31 Agosto 2003 Seguir en 

La primera edición de esta novela data de 1993. Desde entonces su autor ha publicado varios libros con resonancia en el público y en la crítica. No tengo en mi poder dicha edición, pero la contratapa me sugiere una salvedad, porque advierte muy pronto al lector acerca del sentido del título (y, por ende, del contenido), algo que debería quedar librado a la perspicacia de aquel.
Narrada en primera persona y en presente (salvo cuando el protagonista evoca ciertas etapas de su vida), permite seguir los pasos de aquel, unidos a sus reflexiones sobre lo que vivió o puede depararle el tiempo. La línea argumental es breve: Carlos Tomatis, periodista y crítico, se encuentra en Santa Fe (escenario de la mayor parte de la obra de Saer). Lo aborda un editor, Alfonso, quien le presenta a Vilma Lupo, su colaboradora. En poco tiempo entablan una relación que -según Alfonso- tiene por objeto destruir la popularidad y el éxito de un escritor, Walter Bueno, muerto en un accidente después de publicar un libro que consideran aborrecible, "La brisa en el trigo", no obstante lo cual lo llevó a la fama. Hay que convencer a Tomatis de que escriba otra crítica más demoledora sobre tal engendro, en nombre de la verdadera literatura. Tal empeño es resistido por Tomatis, pese a los halagos que le prodiga Alfonso y al inevitable episodio con cama (se lo venía venir) a cargo de Vilma Lupo. No sabemos si se concretará el proyecto, pero la insistencia de los allegados a "Bizancio" (la revista), lleva a Tomatis a cambiar el habitual consumo de agua mineral por algo más fuerte (ha sido alcohólico).
El protagonista narrador intercala la referencia a esos encuentros con la historia de su vida: tres matrimonios (tres fracasos); una hija a la que ve los fines de semana; la convivencia con una hermana soltera y el recuerdo de la madre muerta. No cabe extrañar que el relato se contagie de una buena dosis de amargura, cuyo refugio es la ironía, salvo en los momentos de indignación, cuanto Tomatis relaciona algún hecho con el general Negri, un represor sin escrúpulos que encarna la crueldad y la violencia de quienes tienen el poder.
Con la prosa que caracteriza a Saer, extensos párrafos donde se pierde la oración principal entre múltiples subordinadas, la novela apunta en dos direcciones: el repudio a los represores y el desprecio por los manejos con que el mercado impone como best seller al más chato de los libros. Tales hechos -parece decírsenos- deben permanecer imborrables en nombre de la justicia humana (por un lado) y de una justicia poética llamada a desenmascarar lo falso. La opacidad de Tomatis, con miras a tales resultados, no promete mucho éxito. Quedan sus agudas observaciones e ironías y el paisaje de fondo, mostrado con pocas pinceladas, pero que Saer conoce bien, porque es el suyo natal. (c) LA GACETA
Narrada en primera persona y en presente (salvo cuando el protagonista evoca ciertas etapas de su vida), permite seguir los pasos de aquel, unidos a sus reflexiones sobre lo que vivió o puede depararle el tiempo. La línea argumental es breve: Carlos Tomatis, periodista y crítico, se encuentra en Santa Fe (escenario de la mayor parte de la obra de Saer). Lo aborda un editor, Alfonso, quien le presenta a Vilma Lupo, su colaboradora. En poco tiempo entablan una relación que -según Alfonso- tiene por objeto destruir la popularidad y el éxito de un escritor, Walter Bueno, muerto en un accidente después de publicar un libro que consideran aborrecible, "La brisa en el trigo", no obstante lo cual lo llevó a la fama. Hay que convencer a Tomatis de que escriba otra crítica más demoledora sobre tal engendro, en nombre de la verdadera literatura. Tal empeño es resistido por Tomatis, pese a los halagos que le prodiga Alfonso y al inevitable episodio con cama (se lo venía venir) a cargo de Vilma Lupo. No sabemos si se concretará el proyecto, pero la insistencia de los allegados a "Bizancio" (la revista), lleva a Tomatis a cambiar el habitual consumo de agua mineral por algo más fuerte (ha sido alcohólico).
El protagonista narrador intercala la referencia a esos encuentros con la historia de su vida: tres matrimonios (tres fracasos); una hija a la que ve los fines de semana; la convivencia con una hermana soltera y el recuerdo de la madre muerta. No cabe extrañar que el relato se contagie de una buena dosis de amargura, cuyo refugio es la ironía, salvo en los momentos de indignación, cuanto Tomatis relaciona algún hecho con el general Negri, un represor sin escrúpulos que encarna la crueldad y la violencia de quienes tienen el poder.
Con la prosa que caracteriza a Saer, extensos párrafos donde se pierde la oración principal entre múltiples subordinadas, la novela apunta en dos direcciones: el repudio a los represores y el desprecio por los manejos con que el mercado impone como best seller al más chato de los libros. Tales hechos -parece decírsenos- deben permanecer imborrables en nombre de la justicia humana (por un lado) y de una justicia poética llamada a desenmascarar lo falso. La opacidad de Tomatis, con miras a tales resultados, no promete mucho éxito. Quedan sus agudas observaciones e ironías y el paisaje de fondo, mostrado con pocas pinceladas, pero que Saer conoce bien, porque es el suyo natal. (c) LA GACETA
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