27 Abril 2003 Seguir en 

Con su estilo habitual, tan próximo, tan prójimo, el título completo de este ya quinto volumen consecutivo que vuelve felizmente a ofrecernos el poeta Néstor Groppa sigue siendo en realidad, según reza la falsa portada, Anuarios con ciertos "poquísimos" nombres del tiempo. Aunque quizá la significación más nítida del contenido se logre con el no menos ineludible subtítulo: Una historia afectiva de San Salvador de Jujuy.
Porque aquí se vienen reuniendo, con reiterada devoción, pero también con una escrupulosa precisión, las bellas y tocantes crónicas que, durante muchas décadas, firmadas tan sólo con la minúscula inicial de su apellido (g), el autor fue dando a conocer en la excelente página literaria del diario "Pregón", la cual creó y condujo durante más de cuarenta años (1960-2001).
Surgidas como al paso, entre los mismos fraternales transeúntes a los cuales están cálidamente dirigidas, y que pueblan estas páginas con el mismo derecho que los árboles, los cielos, las casas, los objetos, las calles, las flores, las labores, los animales y el aire mismo, el clima mismo de la ciudad orgánica y viviente, estas crónicas que -por tan cercanas al más límpido lirismo- bien podríamos volver a aludir como poesía de circunstancias, se encarnan en un lenguaje a la vez discreto y contagioso, apasionado y transparente: "Bajaba un dulce río de albahaca / y sombra. / Un viñedo triste era la aurora". Que se nos manifiesta, de repente, seguro sin habérselo propuesto, aquí y allá, en los ricos modismos del lenguaje legítimamente popular, engarzados como joyas: por ejemplo "las constantes y motas agujas del tiempo", o también "Ocasiones no se sabe", o el bellísimo "viendo un lejos", galas vivas de la lengua viva, fruto y flor de lenguaje, concreciones palpitante del habla.
Y si el pasado vuelve, aquí, vuelve como presencia.
Y los rostros lejanos, ya borrados incluso, laten con la misma intensidad que las oleadas de presente.
Ese que nos lleva a seguir reclamando derechos ahora vapuleados: "trabajamos, /queremos el silencio posible". Y la belleza, siempre, esquiva e indeleble, se evidencia con calidades plásticas, visuales. Porque no se trata apenas de describir, citar, demostrar: "Estamos oyendo este trozo de tierra". La entrañable Jujuy, San Salvador de Jujuy, más vívida que nunca, encendida en la palabra justa y palpitante de un poeta: "La otra mitad del mundo donde sueñan las cosas". Nada menos.(c) LA GACETA
Porque aquí se vienen reuniendo, con reiterada devoción, pero también con una escrupulosa precisión, las bellas y tocantes crónicas que, durante muchas décadas, firmadas tan sólo con la minúscula inicial de su apellido (g), el autor fue dando a conocer en la excelente página literaria del diario "Pregón", la cual creó y condujo durante más de cuarenta años (1960-2001).
Surgidas como al paso, entre los mismos fraternales transeúntes a los cuales están cálidamente dirigidas, y que pueblan estas páginas con el mismo derecho que los árboles, los cielos, las casas, los objetos, las calles, las flores, las labores, los animales y el aire mismo, el clima mismo de la ciudad orgánica y viviente, estas crónicas que -por tan cercanas al más límpido lirismo- bien podríamos volver a aludir como poesía de circunstancias, se encarnan en un lenguaje a la vez discreto y contagioso, apasionado y transparente: "Bajaba un dulce río de albahaca / y sombra. / Un viñedo triste era la aurora". Que se nos manifiesta, de repente, seguro sin habérselo propuesto, aquí y allá, en los ricos modismos del lenguaje legítimamente popular, engarzados como joyas: por ejemplo "las constantes y motas agujas del tiempo", o también "Ocasiones no se sabe", o el bellísimo "viendo un lejos", galas vivas de la lengua viva, fruto y flor de lenguaje, concreciones palpitante del habla.
Y si el pasado vuelve, aquí, vuelve como presencia.
Y los rostros lejanos, ya borrados incluso, laten con la misma intensidad que las oleadas de presente.
Ese que nos lleva a seguir reclamando derechos ahora vapuleados: "trabajamos, /queremos el silencio posible". Y la belleza, siempre, esquiva e indeleble, se evidencia con calidades plásticas, visuales. Porque no se trata apenas de describir, citar, demostrar: "Estamos oyendo este trozo de tierra". La entrañable Jujuy, San Salvador de Jujuy, más vívida que nunca, encendida en la palabra justa y palpitante de un poeta: "La otra mitad del mundo donde sueñan las cosas". Nada menos.(c) LA GACETA







