Historias con las cuales se identifican los argentinos

Por Juan Fernández Palacios

27 Julio 2003
El nombre de Roberto Fontanarrosa es inmediatamente asociado con dos de sus personajes de historieta: Boogie el aceitoso e Inodoro Pereyra. Pero Fontanarrosa no es sólo uno de los humoristas gráficos más populares del país, sino también un prolífico y talentoso escritor, con tres novelas y diez libros de cuentos en su haber. "Usted no me lo va a creer..." ocupa cómodamente los primeros puestos en las listas de bests sellers. Y esto tiene una explicación simple. Los cuentos de Fontanarrosa logran plasmar, a través de un lenguaje llano y ágil, historias con las que los argentinos nos sentimos inmediatamente identificados. El fútbol, la viveza criolla, el doble discurso, el machismo, la amistad y, por supuesto, el humor están presentes en sus relatos de una manera vívida. El tono coloquial del autor, el uso recurrente de diálogos, la familiaridad de los ambientes y los tipos humanos, los permanentes guiños generan una empatía automática del lector con el autor.
En "Abrazarte así", una variante vernácula de "Bola de sebo", el cuento de Maupassant, una mucama y una dueña de casa se ven hermanadas por los últimos capítulos de una telenovela cuyo final separará nuevamente, y esta vez de manera categórica, los dos mundos de las protagonistas. "Julito" construye progresiva e ingeniosamente un fresco del típico doble discurso argentino. En "Viejo con árbol" y en "Usted no me lo va a creer" el protagonista indirecto es el fútbol. "Mi amigo Mickey" y "El Hijo del Sheik" abordan la viveza y la mitomanía criollas. "Una noche en lo de Nela y El Gordo", "¿Nunca has corrido detrás de un ideal?", "Clase de modelo vivo" y "La solución de Sotelo" enfocan, desde variados puntos de vista, la difícil relación de los hombres y las mujeres.
Hay algunos cuentos que se deslizan hacia lo fantástico o fuera del ámbito local, convirtiéndose en excepciones dentro del conjunto, pero sin abandonar el estilo narrativo ni la óptica del narrador, que es marcadamente argentina. Y esta es la clave del efecto cautivante de los textos. La forma y no el fondo. El desacartonamiento, la calidez y la ductilidad de un narrador que se parece a un amigo contando una buena historia en un asado. (c) LA GACETA

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