Las mujeres y el secreto

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

24 Agosto 2003
¿Cuánto del mito de Cassandra, condenada a la calumnia por el desdeñado Apolo, acusada de mitómana y negada como profetisa, permanece anclado en nuestro imaginario femenino? Educadas y formadas en un cierto modelo de fundamentalismo de lo correcto y lo equivocado, ¿persistimos como Cassandra en el sometimiento a la ley fundante para apreciar cualquier acto de nuestra existencia? Aquí se afectan dos conceptos: el de la verdad, que se nos presenta como una virtud reveladora de integridad personal, y el de la mentira como respuesta a esa verdad que según el concepto de parresia socrática es un ejercicio que nos pone en riesgo. Nietzsche dice: "Suponiendo que la verdad sea una mujer"... ¿Acaso es la verdad una mujer que tiene razones para no dejar ver sus razones? Mujer y discurso, mujer y secreto, mujer y verdad. ¿Cómo articulamos nuestro discurso ante un mundo que está siempre en fuga, como el aire y el agua? A menudo usando el "pensiero divergente" que interroga lo oculto detrás de lo explícito, para la a veces atendible exasperación de nuestros hombres circundantes. Si a ese modelo lógico le agregamos el escándalo metafísico de prever el futuro, comprenderemos acaso por qué se nos prefiere silenciosas. ¿Será por eso que las mujeres desarrollamos con dificultad un discurso libre y franco? "Venus está proscripta de nuestro mundo", dice Lacan, y Woody Allen exclama "Maldita Afrodita". Quizás ambas frases quieran decir lo mismo, quizás no, pero algo nos lleva a pensar que sobre la "mujer" pesa una "maldición" expresada en la necesidad de silenciar su palabra.
Surge de esta tensión una piedra de toque. ¿Qué espacio le hacemos al linaje del lenguaje femenino? Asomadas a este siglo nuevo, donde la mentira intolerable aparece cosmetizada, los mitos fundantes tienen muchas respuestas que aún no hemos escuchado. La "lengua" de las mujeres, con frecuencia acusada de larga, el "irse de boca" y la boca, ese trono del "pecado" que articula en palabra y acto el amor y el consuelo, el secreto y la verdad animándose a aquel texto fatal que otros prefieren ignorar. ¿Cómo, para qué las usamos? Desde la leyenda los mitos señalan que la mujer "problematiza" el lenguaje: lo convierte en sabiduría. La "problematización" del lenguaje se emparenta entonces con la mayéutica, el arte de parir y con Sócrates, maestro en parirse de verdad de sí. "Problema" deriva del "pro ballo" griego, la actividad de (em) pujar salir hacia adelante. Las mujeres tebanas en la tragedia de Esquilo "Los Siete contra Tebas", encerradas dentro de la ciudad sitiada de Tebas "ven lo que imaginan"; Eteocles, rey de Tebas, las trata de criaturas insoportables por hacerles estas saber de la guerra y de la muerte que se asoman. Eteocles ruega porque "jamás ni en los dolores ni en la fortuna amable con la femenil raza me toque convivir", frase dicha sin contemplaciones a esas mujeres proféticas. Resolución del conflicto: ellas eligen callar y sufrir su "destino". El secreto...
El secreto como prudencia y reflexión, la verdad como creación bella de sí, la stigmata de la "loca" que denuncia la impostura, la mujer y sus velos, que devela cuando quiere -o puede- y desvela a más de uno. Tantos hombres pensándonos como enigma y dilema, (pre) ocupados en nuestros ocultos designios, como Príamo, rey y padre, que hace espiar a Cassandra intrigado por sus profecías. Creonte desolado en su ejercicio de la ley ante Antígona yendo siempre más allá como una furia saltando el límite de toda inocencia, de todo sometimiento; ella misma eligiendo en vida el lugar de los muertos. El decir verdad como acto de humanismo radical a riesgo de muerte. Son estas cuestiones que siguen resonando en el ser femenino con todas sus reminiscencias. A descifrar nuestros propios secretos nos hemos lanzado, y a descubrir que en este camino algún día nos reiremos con ganas, quizás por vez primera, de nosotras mismas. ¿No les parece?(c) LA GACETA

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