10 Agosto 2003 Seguir en 

Es esta otra entrega de la Nueva Historia Argentina, la excelente colección que dirige Juan Suriano; reúne en cada volumen, referido a un período acotado, un conjunto de monografías bajo la supervisión de un director del tomo. Entre sus colaboradores figuran historiadores, como César Teach y Mónica Gordillo, y sociólogos como Javier Auyero, Lucas Rubinich y Maristella Svampa. Daniel James, a cargo de este, es un distinguido historiador de origen británico, autor de un libro excepcional sobre el sindicalismo peronista posterior a 1955.
Sus antecedentes son óptimos para encarar la síntesis de veinte años conflictivos y complejos, caracterizados por dos grandes procesos. El primero: un importante desarrollo capitalista y estatal, y una sostenida modernización social y cultural, la última de una Argentina que ya no es más. El segundo: una fuerte conflictividad, social, política y cultural, condensada primero en la resistencia a la proscripción peronista, y luego en el vasto movimiento de contestación social iniciado hacia 1968. Quien intente una síntesis debe dar cuenta de ambos procesos y, sobre todo, explicar sus articulaciones, con la vista puesta en la decisiva coyuntura de 1976.
Esto se logra sólo a medias en este volumen, decididamente volcado a explicar el segundo de estos procesos. Sobre el primero, se extraña la falta de desarrollos específicos sobre los grandes actores del poder: las Fuerzas Armadas, la Iglesia y también el núcleo concentrado del gran capital monopólico, cuya lógica e incidencia van más allá de un capítulo sobre la economía. Podría agregarse que el tema mismo del Estado sólo es tratado de manera lateral. Sobre el segundo, el movimiento contestatario, hay varios trabajos, a veces superpuestos, que dan una visión algo sesgada: se concentran en la acción del movimiento obrero, el burocrático y el antiburocrático, y poco se dice de los otros infinitos focos de movilización, creatividad y utopía, que dieron su singularidad a la "primavera de los pueblos". Ese espacio es mal cubierto con un artículo, más anecdótico que explicativo, sobre la llamada "cultura juvenil", y por otro, interesante pero acotado, donde los avatares del mundo de los sociólogos, y la irrupción de la "sociología nacional", deben dar cuenta de la totalidad de las transformaciones y los conflictos del mundo cultural.
Este caso es representativo de un problema frecuente en los diversos proyectos editoriales desarrollados últimamente para dar cuenta de la historia argentina, en términos académicos y de alta divulgación a la vez.
Existen textos integrales escritos por un autor, hay colecciones en que un autor único se hace cargo de un período y otras -la de la Academia Nacional de la Historia y esta que comentamos- en que para cada tomo se recurre a un conjunto variado de autores. Esta fórmula soluciona un problema del que a menudo padecen las obras de autor único: la restricción del campo del pasado, generalmente acotado a la historia política y a lo que ocurre en el Estado y en el gobierno.
En cambio, este esquema plantea otros problemas. Uno es la ya citada dificultad para articular textos escritos con diferentes perspectivas e hipótesis, al punto que en ocasiones discuten entre sí. El problema mayor reside en la dificultad para encontrar un registro de escritura único. En este volumen conviven buenas síntesis de algunos temas, narrativas y poco analíticas, con capítulos de índole monográfica, en los que un tema específico debe dar cuenta de un problema mucho más amplio. Como decíamos, la ciencia, la cultura y el mundo intelectual se reducen a los avatares del Departamento de Sociología de la Universidad de Buenos Aires. En otro caso, un texto sobre las villas de emergencia debe dar cuenta de la totalidad de los movimientos de la sociedad argentina.
