24 Agosto 2003 Seguir en 

La fuerte herencia de los escritos del fundador Domingo Faustino Sarmiento es todavía uno de los elementos más llamativos de la literatura sobre la Argentina, tanto por la crítica que ha suscitado como por su cautivante distinción entre las fuerzas de la "civilización" y la "barbarie" en la formación del Estado argentino. Los federales y los unitarios encarnaron estas fuerzas dicotómicas. Los unitarios, podría afirmarse, adoptaron una posición modernizadora e intentaron re-crear a la Argentina sobre la base de los modelos europeos. En contraste, los federales, en particular la versión representada por Rosas y su coalición, intentaron modelar las instituciones de la nueva república a la imagen del catolicismo y el paternalismo españoles, mezclados con el caudillismo y el populismo. A pesar de algunos desacuerdos, los gobiernos de Rosas representan sin lugar a dudas la "barbarie" en la ecuación de Sarmiento.
Sarmiento fue un modernizador, pero no fue necesariamente un demócrata liberal. Sin embargo, otros padres fundadores fueron más liberales. Sus escritos y su pensamiento han cautivado a muchos autores que, desde Ricardo Rojas en 1922 hasta Nicholas Shumway en la década de 1990, creen que la "creación" de la Argentina le debe mucho al papel principal desempeñado por un grupo distinguido y elogiado de intelectuales. Los cruciales debates entre ellos respecto del tipo de Estado que se construiría parecen haber modelado la organización política. Otros han agregado a esto la calidad única del liberalismo argentino. Esto hizo que la "experiencia" de Buenos Aires fuera "original" y "superior" en el contexto de Hispanoamérica.
En forma similar a la literatura sobre los Estados Unidos que se enfoca en el liberalismo de los fundadores, estos argumentos apuntan a la fuerza de las ideas liberales de los fundadores en la Junta de 1810 y en el Triunvirato que la sucedió; en el Congreso de 1814, y en la Revolución de Mayo. Hilda Sábato señala que los cambios que estaban en curso en la provincia de Buenos Aires en este temprano período estaban muy avanzados, no sólo dentro del contexto de Latinoamérica sino en comparación con Norteamérica y Europa, donde el proceso de extensión de los derechos civiles tuvo lugar en forma gradual. Ella afirma que si se agrega el hecho de que las elecciones para la Sala de Representantes argentina eran directas "tenemos un caso único en Latinoamérica". Quizás la afirmación más fuerte de excepcionalismo con respecto a la construcción nacional viene de Halperín Donghi, quien afirma que la "excepcionalidad de la Argentina" reside en que sólo allí se materializó "una aspiración común y frustrada en el resto de Latinoamérica". El "progreso" de la Argentina "encarnó" los escritos de los padres fundadores argentinos, "cuya única arma política era su clarividencia".
Más allá del período temprano de formación del Estado, no obstante, se hace difícil evaluar la influencia del liberalismo. Una pregunta clave que aún necesita una respuesta detallada tiene que ver con la disonancia (como lo reconoce incluso Halperín Donghi) entre el proyecto o los proyectos originales y el proceso real de construcción institucional que experimentó la Argentina. De hecho, la inversión de la democracia en la Argentina presenta un problema importante para este enfoque, ya que, contrariamente a la intención de sus fundadores, el país tuvo que esperar a la denominada era radical, bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1930), para tener el único período extenso de competencia partidista en la historia de la nación. Y después de eso, volvió a comenzar la intervención militar.
Quizás pueda resolverse este problema desde el punto de vista de la historia de las ideas, cambiando el foco hacia las fuertes ideas conservadoras y reaccionarias que se desarrollaron en forma paralela a la construcción nacional. Dada la consolidación del poder conservador en la década de 1880, este parece un camino más seguro. Un pensamiento antiliberal profundamente arraigado, bien entrado el siglo XX, explicaría que no se pudiera completar en su totalidad la Revolución de Mayo. Lo que es más, se ha afirmado que la ideología antiliberal que se forjó en la era colonial modeló toda la política del siglo XX. Por ejemplo, Shumway conecta la "Guerra sucia" que tuvo lugar durante el gobierno militar de 1976 a 1983 a las ideologías del fundador Mariano Moreno. Shumway también sostiene que Bartolomé Mitre y Sarmiento pueden observarse en las ideas conservadoras y el elitismo que se oculta en las políticas antipopulistas del ejército y su visión de las masas populares como bárbaras.
