectos de las representaciones surgidas de ella. (c) LA GACETA.
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