04 Mayo 2003 Seguir en 

Director de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto Dessein. Debo reconocer el acierto que usted viene teniendo en su obra con el Suplemento en los últimos tiempos, en la maduración cincuentenaria de un espacio que dio lugar a las "Reflexiones sobre la crisis", de tan sustancial contenido en muchas de las colaboraciones que hemos leído. Y ahora, con la edición del domingo 20 de abril último, que ahonda en esa crisis mundial que devino enfrentamiento bélico en Irak, con proyecciones regionales y mundiales, un nuevo acierto que agradecemos.
De los cuatro artículos (el primero escrito por un palestino y un judío, y los otros por Martín Lozada, Patricia Kreibohm y Carlos Escudé en sendas interpretaciones de la realidad mundial en el contexto de la guerra y el terrorismo internacional) me referiré especialmente al suscrito por el último citado titulado "Guerra preventiva". Comenzaré diciendo que la palabra preventiva viene siendo utilizada en muchos campos y siempre referida a determinadas acciones anticipatorias de situaciones o circunstancias que, por negativas, deben ser previstas adecuadamente. La medicina preventiva, por caso, es el paradigma de un accionar nacido y encaminado a preservar la salud ligado a la política sanitaria de un gobierno, con sus campañas de vacunación masiva.
También en el terreno jurídico, lo preventivo ("embargo preventivo") se articula en defensa de un derecho patrimonial que el juez concede a petición de quien demanda y en la medida que prima facie encuentra verosimilitud en el planteo. Y así podríamos seguir, por ejemplo, con la seguridad ciudadana en el amplio campo de la "Defensa Civil", con disposiciones precisas y normas de seguridad preventiva. Hace algunos años, precisamente en el seno de las Naciones Unidas, se acuñó una expresión que alentó entusiastamente su secretario general Kofi Annan: "diplomacia preventiva".
Era un modo de afianzar aún más aquellos principios fundacionales de la ONU que privilegiaban de especial modo la actividad diplomática y el arreglo siempre pacífico de las controversias. Decir ahora que hay una categoría de guerra distinta, "preventiva", resulta extraño por no decir aberrante por las consecuencias que ello implica. ¿Preventiva de qué? De que pueda existir el riesgo de una "guerra holocáustica" (Escudé dixit). En todo el artículo de Carlos Escudé podemos advertir el entusiasmo de una pluma ágil, contundente y colorida. No tanto como cuando lo vemos en muchos programas televisivos de los que participa como invitado recurrentemente, donde despliega una avasallante catarata de argumentos que a la postre silencia a los contertulios del caso que, finalmente, lo dejan exponer hasta el acaloramiento y el final. Es bueno que haya participado en esta sección prestigiosa de LA GACETA y considero que será oportuno, también, que podamos acceder a ella con estas líneas que pretenden poner algunas cosas en su lugar.
Cuando Escudé se expresa como lo hace, da rienda suelta a un apego a los EE.UU. (las "relaciones carnales" de Di Tella) sobre cuyas razones resulta interesante indagar.
Una de ellas es que transcurrió sus primeros años de joven en aquel país y -según él mismo relata- sufrió los avatares de la Guerra Fría en tanto amenaza permanente desde el mundo comunista. Con esa vivencia, afianzando el razonamiento de los poderosos, manifiesta: "La guerra preventiva para desarmar a Estados exportadores de armas de destrucción masiva o de terrorismo se convierte en un imperativo categórico". Y agrega Escudé, muy suelto, increíblemente: "No hacerla es inmoral (sic) porque matemáticamente conduce a una guerra holocáustica que terminará con el Hombre".
Incursiona además en la significación de las Naciones Unidas, con un mensaje desalentador y sólo comprensible en la medida que justifica con tal entusiasmo el accionar de los EE.UU. que, en ánimo de denominarlo más ajustadamente a la realidad que quiere para ese país, lo llama insistentemente "hiperpotencia". Dice luego: "Es posible que la disposición norteamericana de actuar sin el respaldo de la ONU genere imitaciones de parte de otros países. En este caso la inseguridad internacional aumentará peligrosamente. Si, en cambio, los Estados Unidos logran disuadir a posibles imitadores, el mundo será más seguro que antes porque la hiperpotencia desarmará a Estados que exportan terrorismo y lucran con la proliferación de armas de destrucción masiva".