Sin embargo, esta explicación enfrenta una crítica simple pero importante desde el mismo enfoque: no es posible estar seguro de que estos líderes militares más recientes se guiaran por las ideas de Moreno o el rechazo del populismo de Mitre cuando apoyaban un sistema político elitista. Es por lo menos igual de probable que se guiaran por el entrenamiento que recibieron en la academia militar o que estuvieran expresando una nueva subcultura ideológica que casualmente se parecía a la de Moreno, Mitre o Sarmiento. Lo que quizás sea más importante es que esta explicación, al igual que cualquier otra, también debe explicar las consecuencias no intencionales de la formación del Estado. (c) LA GACETA
Sarmiento fue un modernizador, pero no fue necesariamente un demócrata liberal. Sin embargo, otros padres fundadores fueron más liberales. Sus escritos y su pensamiento han cautivado a muchos autores que, desde Ricardo Rojas en 1922 hasta Nicholas Shumway en la década de 1990, creen que la "creación" de la Argentina le debe mucho al papel principal desempeñado por un grupo distinguido y elogiado de intelectuales. Los cruciales debates entre ellos respecto del tipo de Estado que se construiría parecen haber modelado la organización política. Otros han agregado a esto la calidad única del liberalismo argentino. Esto hizo que la "experiencia" de Buenos Aires fuera "original" y "superior" en el contexto de Hispanoamérica.
En forma similar a la literatura sobre los Estados Unidos que se enfoca en el liberalismo de los fundadores, estos argumentos apuntan a la fuerza de las ideas liberales de los fundadores en la Junta de 1810 y en el Triunvirato que la sucedió; en el Congreso de 1814, y en la Revolución de Mayo. Hilda Sábato señala que los cambios que estaban en curso en la provincia de Buenos Aires en este temprano período estaban muy avanzados, no sólo dentro del contexto de Latinoamérica sino en comparación con Norteamérica y Europa, donde el proceso de extensión de los derechos civiles tuvo lugar en forma gradual. Ella afirma que si se agrega el hecho de que las elecciones para la Sala de Representantes argentina eran directas "tenemos un caso único en Latinoamérica". Quizás la afirmación más fuerte de excepcionalismo con respecto a la construcción nacional viene de Halperín Donghi, quien afirma que la "excepcionalidad de la Argentina" reside en que sólo allí se materializó "una aspiración común y frustrada en el resto de Latinoamérica". El "progreso" de la Argentina "encarnó" los escritos de los padres fundadores argentinos, "cuya única arma política era su clarividencia".
Más allá del período temprano de formación del Estado, no obstante, se hace difícil evaluar la influencia del liberalismo. Una pregunta clave que aún necesita una respuesta detallada tiene que ver con la disonancia (como lo reconoce incluso Halperín Donghi) entre el proyecto o los proyectos originales y el proceso real de construcción institucional que experimentó la Argentina. De hecho, la inversión de la democracia en la Argentina presenta un problema importante para este enfoque, ya que, contrariamente a la intención de sus fundadores, el país tuvo que esperar a la denominada era radical, bajo el gobierno de Hipólito Yrigoyen (1916-1930), para tener el único período extenso de competencia partidista en la historia de la nación. Y después de eso, volvió a comenzar la intervención militar.
Quizás pueda resolverse este problema desde el punto de vista de la historia de las ideas, cambiando el foco hacia las fuertes ideas conservadoras y reaccionarias que se desarrollaron en forma paralela a la construcción nacional. Dada la consolidación del poder conservador en la década de 1880, este parece un camino más seguro. Un pensamiento antiliberal profundamente arraigado, bien entrado el siglo XX, explicaría que no se pudiera completar en su totalidad la Revolución de Mayo. Lo que es más, se ha afirmado que la ideología antiliberal que se forjó en la era colonial modeló toda la política del siglo XX. Por ejemplo, Shumway conecta la "Guerra sucia" que tuvo lugar durante el gobierno militar de 1976 a 1983 a las ideologías del fundador Mariano Moreno. Shumway también sostiene que Bartolomé Mitre y Sarmiento pueden observarse en las ideas conservadoras y el elitismo que se oculta en las políticas antipopulistas del ejército y su visión de las masas populares como bárbaras.
Sin embargo, esta explicación enfrenta una crítica simple pero importante desde el mismo enfoque: no es posible estar seguro de que estos líderes militares más recientes se guiaran por las ideas de Moreno o el rechazo del populismo de Mitre cuando apoyaban un sistema político elitista. Es por lo menos igual de probable que se guiaran por el entrenamiento que recibieron en la academia militar o que estuvieran expresando una nueva subcultura ideológica que casualmente se parecía a la de Moreno, Mitre o Sarmiento. Lo que quizás sea más importante es que esta explicación, al igual que cualquier otra, también debe explicar las consecuencias no intencionales de la formación del Estado. (c) LA GACETA
* Este texto será incluido en el libro "La formación del Estado y la democracia en América Latina" de Fernando López-Alves (Norma-Bogotá) de próxima aparición.
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