Mensaje esperanzado de un liberal, pero con advertencias sobre deformaciones

Por Federico A. M. Lannes

24 Agosto 2003
Es un libro desconcertante porque quiere ser de todo un poco. Da la sensación de haber sido escrito en diferentes momentos, teniendo en cada uno de ellos un objetivo diferente: por un lado, descripciones para iniciados en micro y macroeconomía, pero también en otros momentos uno tiene la sensación de asistir a una descripción sistemática de las causas de "le mal argentin". Es aquí donde el lector encuentra una breve pero inteligente explicación de la visión injustificadamente positiva de nuestro pasado económico, de las distintas etapas por las que atravesó nuestra historia económica hasta llegar a la cesación de pagos que trajo como consecuencia la formidable expropiación de ahorristas y futuros jubilados. Hay razones expuestas con simplicidad para justificar la fuga de los capitales y el estancamiento y una primera conclusión: "una nación que no moviliza su ahorro para ponerlo a producir no puede crecer nunca".
Pero como en economía no todo es economía, para superar la crisis el autor sostiene la necesidad de un cierto consenso social respecto de una estrategia y cierto acuerdo sobre reglas de juego que permitan la certidumbre necesaria para generar la reinversión y sostener una senda de crecimiento.
Esto es importante porque el pendularismo recurrente en toda nuestra historia política y económica ha sido una de las causas que impidieron amalgamar una visión mínimamente común en torno de la cual podríamos haber articulado nuestro destino.
Frente a ello Sturzenegger propone como salida cuatro líneas argumentales: una economía de "mercado rabiosamente competitivo"; una inteligente apertura al mundo; respetar y proteger la acumulación de riqueza evitando las redistribuciones arbitrarias de ingresos y lograr plena igualdad de oportunidades junto con efectivas políticas de redistribución del ingreso.
El lector encontrará, en lenguaje llano, una explicación sobre los rudimentos de la teoría del crecimiento económico: hay crecimiento de la economía cuando se logra la acumulación de factores productivos (capital, tecnología, recursos naturales, infraestructura, etcétera). Y también las razones de nuestra falta de crecimiento: desincentivación del ahorro, deterioro del sistema educativo, despilfarro de recursos en el mantenimiento de una infraestructura obsoleta, premiando al que no innovaba, etcétera. En suma, hemos debilitado cada uno de los pilares del crecimiento.
Igualmente útiles resultan las explicaciones sobre la globalización (como apertura comercial) y su incidencia sobre la distribución de los ingresos, que alerta sobre la necesidad de un eficiente diseño de una eficiente política de redistribución. Las páginas dedicadas a temas como el ALCA, MERCOSUR o UE serán suficientemente esclarecedoras para quienes están preocupados por un debate que no ha logrado superar la superficialidad de los medios de comunicación: libre flotación o moneda común, Banco Central del MERCOSUR, etcétera.
Creo que el gran valor de este libro reside en un mensaje esperanzado de un autor que, a pesar de estar totalmente comprometido con el liberalismo económico, no deja de advertirnos sobre sus deformaciones, particularmente sobre las que hemos tenido oportunidad de vivir en los azarosos diez últimos años, y de todo aquello que resta por hacer.(c) LA GACETA

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