Imagen distinta, producida en el goce reflexivo de la crítica

Por Carmen Perilli

10 Agosto 2003
El periodismo introduce nuevas formaciones discursivas, a caballo entre el aura que Walter Benjamin atribuía a la obra de arte tradicional y los discursos surgidos en la época de la reproducción técnica, producto de la prisa de las redacciones y la condición masiva de la modernidad. Diálogos en un tejado, del escritor chileno Jorge Edwards, es un libro inquietante que agrupa escritos de distintos géneros vinculados a espacios públicos, como los diarios, y actividades, como homenajes, premios y presentaciones.
Las "Crónicas y semblanzas" están agrupadas como preferencias, devaneos, razones y sinrazones. Con el gesto de deleite y la espontaneidad de la conversación dibujan una historia cultural y literaria de Chile. El título nombra uno de los relatos -la presentación de Alejandro Jodorowsky-, que se arma como escena de aprendizaje: los dos escritores en "largas conversaciones encaramados en el tejado, con vista a los amplios terrenos del Hospicio". La imagen es elocuente.Si un hombre es los libros que ha escrito, también es los libros que ha leído. Escribir, para Jorge Edwards, es "una manera de torear, de hacerle quites y verónicas a la muerte. Con la diferencia de que en el toreo podemos salvarnos y de que en la escritura estamos, a largo o mediano plazo, perdidos". Por estas páginas desfilan escritores de Chile y de América Latina: mitos como Pablo Neruda y Vicente Huidobro; otros menos conocidos como Jorge Teillier; Enrique Lihn; Luis Oyarzún y Oscar Hahn. El autor ataca la leyenda negra que ha velado a Gabriela Mistral; habla de José Donoso y de Nicanor Parra...
Edwards arremete contra las visiones externas de la literatura, aquellas que la congelan y blindan, que definen al escritor latinoamericano como "personaje exótico, de pecho caliente, asimilable en alguna medida al latin lover".
El narrador chileno postula que la literatura no puede producir efectos inmediatos sobre la realidad. "Pero acaba por introducir, desde su ángulo excéntrico, como espejos deformados que caminan a lo largo de un camino más bien tortuoso, para hacer la parodia de una imagen clásica, un elemento de conciencia, una visión un poco más amplia y en el fondo más solidaria, un factor de confianza en los seres humanos". Diálogos en un tejado es uno de esos espejos que arrojan una imagen distinta producida en el goce reflexivo de la crítica literaria.(c) LA GACETA

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