La ley de Gresham rige igual para el idioma

Por Felix E. Herrera (Buenos Aires)

03 Agosto 2003
Director de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto Dessein. En L.G.L. del 06/07/03, la gran novelista Alicia Diaconú publicó el artículo "Intercambio de palabras". Lo leí con gran interés, entre otros motivos por su claridad expositiva. Deseando destacar sus méritos, ruego publicar este comentario.
En mi opinión se trata de un excelente artículo pues, a través de la computación y de la electrónica, su autora introduce al lector, desde el párrafo inicial, en ese complejo y cambiante mundo que es todo lenguaje. En particular, la lengua hablada y escrita que usamos es un ejemplo vivo de mi afirmación. Con carácter reciente, según lo observa la señora A.D., se incorporaron a nuestra habla innúmeros neologismos y desconcertantes polisemias, que se aglutinaron en un extraño argot, inaccesible para los que pertenecemos a la cofradía de las llamadas "personas mayores". Ignoraba yo, por ejemplo, el significado del vocablo "mediático".
Según la definición dada por A.D., es "alguien que aparece con frecuencia en los medios audiovisuales, sobre todo la televisión, y que ejerce atracción sobre el televidente". Los agentes mediáticos podrían cumplir un papel importante mejorando nuestro patrimonio lingüístico. Algunos lo hacen, pero la mayoría de ellos lo deteriora, sometiéndose de buen grado a una especie de "coloniaje idiomático" respecto de sus colegas estadounidenses. Un ejemplo concreto. El inglés en uso en los EE.UU. tiene para la ciudad bávara de Alemania München, la misma grafía que en español: Munich, y la pronuncian según su fonética, esto es, Miunich. Increíblemente, los mediáticos locales la reproducen en sus emisiones con idéntica pronunciación.
En este mismo rubro hay algo más grave. Desde que entramos al "primer mundo" con el ex presidente Menem, nuestro país es "Argentina" en lugar de ser "La Argentina". Nadie dice, por ejemplo, a la capital de la provincia de Buenos Aires "Plata" sino "La Plata".
En consecuencia, debemos nombrar siempre a nuestra patria con su forma correcta: "La Argentina". Señalo además que no pocos mediáticos locales de mucha audiencia corrompen día a día nuestra lengua con expresiones incorrectas, como "aunque querramos" en lugar de "aunque queramos", o como "si se haría" en vez de "si se hubiera hecho". Existe el gran peligro de que esas incorrecciones se vigoricen, pues la famosa ley económica de Gresham, "La mala moneda expulsa de la circulación a la buena", se aplica también a los idiomas.

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