31 Agosto 2003 Seguir en 

Este volumen ostenta un incitante título y busca reflejar la heterogeneidad presente en los comienzos de nuestra literatura nacional. Epocas tormentosas cuando en textos como "El matadero" se inscribe la violencia de cuerpos y palabras. Genealogías mestizas que alumbran obras disímiles y fundantes -"Facundo", "Amalia", "Una excursión a los indios ranqueles", "Martín Fierro", "Juan Moreira", las "Memorias", de Paz; los "Discursos", de Alberdi-. Tiempos en los que los universales liberales se construyen con las formas del canto cuando las voces impregnan la letra en un género revolucionario: la gauchesca en el mismo momento en que se plasma la Constitución.
El libro abarca producciones situadas entre 1837, fecha del "Salón Literario", y 1879 con la polvareda y la pólvora que levanta la Campaña al Desierto. Se excluye el "Facundo", objeto de un tomo especial. En este período se resuelven la Nación y el Estado en batallas que amenazan con desgarramientos irreparables.
Se pone en escena una literatura armada como "totalidad contradictoria" con textos maestros que cifran nuestro código cultural. El sueño romántico de la nación emerge en medio de la guerra de armas y palabras, de los programas apremiantes, de los exilios y los enfrentamientos.
Los límites de las literaturas nacionales son imprecisos; se desentienden del mapa y de cualquier canon. Esta historia de la literatura comprende el libro, el panfleto, el folletín, la hoja suelta, el periódico. Schvartzman ilustra en el prólogo el diálogo entre mundos diferentes: una voz lírica articulada por Echeverría propone con solemnidad, en el inicio de "La cautiva": "como el mar, cuando un instante / el crepúsculo nocturno / pone rienda a su altivez". Otra voz, en diálogo imaginario, pregunta, cordial, desde el "Fausto", de Estanislao del Campo: "¿Sabe que es linda la mar?"
En "Voces, guerras, escenarios" se consigna la polémica gauchipolítica de Luis Pérez, Estanislao del Campo e Hilario Ascasubi. "La refalosa" es escandalosa como voz unitaria y excesiva, a la vez. "Emergencias" recorre tópicos como el gauchesco como arte bufo (en una lectura provocadora de Leónidas Lamborghini); la poesía romántica y el nacimiento de la crítica con Juan María Gutiérrez. Bajo el subtítulo de "Una pena extraordinaria" se encuentra el Martín Fierro y sus otros. "Textos e instituciones" incluye recorridos por discursos no literarios como el jurídico y el historiográfico (Alberdi, el Salón Literario; el Código Civil, las historias de Mitre y López y los relatos de frontera). "Modernidades" se consagra a la prensa y el panfleto; "Correspondencias", a epistolarios y textos de viajes.
"Figuras" gira alrededor de escrituras autobiográficas que enlazan ficciones del yo con ficciones de la patria con impecables trabajos sobre los relatos de Lucio V. Mansilla (Cristina Iglesia) y las Memorias del General Paz (Martín Kohan), entre otros.
En el epílogo, Noé Jitrik, el director de la colección, marca la importancia de rescatar un concepto amplio de literatura para un período de textos sorprendentes cuya mera existencia, en condiciones sumamente desfavorables, así como la impronta que dejan en la literatura los hacen admirables. Plantea que, a la hora de seleccionar a los colaboradores, se ha considerado la relevancia de introducir "miradas nutridas de teoría, para las que el texto, moderno o arqueológico, es siempre un saturado de significación, un enigma que pone a prueba una crítica en el entendido de que admitir una historicidad es correlativamente entrar al universo de signos propios de una cultura".
Los resultados son excelentes: una obra que brinda una equilibrada conjunción de géneros, que aborda complejos registros, exhibe una cuidadosa elección de problemáticas e inscribe figuras y textos representativos. Una cartografía lúcida de "la lucha de los lenguajes" de los comienzos de una literatura que se debate entre la letra y la voz, urgida por la violencia y la política. (c) LA GACETA
El libro abarca producciones situadas entre 1837, fecha del "Salón Literario", y 1879 con la polvareda y la pólvora que levanta la Campaña al Desierto. Se excluye el "Facundo", objeto de un tomo especial. En este período se resuelven la Nación y el Estado en batallas que amenazan con desgarramientos irreparables.
Se pone en escena una literatura armada como "totalidad contradictoria" con textos maestros que cifran nuestro código cultural. El sueño romántico de la nación emerge en medio de la guerra de armas y palabras, de los programas apremiantes, de los exilios y los enfrentamientos.
Los límites de las literaturas nacionales son imprecisos; se desentienden del mapa y de cualquier canon. Esta historia de la literatura comprende el libro, el panfleto, el folletín, la hoja suelta, el periódico. Schvartzman ilustra en el prólogo el diálogo entre mundos diferentes: una voz lírica articulada por Echeverría propone con solemnidad, en el inicio de "La cautiva": "como el mar, cuando un instante / el crepúsculo nocturno / pone rienda a su altivez". Otra voz, en diálogo imaginario, pregunta, cordial, desde el "Fausto", de Estanislao del Campo: "¿Sabe que es linda la mar?"
En "Voces, guerras, escenarios" se consigna la polémica gauchipolítica de Luis Pérez, Estanislao del Campo e Hilario Ascasubi. "La refalosa" es escandalosa como voz unitaria y excesiva, a la vez. "Emergencias" recorre tópicos como el gauchesco como arte bufo (en una lectura provocadora de Leónidas Lamborghini); la poesía romántica y el nacimiento de la crítica con Juan María Gutiérrez. Bajo el subtítulo de "Una pena extraordinaria" se encuentra el Martín Fierro y sus otros. "Textos e instituciones" incluye recorridos por discursos no literarios como el jurídico y el historiográfico (Alberdi, el Salón Literario; el Código Civil, las historias de Mitre y López y los relatos de frontera). "Modernidades" se consagra a la prensa y el panfleto; "Correspondencias", a epistolarios y textos de viajes.
"Figuras" gira alrededor de escrituras autobiográficas que enlazan ficciones del yo con ficciones de la patria con impecables trabajos sobre los relatos de Lucio V. Mansilla (Cristina Iglesia) y las Memorias del General Paz (Martín Kohan), entre otros.
En el epílogo, Noé Jitrik, el director de la colección, marca la importancia de rescatar un concepto amplio de literatura para un período de textos sorprendentes cuya mera existencia, en condiciones sumamente desfavorables, así como la impronta que dejan en la literatura los hacen admirables. Plantea que, a la hora de seleccionar a los colaboradores, se ha considerado la relevancia de introducir "miradas nutridas de teoría, para las que el texto, moderno o arqueológico, es siempre un saturado de significación, un enigma que pone a prueba una crítica en el entendido de que admitir una historicidad es correlativamente entrar al universo de signos propios de una cultura".
Los resultados son excelentes: una obra que brinda una equilibrada conjunción de géneros, que aborda complejos registros, exhibe una cuidadosa elección de problemáticas e inscribe figuras y textos representativos. Una cartografía lúcida de "la lucha de los lenguajes" de los comienzos de una literatura que se debate entre la letra y la voz, urgida por la violencia y la política. (c) LA GACETA
Lo más popular






