03 Agosto 2003 Seguir en 

En los últimos siglos, muchos fueron los pensadores que conjeturaron que está cerca la fecha en que la historia no podrá ser escrita por falta de datos. Gibbon, en el siglo XVIII, pudo escribir su admirable "Declinación y caída" porque el tiempo (que según Borges también se llama olvido) había simplificado mucho las cosas.
Sin embargo, para Thérèse Delpech, especialista en cuestiones nucleares y de seguridad internacional, la historia se ha convertido en un verdadero tumulto de datos, fracturas y revoluciones. En los últimos diez años, por ejemplo, el mundo se ha tornado más imprevisible, más violento, más inseguro. En especial, luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001. Por eso ningún país se siente seguro, nadie está a salvo. La vulnerabilidad es universal. En su último libro, "Política del caos", Delpech considera a Asia la región más preocupante debido a las numerosas rivalidades entre naciones vecinas dotadas de armas nucleares. ¿Cuáles son los riesgos de una escalada en el subcontinente indio? ¿Se reunificará Corea? ¿Qué pasará con la imprevisible China? Lamentablemente, las grandes potencias no aprovecharon los primeros años posteriores a la Guerra Fría para construir un nuevo orden internacional. Concentradas en sus propios problemas, nunca elaboraron una política de seguridad colectiva. "Las armas biológicas no dejan de proliferar en el mundo. Tan sólo en Medio Oriente, una región de conflicto larvado permanente, Egipto, Siria, Libia, Irán, Irak e Israel son todos sospechosos de poseer capacidades biológicas ofensivas. Estas armas temibles, difíciles de controlar, tienen efectos tan solapados que es posible ignorar durante varias semanas el hecho de haber sido objeto de un ataque", sentencia Delpech en su libro que, más que un tratado político, es una suerte de tesis sobre el nuevo orden mundial. De allí que pueda ser leído casi con igual avidez tanto por expertos en el tema como por gente común.
Pero, además del peligro latente detrás de cada conflicto político, se encuentra otra amenaza disfrazada de modernidad. La globalización ha posibilitado la conexión entre distintos lugares del planeta, pero también ha restringido la capacidad de regulación de los Estados. Ahora esparcir armas es tan sencillo como diseminar información. La otra cara de la globalización es la aparición de formas inéditas de terrorismo ligadas al mundo musulmán. Son organizaciones con estructuras, métodos y blancos novedosos. Sus estrategias buscan únicamente la destrucción. El 11 de setiembre no sólo simboliza la violencia y el desorden de estos tiempos: también indica el nacimiento de esta "política del caos".
En escasas 90 páginas y con un lenguaje accesible, la autora no sólo concluye que los seres humanos siguen luchando y muriendo por ideas, sino que además plantea la necesidad de volver a las fuentes de la vida política, que no se encuentran en Maquiavelo sino en Platón. "?La República?, ¿será necesario recordarlo?, también tiene otro nombre: ?Acerca de la Justicia?", concluye Delpech. (c) LA GACETA
Sin embargo, para Thérèse Delpech, especialista en cuestiones nucleares y de seguridad internacional, la historia se ha convertido en un verdadero tumulto de datos, fracturas y revoluciones. En los últimos diez años, por ejemplo, el mundo se ha tornado más imprevisible, más violento, más inseguro. En especial, luego de los atentados del 11 de setiembre de 2001. Por eso ningún país se siente seguro, nadie está a salvo. La vulnerabilidad es universal. En su último libro, "Política del caos", Delpech considera a Asia la región más preocupante debido a las numerosas rivalidades entre naciones vecinas dotadas de armas nucleares. ¿Cuáles son los riesgos de una escalada en el subcontinente indio? ¿Se reunificará Corea? ¿Qué pasará con la imprevisible China? Lamentablemente, las grandes potencias no aprovecharon los primeros años posteriores a la Guerra Fría para construir un nuevo orden internacional. Concentradas en sus propios problemas, nunca elaboraron una política de seguridad colectiva. "Las armas biológicas no dejan de proliferar en el mundo. Tan sólo en Medio Oriente, una región de conflicto larvado permanente, Egipto, Siria, Libia, Irán, Irak e Israel son todos sospechosos de poseer capacidades biológicas ofensivas. Estas armas temibles, difíciles de controlar, tienen efectos tan solapados que es posible ignorar durante varias semanas el hecho de haber sido objeto de un ataque", sentencia Delpech en su libro que, más que un tratado político, es una suerte de tesis sobre el nuevo orden mundial. De allí que pueda ser leído casi con igual avidez tanto por expertos en el tema como por gente común.
Pero, además del peligro latente detrás de cada conflicto político, se encuentra otra amenaza disfrazada de modernidad. La globalización ha posibilitado la conexión entre distintos lugares del planeta, pero también ha restringido la capacidad de regulación de los Estados. Ahora esparcir armas es tan sencillo como diseminar información. La otra cara de la globalización es la aparición de formas inéditas de terrorismo ligadas al mundo musulmán. Son organizaciones con estructuras, métodos y blancos novedosos. Sus estrategias buscan únicamente la destrucción. El 11 de setiembre no sólo simboliza la violencia y el desorden de estos tiempos: también indica el nacimiento de esta "política del caos".
En escasas 90 páginas y con un lenguaje accesible, la autora no sólo concluye que los seres humanos siguen luchando y muriendo por ideas, sino que además plantea la necesidad de volver a las fuentes de la vida política, que no se encuentran en Maquiavelo sino en Platón. "?La República?, ¿será necesario recordarlo?, también tiene otro nombre: ?Acerca de la Justicia?", concluye Delpech. (c) LA GACETA
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