Quiero referirme al Escudé autor del libro "Estado del mundo" (1999). Debo decirlo, un importante instrumento para conocer y desentrañar muchos interrogantes sobre la política internacional, bien documentado y expuesto. Sólo cito: "En cualquier caso, no sólo puede darse por descontado que los EE.UU. también violan el tratado de 1972" (se refiere al tratado internacional que prohíbe el desarrollo de armas bacteriológicas).
Seguidamente: "Además (EE.UU.), en sus acusaciones a violadores del mismo (del tratado) los norteamericanos se concentran en sus adversarios y se muestran discretos frente a sus aliados, como señaló sin tapujos el Washington Post en abril de 1988".
En el capítulo "Un mundo de estándares múltiples" de su libro, Escudé, citando algunos casos (Kosovo, entre otros), expresa: "Los perpetradores de estas violaciones de derechos humanos son demasiado poderosos como para que Occidente interfiera en sus asuntos, y cuando la violación de la norma sea producida por el Estado norteamericano, británico, francés, o alguno de sus aliados estratégicos importantes, ni siquiera será registrada como tal por la mayoría de los occidentales." "Las transgresiones de las grandes potencias occidentales (cuánto más de la ?hiperpotencia?) y de sus principales aliados se pasarán por alto porque son estas quienes ejercen el poder de policía, y raramente se encarga el policía de su propia represión".
En el título "El estándar doble. La complicidad Norteamericana con Israel" Escudé afirma: "La potencia hegemónica que pretende ser la campeona de la democracia y de los derechos humanos en el mundo, y que selectivamente exporta rudamente estos principios, en el caso de Israel permite que la tortura ?moderada?, las detenciones administrativas sin juicio por tiempo indefinido, la toma de rehenes en territorio libanés y el despojo de la tierra a los árabes... se considere pertenecientes al ámbito exclusivo de los asuntos internos del Estado".
Sinceramente prefiero al Escudé condecorado con la "Orden de Bernardo O?Higgins por promover la paz entre Argentina y Chile" -como cita la solapa del libro referido, a su condición de autor del mismo, que recomiendo leer-, que al Escudé que se entrega al fatalismo de la historia escrita ya por la "Hiperpotencia", afirmando que si no hace la guerra preventiva "es inmoral".(c) LA GACETA
De los cuatro artículos (el primero escrito por un palestino y un judío, y los otros por Martín Lozada, Patricia Kreibohm y Carlos Escudé en sendas interpretaciones de la realidad mundial en el contexto de la guerra y el terrorismo internacional) me referiré especialmente al suscrito por el último citado titulado "Guerra preventiva". Comenzaré diciendo que la palabra preventiva viene siendo utilizada en muchos campos y siempre referida a determinadas acciones anticipatorias de situaciones o circunstancias que, por negativas, deben ser previstas adecuadamente. La medicina preventiva, por caso, es el paradigma de un accionar nacido y encaminado a preservar la salud ligado a la política sanitaria de un gobierno, con sus campañas de vacunación masiva.
También en el terreno jurídico, lo preventivo ("embargo preventivo") se articula en defensa de un derecho patrimonial que el juez concede a petición de quien demanda y en la medida que prima facie encuentra verosimilitud en el planteo. Y así podríamos seguir, por ejemplo, con la seguridad ciudadana en el amplio campo de la "Defensa Civil", con disposiciones precisas y normas de seguridad preventiva. Hace algunos años, precisamente en el seno de las Naciones Unidas, se acuñó una expresión que alentó entusiastamente su secretario general Kofi Annan: "diplomacia preventiva".
Era un modo de afianzar aún más aquellos principios fundacionales de la ONU que privilegiaban de especial modo la actividad diplomática y el arreglo siempre pacífico de las controversias. Decir ahora que hay una categoría de guerra distinta, "preventiva", resulta extraño por no decir aberrante por las consecuencias que ello implica. ¿Preventiva de qué? De que pueda existir el riesgo de una "guerra holocáustica" (Escudé dixit). En todo el artículo de Carlos Escudé podemos advertir el entusiasmo de una pluma ágil, contundente y colorida. No tanto como cuando lo vemos en muchos programas televisivos de los que participa como invitado recurrentemente, donde despliega una avasallante catarata de argumentos que a la postre silencia a los contertulios del caso que, finalmente, lo dejan exponer hasta el acaloramiento y el final. Es bueno que haya participado en esta sección prestigiosa de LA GACETA y considero que será oportuno, también, que podamos acceder a ella con estas líneas que pretenden poner algunas cosas en su lugar.
