Ejemplar investigación sobre Tucumán 1770-1820

Por Elena Perilli de Colombres Garmendia

17 Agosto 2003
La autora se propuso analizar el proceso de construcción social del espacio, en Tucumán, por medio de los patrones de ocupación y uso del territorio, en el marco de las reformas borbónicas y la posterior disolución del Imperio español. Parte así del concepto de espacio como una construcción social, cuya historia es la de los actores involucrados en el proceso de ocupación y transformación del territorio en un período caracterizado por cambios políticos, institucionales, demográficos y económicos de magnitud.
El estudio gira en torno del análisis de las relaciones sociales, económicas y demográficas que se definieron en el siglo XVIII y de los grupos dominantes ("dueños de la tierra"). Todo en el marco de las vertientes de la Ilustración, renovadoras en lo económico y conservadoras en lo social, que permitieron la consolidación del poder de la elite local y el surgimiento de un sector agrario, con propietarios en algunos casos.
López de Albornoz enfoca objetivos específicos, que ponen de manifiesto un entrenamiento metodológico en la confección y en el desarrollo del trabajo.
Algunos de esos objetivos son: 1) estudiar los cambios en el interior del territorio jurisdiccional, por el crecimiento demográfico, y explicar las transformaciones en la integración de la región en materia jurídico-administrativa y macroeconómica colonial; 2) profundizar las relaciones de variables de población y recursos a fines del siglo XVIII; 3) observar el accionar de la elite local ante las presiones tardo-coloniales, en cuanto a control de la tierra, orientación productiva, inversión de capitales y mercados, como también evaluar el papel de pequeños y medianos productores rurales en el volumen de la producción local, la orientación hacia los mercados y la movilidad social; 4) analizar la dinámica de las relaciones étnicas y de clase en la conformación de los grupos sociales agrarios, y el grado de tensión social en el ámbito rural tucumano.
Desde el punto de vista metodológico, el trabajo estuvo condicionado por la cuantificación y la combinación con el análisis de casos. Ello permitió profundizar el estudio de los comportamientos sociales, la importancia de las redes familiares y su expresión de territorialidad, la identificación horizontal de la elite y su vinculación con los sectores medios y dependientes.
Las fuentes manejadas fueron abundantes: testimonios fiscales, padrones y censos, informes de diversas autoridades, actas del Cabildo, documentos administrativos, juicios ante la Justicia civil y criminal, testamentos, contratos, guías de comercio, etcétera.
El texto se divide en cuatro partes integradas por capítulos. En la primera, se analiza la construcción social del espacio y se abordan las circunscripciones administrativas, el ordenamiento territorial de la campaña y los cambios operados con la creación del Virreinato del Río de la Plata y el sistema de Intendencias. El comercio fue el eje de articulación de la producción de las regiones.
En la segunda parte se estudia la población (que experimentó un sensible crecimiento a fines del siglo XVII), el acceso a la tierra y al mercado inmobiliario rural. La autora advierte y abunda en las consecuencias que trajo aparejado, a dicho mercado, el remate de las Temporalidades de los jesuitas. Remarca la ubicación privilegiada de Tucumán en la ruta que unía el puerto de Buenos Aires con los centros mineros del Alto Perú: esto permitió a los comerciantes obtener importantes beneficios económicos y ejercer la hegemonía social. Tucumán logró captar circulante, a través del excedente y la redistribución de productos ultramarinos y americanos.
López de Albornoz estudia minuciosamente las guías de exportación e importación y cuantifica el tráfico mercantil del período, así como los cambios que trajo aparejados la revolución en 1810.
La tercera parte se detiene en los ecosistemas agrarios y las unidades de producción. Analiza su procedencia principalmente de las estancias, pero también de chacras, potreros, suertes de tierras, tierras "de pan llevar", sitios, retazos, etcétera, e identifica, en el espacio rural, zonas especializadas según los rasgos de la producción agraria.
La cuarta parte entra de lleno al mundo rural colonial a partir del estudio de los sectores sociales agrarios, analizando las relaciones entre patrones y dependientes. La autora define con precisión a peones, a agregados, etcétera, y se detectan los conflictos sociales latentes en la sociedad colonial.
El volumen se complementa con el estudio de casos de algunas empresas familiares. El éxito de las familias más poderosas se centró en la combinación de actividades como el comercio y el transporte de productos. La tierra fue el eje de arraigo de los pobladores y la posibilidad de capitalización a partir de la producción y el comercio; también fue eje de prestigio social. Las familias propietarias implementaron mecanismos para evitar la dispersión de sus patrimonios, pero el fraccionamiento fue inevitable. Junto a los sectores mercantiles se consolidaron grupos familiares asociados con la propiedad de la tierra y la producción ganadera y artesanal; el resto de los sectores campesinos estaba compuesto por productores de diversa condición.
El libro se integra con un Anexo, de gran utilidad, con tablas y cuadros de elaboración de la autora.Se trata de una obra ejemplar en materia de investigación histórica. Constituye un sustancial aporte sobre una temática poco estudiada, que la historiadora maneja con solidez profesional.(c) LA GACETA

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