La Feria de los contrastes

Por Daniel Dessein, Para LA GACETA - BUENOS AIRES

27 Abril 2003
En la Feria del Libro de Buenos Aires, los números opacan a las letras. Un millón de visitantes; un millón de libros expuestos; 25.500 metros cuadrados de superficie; 1.348 expositores; 708 actos; 300 stands. Estas cifras intimidarían a cualquier topógrafo que quisiera delinear minuciosamente la superficie del territorio que ocupa esta megaexposición. El hecho de que lo que se expone allí sean libros, que apilados formarían una torre de 25.000 metros (373 veces más alta que el Obelisco) y que tardaríamos más de 1.000 años sin dormir en leerlos, torna más complejo todo intento de describir acabadamente a esta muestra. Como simple cronista, les propongo un breve e improvisado itinerario, además de algunas reflexiones, inevitablemente subjetivas.Mientras me acerco a la puerta principal, espero encontrarme a algún librero amigo que me oriente en esta Biblioteca de Babel, pero sólo me topo con el guardia que me pide la entrada para dejarme pasar. Lo primero que veo son los stands de Ediciones B y de la editorial Norma. El primero de ellos promociona con gigantografías, medio de promoción que es recurrente en la Feria, al libro "Argentinos", de Lanata (que encabeza las listas de best sellers, con más de 14.000 ejemplares vendidos); al último thriller jurídico de Grisham, "La citación"; al "Horóscopo chino", de Ludovica Squirru, y a los libros del gurú de la "New Age", Deepak Chopra. Norma destaca a "Santa Lilita", de Marta Dillon; a "Ultramar Sur", un libro de investigación sobre la fuga de jerarcas nazis a la Argentina y, al igual que su vecina, a Chopra.
Detrás de estos stands encontramos el de Alfaguara, que se encuentra flanqueado por los que ocupan los dos grupos editoriales más fuetes del país, Sudamericana y Planeta. Alfaguara apuesta todo a "El paraíso en la otra esquina", a su autor Vargas Llosa, la estrella de este año en la Feria, y a "Réquiem para un país perdido", el último libro de Tomás Eloy Martínez.
Sudamericana diversifica más sus ofertas. García Márquez e Isabel Allende, con sus recientes biografías, ocupan, naturalmente, lugares privilegiados en sus anaqueles. Sus últimas novedades, "El saqueo de la Argentina", de María Seoane; "La última noche de Juan Duarte", de Jorge Camarasa; la biografía de Mercedes Sosa y dos de los libros más vendidos a fines de 2002, "Crítica de las ideas políticas argentinas", de Sebreli, y "Mamá", de Jorge Fernández Díaz, también se encuentran destacados.
El grupo Planeta, que incluye a la tradicional Emecé, exhibe sus retoños más promisorios. "El secreto de los flamencos", de Andahazi; "Historia confidencial", de Pacho O?Donnel; José Ignacio García Hamilton y Felipe Pigna; "Operación Conejo Rojo", de Tom Clancy; los libros de Harry Potter y los de la saga de "El señor de los anillos". En los anaqueles conviven democráticamente Borges, Coelho, Sábato y Benedetti.
¿Cómo descubrir los verdaderos Evangelios entre millares de textos apócrifos? La mejor manera de esconder un buen libro es rodearlo de malos libros, convertirlos en agujas de un pajar literario, me revela un editor. La única brújula para orientarse es la publicidad. Elijo perderme, alejarme de las luces y los colores estridentes, y en pasillos periféricos, entre una infinidad de textos de jardinería, decoración, artes marciales, cocina, astrología, meditación trascendental y numerología tántrica, descubro algunas joyas. "El libro de las ilusiones" (Anagrama), la última novela de Paul Auster; "La Argentina y la tormenta del mundo" (Siglo XXI), el más reciente ensayo de Halperín Donghi; y "Mason y Dixon" (Tusquets), de Thomas Pynchon, el escritor que escribe hace medio siglo desde el más absoluto anonimato y cuyas únicas fotos conocidas son las del anuario de la secundaria; un buen contrapunto para los que se desviven por el público y las cámaras.
En los márgenes del gigantesco galpón de la Sociedad Rural, donde desde hace tres años tiene lugar la muestra, encuentro a una serie de escritores desconocidos, sentados frente a pequeñas mesas donde exponen libros que nadie compra, que nadie mira, esperando a improbables lectores para autografiarles sus ejemplares.
Entro a un salón de exposiciones donde un joven habla con un micrófono sobre un libro que sostiene en su mano, cuyo título no llego a distinguir y que, intuyo, es de su autoría. Lo curioso es que en el salón, antes de que yo entrara, había sentada una sola persona, una mujer mayor, la madre del autor tal vez. Estos escritores que publican libros que nadie lee, que hablan solos, son la contracara de los publicitados best sellers y de los actos multitudinarios que encabezan las grandes figuras.
Otro notorio contraste lo encontré en el stand de las provincias argentinas, donde se exponen textos de casi todas ellas. Los distintos anaqueles llevan el nombre de una provincia. Hay un conjunto de anaqueles completamente vacíos que resalta por sobre todos los demás. El de Tucumán. Nunca llegaron los libros, me dice uno de los encargados, mientras una docena de personas miran asombradas lo que parece una obra surrealista digna del museo Pompidou. Me pregunto si esta ausencia es una metáfora deliberada de una provincia que no tiene ya nada que mostrar, o que no se atreve a hacerlo, quizás como un luto simbólico por los 21 chicos que se nos murieron y que exhibimos al mundo (1).
Todo esto es la Feria. Presencias y ausencias, vedettes e ignotos, "best" y "worst sellers", Borges y Coelho, literatura y marketing, el millón de libros y el millón de visitantes en el país de los que ya no leen, un cambalache que probablemente explique un poco por qué en la Argentina la realidad se parece tanto a la ficción. (c) LA GACETA

1) Esto ocurría en el momento en que se redactaba esta nota, el domingo de Pascua, quinto día de la Feria, cuando ya habían concurrido unas 200.000 personas.

DANIEL DESSEIN.- Abogado, crítico literario. Su próximo libro es "Verdades y mentiras de la ficción".

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