El humor y la política

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

03 Agosto 2003
El humor no transforma la realidad, no genera cambios sustanciales, no puede transformar lo malo en bueno. Si un dibujante retrata todos los días a un político está involuntariamente haciendo campaña; el humor no puede hacer caer a un presidente; es simplemente una distracción que descomprime tensiones.
Yo no hago chistes a favor o en contra de alguien o de algo, sino "sobre" alguien o algo. Mis dibujos no irritan, no tienen un humor destructivo. A tal punto que varios presidentes y políticos me han pedido los dibujos donde yo los caricaturizaba. A Illia lo dibujaba como una tortuga; a Onganía, como una morsa; y a Alsogaray, como un chancho. Recuerdo que Cámpora se ofendía porque lo dibujaba con muchas arrugas. Todo terminó cuando el entonces director de "Clarín", Octavio Frigerio, me pidió que lo dibujara con una arruga menos. Frondizi, Alfredo Palacios, Aramburu, Guido, el almirante Rojas y Menem son algunos de los hombres que atravesaron la escena política con mejor sentido del humor. Frondizi incluso llegó a colaborar en "Tía Vicenta", mi revista humorística, con un seudónimo: Domingo Faustino Cangallo.
El humor político es la forma de sintetizar una situación, de aclararla, de detectar los defectos de la realidad. También puede servir como terapia. Cualquier persona agobiada por la realidad puede digerirla mejor a través del humor. El chiste político se elabora a partir de la detección de un punto neurálgico de la realidad, y esto hace que sirva para su interpretación.
Después de seis décadas de hacer humor, creo que los argentinos vamos a poder seguir riéndonos. Pero también creo que muchos van a llorar. El gobierno ha abierto demasiados frentes y no creo que pueda con todos ellos.(c) LA GACETA

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