Varias reflexiones sobre los libros para niños

Por Sara BlotzPor Sara Blotz

17 Agosto 2003
Ana María Machado y Graciela Montes son dos escritoras, brasileña y argentina, respectivamente, dedicadas a la literatura infantil, que tienen una larga y reconocida trayectoria en América Latina. En este trabajo reflexionan sobre los libros para niños desde variados y originales puntos de vista; se plantean distintas cuestiones vinculadas a la literatura infantil e intentan encontrar algunas respuestas. En la obra se aglutinan ensayos breves, conferencias y reportajes. Estos últimos fueron realizados por Gigliola Zecchin (Canela) al igual que el prólogo.
¿Por qué los educadores quieren incentivar la lectura en los chicos a través de trucos? ¿Cómo se puede estimular el hábito de la lectura en el niño? ¿Qué rol deben cumplir los padres y los docentes en este proceso? En el capítulo inicial, Ana María Machado ofrece algunas posibles respuestas a estos interrogantes y asegura que lo que lleva al niño a leer es antes que nada el ejemplo, teniendo en cuenta que si ningún adulto cercano al niño acostumbra leer, difícilmente vaya a convertirse en lector.
Según Machado, la segunda oportunidad que el niño tiene de adquirir el hábito de la lectura es en la escuela y este ámbito brinda un terreno fértil para un urticante debate que esta autora se anima a abrir. Los criterios del docente para elegir los libros no están académicamente definidos y en el ámbito escolar lo importante no es fomentar la literatura de consumo sino garantizar un verdadero encuentro entre el pequeño lector y la buena literatura.
Asegura que el libro en sí mismo no es sinónimo de literatura, ya que muchos de ellos son basura. El planteo, en esta ocasión, se centra en establecer criterios que delaten esta falacia.
En el segundo capítulo y siguiendo el debate que Machado abre en el primero, Graciela Montes advierte la importancia que tiene la lectura en el imaginario social de nuestra época. Una ácida crítica recae sobre los funcionarios que, a criterio de Montes, son los responsables de la falta de una política que aliente la lectura.
Asegura que la lectura está perdiendo el lugar relevante que ocupaba dentro de los valores de la sociedad. Otro de los dilemas que Montes anota es que la crisis literaria tiene también su origen en la industria, ya que el libro ya no está en manos de editores-lectores sino de grandes empresas, cuyo objetivo excluyente es el lucro.
En otro capítulo, Machado explica claramente la realidad de los chicos de la calle en Brasil y a continuación, Montes hace un repaso por algunos hitos de la historia de la literatura infantil argentina, donde aparecen influyentes autores como Horacio Quiroga o María Elena Walsh, las ediciones de libros infantiles de Billiken o los cómics de los años 50.
En las últimas páginas de este libro se transcribe una serie de conversaciones entre las dos autoras y Canela, donde se abordan variados temas relacionados con la literatura infantil, la vida de ambas escritoras, la incidencia del mercado en el mundo de los libros y las diferentes realidades políticas de Argentina y de Brasil.
Es un libro recomendable para los docentes, para los autores y especialistas en este género, y para todos aquellos que quieran explorar uno de los orígenes de la preocupante crisis que atraviesa la lectura.(c) LA GACETA

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