El poder del humor

Para LA GACETA - BUENOS AIRESPara LA GACETA - BUENOS AIRES

03 Agosto 2003
La principal función del humor gráfico es "ablandar al diario", quitarle el drama a la cruda realidad y hacerla más digerible. Sin embargo, el humor, por naturaleza, tiene su costado irónico y crítico que puede disparar cierta polémica.
El humor tiene límites en cuanto a los temas que trata y principalmente son dos; uno es un límite personal y otro depende del medio donde se trabaja. Lo cual no quiere decir que esté coartado de libertades o esté sujeto a censuras. En mi caso, simplemente, trato de no desviarme de la línea ética y estética del medio que publica mis trabajos. Las tragedias no escapan al humor; más bien son tratadas por él desde ciertos costados, afectando más al poderoso, al responsable si es que lo hay, o a aquel que posee armas más poderosas. Durante la guerra de Irak, yo hice chistes que más bien nos hacían reír de Bush que de la tragedia misma de la guerra y de quienes la sufrían. Y aquí muchas veces se resume en una imagen potente lo que a veces a los editoriales les puede llevar muchas palabras. En estas circunstancias fatales, las imágenes no son netamente humorísticas sino que más bien despiertan conciencia. En el caso de la AMIA fue más difícil trabajar porque ni siquiera había culpables visibles y no se puede hacer humor tan abierto de una tragedia donde todo es confuso. En todo caso, el humor apunta a los políticos ineficaces para encontrar a los culpables. Algo similar me ocurrió, como a muchos colegas, con el 11 de setiembre, pues la confusión reinante no permitía hacer fácilmente humor.
Los argentinos nos reímos de nosotros mismos, y somos tan autorreferenciales que nos gusta incluso que los extranjeros también lo hagan de nosotros. Lo que quizás explica ese egocentrismo es nuestra propia inseguridad y los chistes de políticos lo demuestran. Gran parte del humor nacional consiste en reírse del ser nacional. Paradójicamente, la sociedad, muy crítica de la clase política, no está preparada para aceptar su grado de responsabilidad en la formación de estos políticos que ella desprecia. En ello también se basa nuestra inmadurez.
Argentina es un país muy difícil de entender para sus propios conciudadanos y aún más para el extranjero. Por ello el chiste tiene un gran poder, el poder de la síntesis, aquella de la que todos se valen para entender más simplificadamente las cosas. Ese es el principal poder, y si bien yo trato de ser cauteloso con él, también trato de no ser demasiado consciente de ello, porque si no, perdería la ingenuidad imprescindible en el humor. Todos recibimos un aluvión de información, que además está fragmentada y direccionada, sea para la izquierda o la derecha del espectro político, por un grupo empresario fuerte o por un sindicato, por ejemplo. Esto hace que la síntesis, en la actualidad, en un país tan complejo, con muchos grupos de interés, sea más valiosa para el receptor de información. Esta síntesis le ayuda a clarificar sus ideas, a ver la realidad en forma más nítida. Y allí estamos nosotros, sintetizándola en un cuadro o una imagen, y con humor. (c) LA GACETA

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