Cuando Escudé se expresa como lo hace, da rienda suelta a un apego a los EE.UU. (las "relaciones carnales" de Di Tella) sobre cuyas razones resulta interesante indagar.
Una de ellas es que transcurrió sus primeros años de joven en aquel país y -según él mismo relata- sufrió los avatares de la Guerra Fría en tanto amenaza permanente desde el mundo comunista. Con esa vivencia, afianzando el razonamiento de los poderosos, manifiesta: "La guerra preventiva para desarmar a Estados exportadores de armas de destrucción masiva o de terrorismo se convierte en un imperativo categórico". Y agrega Escudé, muy suelto, increíblemente: "No hacerla es inmoral (sic) porque matemáticamente conduce a una guerra holocáustica que terminará con el Hombre".
Incursiona además en la significación de las Naciones Unidas, con un mensaje desalentador y sólo comprensible en la medida que justifica con tal entusiasmo el accionar de los EE.UU. que, en ánimo de denominarlo más ajustadamente a la realidad que quiere para ese país, lo llama insistentemente "hiperpotencia". Dice luego: "Es posible que la disposición norteamericana de actuar sin el respaldo de la ONU genere imitaciones de parte de otros países. En este caso la inseguridad internacional aumentará peligrosamente. Si, en cambio, los Estados Unidos logran disuadir a posibles imitadores, el mundo será más seguro que antes porque la hiperpotencia desarmará a Estados que exportan terrorismo y lucran con la proliferación de armas de destrucción masiva".
Quiero referirme al Escudé autor del libro "Estado del mundo" (1999). Debo decirlo, un importante instrumento para conocer y desentrañar muchos interrogantes sobre la política internacional, bien documentado y expuesto. Sólo cito: "En cualquier caso, no sólo puede darse por descontado que los EE.UU. también violan el tratado de 1972" (se refiere al tratado internacional que prohíbe el desarrollo de armas bacteriológicas).
Seguidamente: "Además (EE.UU.), en sus acusaciones a violadores del mismo (del tratado) los norteamericanos se concentran en sus adversarios y se muestran discretos frente a sus aliados, como señaló sin tapujos el Washington Post en abril de 1988".
En el capítulo "Un mundo de estándares múltiples" de su libro, Escudé, citando algunos casos (Kosovo, entre otros), expresa: "Los perpetradores de estas violaciones de derechos humanos son demasiado poderosos como para que Occidente interfiera en sus asuntos, y cuando la violación de la norma sea producida por el Estado norteamericano, británico, francés, o alguno de sus aliados estratégicos importantes, ni siquiera será registrada como tal por la mayoría de los occidentales." "Las transgresiones de las grandes potencias occidentales (cuánto más de la ?hiperpotencia?) y de sus principales aliados se pasarán por alto porque son estas quienes ejercen el poder de policía, y raramente se encarga el policía de su propia represión".
En el título "El estándar doble. La complicidad Norteamericana con Israel" Escudé afirma: "La potencia hegemónica que pretende ser la campeona de la democracia y de los derechos humanos en el mundo, y que selectivamente exporta rudamente estos principios, en el caso de Israel permite que la tortura ?moderada?, las detenciones administrativas sin juicio por tiempo indefinido, la toma de rehenes en territorio libanés y el despojo de la tierra a los árabes... se considere pertenecientes al ámbito exclusivo de los asuntos internos del Estado".
Sinceramente prefiero al Escudé condecorado con la "Orden de Bernardo O?Higgins por promover la paz entre Argentina y Chile" -como cita la solapa del libro referido, a su condición de autor del mismo, que recomiendo leer-, que al Escudé que se entrega al fatalismo de la historia escrita ya por la "Hiperpotencia", afirmando que si no hace la guerra preventiva "es inmoral".(c) LA GACETA







