El baile de la memoria de Isabel Allende

Para LA GACETA - TUCUMAN

27 Abril 2003
La cultura de masas ha generado una clase particular de literatura, caracterizada por su amplio consumo. Como ejemplo están los folletines de Alejandro Dumas en el siglo XIX y los libros de autoayuda en estos revulsivos comienzos de siglo. Textos que arman espacios de evasión y placer, que consuelan y entregan recetas. Las novelas semanales han educado sentimentalmente a muchas generaciones. Esta literatura de masas nos acerca problemáticas pero no nos desgarra; acusa injusticia sin ahondar cuestionamientos; da cuenta de los privilegios pero los acata; seduce y no subvierte el orden. La populosa obra de Isabel Allende juega en el delicado límite entre la literatura y lo que se ha denominado "paraliteratura". Pertenece asimismo a la región de escritura de mujeres caracterizada por una estrecha relación entre historia e Historia, familia y nación. Es indudable el valor pionero de una escritora que supo abrirse paso, con diversa suerte, entre los lectores y la academia. Pía Barros, una escritora chilena, hablando de su generación confiesa: "ella me y nos hizo visibles. Ella fue la punta de lanza que abrió camino para nosotras".
Se cuenta que Isabel Allende cumple con un ritual anual: cada 8 de enero emprende una nueva novela y, por lo visto, el conjuro da resultado. Su obra se desliza por variados recipientes: historias familiares, recetas de cocina, historias de amor, ficciones autobiográficas, historias para niños y adolescentes. El gesto histórico y testimonial siempre está subordinado al espacio de lo íntimo. "Sentir, saber y transmitir parecen constituir el trípode -términos cuyo orden puede alterarse- sobre el que se apoyan estos relatos", dice Natalia Ferro al referirse a las relaciones entre leyes de amor y fenómenos de mercado. Entre las escritoras y las "escribidoras", como el personaje de Vargas Llosa, estas autoras han arremetido con el campo literario, ganándose a los lectores con mundos seductores y estereotipados al mismo tiempo. (Entre otras Zoé Valdés, Angeles Mastretta, Gioconda Belli y, por supuesto, Allende).
Mi país inventado (Sudamericana-Buenos Aires 2003) es un libro sobre la patria imaginada y mitológica, un lugar de memoria que ha quedado congelado en el tiempo. "Tengo una imagen romántica de un Chile congelado al comienzo de la década de los setenta -confiesa la narradora-. Se arma con distintos géneros: el ensayo sobre la identidad nacional; la biografía familiar; la confesión, la historia intelectual". Todas estas modulaciones de la escritura se ensamblan de manera coloquial, abordando todo tipo de temas.La escritora se define como exiliada; se identifica con el gran poeta nacional de Chile, Pablo Neruda, apelando constantemente a sus textos: "por una razón u otra, yo soy un triste desterrado... siguen viviendo conmigo, allá, lejos, las esencias longitudinales de mi patria". Su mirada se mueve como una cámara; sus recuerdos de su relación con la patria reconstruyen el paisaje de la infancia, la juventud y su compromiso con la causa de las mujeres, sus providenciales inicios en el periodismo, sus matrimonios, su vinculación con su tío Salvador Allende y su vida actual en California, que se ha convertido en su lugar en el mundo.
Entrega fragmentos de su infancia, restos de su biografía engarzados en fragmentos de la historia: "Nací en medio de la humareda y mortandad de la Segunda Guerra Mundial y la mayor parte de mi juventud transcurrió esperando que el planeta volara en pedazos cuando alguien apretara distraídamente un botón y se dispararan las bombas atómicas. Nadie esperaba vivir muy largo; andábamos apurados tragándonos cada momento antes que nos sorprendiera el Apocalipsis, de modo que no había tiempo para examinar el propio ombligo y tomar notas, como se usa ahora. Además crecí en Santiago de Chile, donde cualquier tendencia natural hacia la auto-contemplación es cercenada en capullo".
Nos permite asomarnos a algunas fuentes de sus historias y personajes, en especial de La casa de los espíritus. Intenta una especie de tratado sobre Chile: geografías, historias, costumbres y creencias de su país. Se detiene en anécdotas sobre su excéntrico y estricto abuelo, quien pintó de negro los muebles de la casa para guardar el luto de su esposa; sus peculiares parientes; su abuela, quien sostenía que "el espacio está lleno de presencias, los muertos y los vivos, todos mezclados"; su madre.
Su intención al escribir este curioso libro fue crear "un espacio en el cual los hechos le sirvieran de apoyo para algo que no es nada más que un baile en la memoria". Su lectura de su país de infancia es dura: un mundo racista y cerrado, con una sociedad que es "como un pastel milhojas, ya que a cada ser humano le toca estar en su lugar y en su clase, marcado por su nacimiento"; atrasado y machista. "Es tanta la testosterona flotando en el aire, que es un milagro que a las mujeres no les salgan pelos en la cara". Rescata a las mujeres, de las que afirma, generalizando sin problemas: "En la juventud, las mujeres chilenas son amantes apasionadas y después son el pilar de su familia, buenas madres y buenas compañeras de hombres que a menudo no las merecen".
Isabel Allende no deja de incursionar en ningún tema con el desparpajo que da el dominio técnico de la escritura: desde las angustias de la vejez hasta la cocina, aprovechando para arremeter contra quienes se preocupan por el colesterol.Todo ello sin pretensión alguna de objetividad. Nos entrega sus mitologías privadas de Chile, al mismo tiempo que continúa alimentando su mito como escritora. Sus invenciones quedan subordinadas a la demostración de algunas tesis culturales, ilustraciones de un discurso disfórico sobre su tierra, al mismo tiempo que su escritura no adquiere la densidad de otros textos. Se adelgaza al extremo la palabra al igual que la fábula para ceder su espacio, el más común de los lugares, el lugar común. Los lectores nos quedamos con las ganas de escuchar más; lejos de su "baile de la memoria", como si en realidad sólo hubiéramos asistido a un ensayo. (c) LA GACETA.

CARMEN PERRILLI.- Doctora en Letras, profesora Titular de Literatura Hispanoamericana; investigadora CONICET. Su último libro es "Las ratas en la torre de Babel. La novela argentina entre 1982 y 1992", Ediciones Letra Buena, 1994.

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