En dos casos al menos, el punto medio entre la síntesis y lo monográfico es alcanzado con solvencia: en el artículo de Daniel James, que remite a su libro, y en el de Mark Heanley, referido al "interior". Allí se plantea de una manera original un cruce de temas que van desde las políticas de desarrollo regional, la articulación de intereses empresariales y estatales, los cambios en las economías regionales, las resistencias suscitadas hasta los movimientos de movilización popular. Por otra parte, el resto de los artículos está escrito, casi sin excepción, en un buen nivel académico, y ofrece en conjunto una adecuada síntesis de estas dos décadas conflictivas.(c) LA GACETA
Sus antecedentes son óptimos para encarar la síntesis de veinte años conflictivos y complejos, caracterizados por dos grandes procesos. El primero: un importante desarrollo capitalista y estatal, y una sostenida modernización social y cultural, la última de una Argentina que ya no es más. El segundo: una fuerte conflictividad, social, política y cultural, condensada primero en la resistencia a la proscripción peronista, y luego en el vasto movimiento de contestación social iniciado hacia 1968. Quien intente una síntesis debe dar cuenta de ambos procesos y, sobre todo, explicar sus articulaciones, con la vista puesta en la decisiva coyuntura de 1976.
Esto se logra sólo a medias en este volumen, decididamente volcado a explicar el segundo de estos procesos. Sobre el primero, se extraña la falta de desarrollos específicos sobre los grandes actores del poder: las Fuerzas Armadas, la Iglesia y también el núcleo concentrado del gran capital monopólico, cuya lógica e incidencia van más allá de un capítulo sobre la economía. Podría agregarse que el tema mismo del Estado sólo es tratado de manera lateral. Sobre el segundo, el movimiento contestatario, hay varios trabajos, a veces superpuestos, que dan una visión algo sesgada: se concentran en la acción del movimiento obrero, el burocrático y el antiburocrático, y poco se dice de los otros infinitos focos de movilización, creatividad y utopía, que dieron su singularidad a la "primavera de los pueblos". Ese espacio es mal cubierto con un artículo, más anecdótico que explicativo, sobre la llamada "cultura juvenil", y por otro, interesante pero acotado, donde los avatares del mundo de los sociólogos, y la irrupción de la "sociología nacional", deben dar cuenta de la totalidad de las transformaciones y los conflictos del mundo cultural.
Este caso es representativo de un problema frecuente en los diversos proyectos editoriales desarrollados últimamente para dar cuenta de la historia argentina, en términos académicos y de alta divulgación a la vez.
Existen textos integrales escritos por un autor, hay colecciones en que un autor único se hace cargo de un período y otras -la de la Academia Nacional de la Historia y esta que comentamos- en que para cada tomo se recurre a un conjunto variado de autores. Esta fórmula soluciona un problema del que a menudo padecen las obras de autor único: la restricción del campo del pasado, generalmente acotado a la historia política y a lo que ocurre en el Estado y en el gobierno.
En cambio, este esquema plantea otros problemas. Uno es la ya citada dificultad para articular textos escritos con diferentes perspectivas e hipótesis, al punto que en ocasiones discuten entre sí. El problema mayor reside en la dificultad para encontrar un registro de escritura único. En este volumen conviven buenas síntesis de algunos temas, narrativas y poco analíticas, con capítulos de índole monográfica, en los que un tema específico debe dar cuenta de un problema mucho más amplio. Como decíamos, la ciencia, la cultura y el mundo intelectual se reducen a los avatares del Departamento de Sociología de la Universidad de Buenos Aires. En otro caso, un texto sobre las villas de emergencia debe dar cuenta de la totalidad de los movimientos de la sociedad argentina.
En dos casos al menos, el punto medio entre la síntesis y lo monográfico es alcanzado con solvencia: en el artículo de Daniel James, que remite a su libro, y en el de Mark Heanley, referido al "interior". Allí se plantea de una manera original un cruce de temas que van desde las políticas de desarrollo regional, la articulación de intereses empresariales y estatales, los cambios en las economías regionales, las resistencias suscitadas hasta los movimientos de movilización popular. Por otra parte, el resto de los artículos está escrito, casi sin excepción, en un buen nivel académico, y ofrece en conjunto una adecuada síntesis de estas dos décadas conflictivas.(c) LA GACETA
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