10 Agosto 2003 Seguir en 

Escribir un cuento es una forma de organizar el mundo, y también de proyectarse en él.
El de este libro es un mundo complejo, de apariencia inocente aunque reversible. Está conformado por minucias que, a veces, recuerdan el arte naïf, aunque carece de su claridad.
Desde su fondo lleno de grietas imperceptibles, brota la sombra, miasma insoportable que mancha todo con su perversidad inocente (no siempre ni tanto), atroz a veces. Y las manchas son indelebles.
Todo tiene una apariencia de precariedad intranscendente, insustancial, sin peso -la vida, la muerte, el amor- pero el doble filo empieza a operar.Es un mundo tan hermético y tan engañoso que, a veces, uno tiene la impresión de que no podrá penetrarlo. Pero, por ahí, una puertita oculta en algún punto, en una mancha, dice lo contrario. Y cada mancha es una célula viva, no infrecuentemente espantosa. ¡Ay, si se clonara!El mundo de las ficciones literarias está lleno de extrañas paradojas: puede crear obras excelentes (¿lo serán, de verdad?), hasta premiables (esto de los premios, qué complejo tejido de tantas cosas al menos opinables), pero al alma le resultan gratas no aquellas que la reflejan o intentan reflejarla, sino las que interpretan sus grandes angustias existenciales y, de alguna manera, dan un motivo para sobrellevarlas. (c) LA GACETA
El de este libro es un mundo complejo, de apariencia inocente aunque reversible. Está conformado por minucias que, a veces, recuerdan el arte naïf, aunque carece de su claridad.
Desde su fondo lleno de grietas imperceptibles, brota la sombra, miasma insoportable que mancha todo con su perversidad inocente (no siempre ni tanto), atroz a veces. Y las manchas son indelebles.
Todo tiene una apariencia de precariedad intranscendente, insustancial, sin peso -la vida, la muerte, el amor- pero el doble filo empieza a operar.Es un mundo tan hermético y tan engañoso que, a veces, uno tiene la impresión de que no podrá penetrarlo. Pero, por ahí, una puertita oculta en algún punto, en una mancha, dice lo contrario. Y cada mancha es una célula viva, no infrecuentemente espantosa. ¡Ay, si se clonara!El mundo de las ficciones literarias está lleno de extrañas paradojas: puede crear obras excelentes (¿lo serán, de verdad?), hasta premiables (esto de los premios, qué complejo tejido de tantas cosas al menos opinables), pero al alma le resultan gratas no aquellas que la reflejan o intentan reflejarla, sino las que interpretan sus grandes angustias existenciales y, de alguna manera, dan un motivo para sobrellevarlas. (c) LA GACETA
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