20 Abril 2003 Seguir en 

"Matar y morir" es un ensayo sobre la violencia con raíces políticas en la Argentina, que aborda distintas etapas de nuestra historia, que se extienden desde las invasiones inglesas hasta 1980. La elección de este último año, en el que se detiene el libro, no es arbitraria. A partir de entonces no hubo hechos de violencia política de trascendencia, con la excepción del copamiento del regimiento de "La Tablada", un curioso y extemporáneo suceso de nuestra historia reciente.
En el primer capítulo, después de exponer los entretelones y los avatares de las invasiones inglesas, se enfoca la Revolución de Mayo, a través de un riguroso análisis que quiebra el mito del jacobinismo de los revolucionarios.
En otros tramos del libro, además de este, Vicente Massot brinda detalles que esclarecen episodios de nuestra historia que han sido parcialmente desdibujados por la "historia oficial". El autor nos muestra cómo la Historia de Mitre y Vicente Fidel López es, en muchos puntos, sesgada, ya que la violencia fue utilizada en forma igualmente arbitraria tanto por federales como por unitarios, y es esto lo que nos reflejan sus textos. Dos capítulos de sugerentes títulos ("La violencia de los bárbaros" y "La violencia de los civilizados"), en clara alusión a la dicotomía sarmientina, se refieren a los excesos de cada una de las facciones en nuestra guerra civil.
"La Semana trágica" y la tragedia de las huelgas patagónicas, que tuvieron lugar en el primer gobierno de Yrigoyen, son dos episodios sobre los que nos da cuenta el autor en otra parte de la obra. Massot señala que en los trece años en que el país fue gobernado por los conservadores (1930-1943), período convencionalmente llamado "La década infame" (denominación que el autor cuestiona) no hubo hechos de violencia ideológica de gran magnitud. Un punto de inflexión de nuestro país -apunta- lo marcó el gobierno de Perón, por el "antagonismo social e ideológico que fomentó". Se repasan el atentado de Plaza de Mayo en 1953; la reacción peronista que derivó en los incendios de la sede del Partido Socialista, la Casa Radical y el Jockey Club; el golpe fallido del 55; la quema de las iglesias; el derrocamiento de Perón.
El capítulo que puede suscitar mayores controversias es el que se dedica a la "guerra sucia". El autor sostiene que la amnistía de todos los líderes subversivos en mayo de 1973 fue lo que convenció a las Fuerzas Armadas de que no debían encarcelar a los miembros de las organizaciones subversivas, como lo había hecho Lanusse, sino hacerlos desaparecer. Algunas páginas se refieren a los hechos de Tucumán, y pueden resultar particularmente interesantes para el lector local.
Massot concluye que la violencia suele orientarse al mantenimiento o a la ruptura de un cierto orden y que la distinción entre violencia justa e injusta no es de suyo evidente. La violencia política marcó a fuego la historia argentina. Moreno y Liniers, Alzaga y Rivadavia, Lavalle y Rosas, Perón y Rojas, Videla y Santucho acudieron a ella para afirmar sus principios ideológicos. "Matar y morir" aborda con solvencia y rigor un tema, el de la violencia política, que no ha sido analizado en profundidad y que constituye una pieza esencial para comprender nuestro pasado y proyectar nuestro futuro. (c) LA GACETA
En el primer capítulo, después de exponer los entretelones y los avatares de las invasiones inglesas, se enfoca la Revolución de Mayo, a través de un riguroso análisis que quiebra el mito del jacobinismo de los revolucionarios.
En otros tramos del libro, además de este, Vicente Massot brinda detalles que esclarecen episodios de nuestra historia que han sido parcialmente desdibujados por la "historia oficial". El autor nos muestra cómo la Historia de Mitre y Vicente Fidel López es, en muchos puntos, sesgada, ya que la violencia fue utilizada en forma igualmente arbitraria tanto por federales como por unitarios, y es esto lo que nos reflejan sus textos. Dos capítulos de sugerentes títulos ("La violencia de los bárbaros" y "La violencia de los civilizados"), en clara alusión a la dicotomía sarmientina, se refieren a los excesos de cada una de las facciones en nuestra guerra civil.
"La Semana trágica" y la tragedia de las huelgas patagónicas, que tuvieron lugar en el primer gobierno de Yrigoyen, son dos episodios sobre los que nos da cuenta el autor en otra parte de la obra. Massot señala que en los trece años en que el país fue gobernado por los conservadores (1930-1943), período convencionalmente llamado "La década infame" (denominación que el autor cuestiona) no hubo hechos de violencia ideológica de gran magnitud. Un punto de inflexión de nuestro país -apunta- lo marcó el gobierno de Perón, por el "antagonismo social e ideológico que fomentó". Se repasan el atentado de Plaza de Mayo en 1953; la reacción peronista que derivó en los incendios de la sede del Partido Socialista, la Casa Radical y el Jockey Club; el golpe fallido del 55; la quema de las iglesias; el derrocamiento de Perón.
El capítulo que puede suscitar mayores controversias es el que se dedica a la "guerra sucia". El autor sostiene que la amnistía de todos los líderes subversivos en mayo de 1973 fue lo que convenció a las Fuerzas Armadas de que no debían encarcelar a los miembros de las organizaciones subversivas, como lo había hecho Lanusse, sino hacerlos desaparecer. Algunas páginas se refieren a los hechos de Tucumán, y pueden resultar particularmente interesantes para el lector local.
Massot concluye que la violencia suele orientarse al mantenimiento o a la ruptura de un cierto orden y que la distinción entre violencia justa e injusta no es de suyo evidente. La violencia política marcó a fuego la historia argentina. Moreno y Liniers, Alzaga y Rivadavia, Lavalle y Rosas, Perón y Rojas, Videla y Santucho acudieron a ella para afirmar sus principios ideológicos. "Matar y morir" aborda con solvencia y rigor un tema, el de la violencia política, que no ha sido analizado en profundidad y que constituye una pieza esencial para comprender nuestro pasado y proyectar nuestro futuro. (c) LA GACETA







