13 Abril 2003 Seguir en 

¿Quién era el inspector Maigret, aquel que comenzó a vivir en la novela Pierre le Letton, de 1929?
Fue uno de los más grandes detectives de la literatura policial. El mismo Simenon lo describe como un ser excesivamente pulcro, que cuidaba sus manos, iba siempre afeitado y vestía con pulcritud. Era grande y huesudo, pero de rostro vulgar. En el Departamento de Policía lo estimaban por tenaz e insobornable.
Sabían que el inspector Maigret no dejaba sin resolver los casos que le confiaban. Su inteligencia para "escarbar y descubrir" era semejante a la de un Monsieur Lecoq o un Sherlock Holmes.
Su insistencia no les iba en zaga a los razonamientos de un Hercule Poirot o a un Philip Marlowe, el exaltado personaje de Raymond Chandler.George Simenon, su creador, también era alto, musculoso y de ojos azules. Había nacido en Lieja el 13 de febrero de 1903. Pero el 13 "es un número que trae mala suerte", decía la madre, Henriette Brull, y fue anotado el jueves 12 de febrero de 1903. Había envejecido el mismo día en que nació.
Estudió en el Instituto Saint-André, donde se enseñaban la Biblia y los Mandamientos: "no matarás, no robarás". Y sólo faltaba a clase los días de lluvia, porque adoraba sus hilos acuosos, el crepitar de su caída y los sueños que ya elaboraba su mente de precoz escritor. A los 16 años ya era reportero de La Gazette de Lieja.
Era extremadamente celoso, y no permitía, en una fiesta, que Teresa, su mujer, bailara con otro. Consideraba que en el baile la pareja enlazada era el origen de una relación erótica.
El 26 de mayo de 1978, su hija Marie, de 25 años, se suicidó en París descerrajándose una bala en el corazón. Ella había estado internada varias veces, y su padre se inspiró en el hecho luctuoso para que el inspector Maigret, como expresaba la información periodística, investigara otro de sus apasionantes casos.
Así surgió La desaparición de Odile, que describe la vida de una joven que abandona a su familia y trata de suicidarse cortándose las venas. Indudablemente Simenon está relatando la vida de su hija y las internaciones psiquiátricas que ella padeció.
La muerte de su hija lo impulsó a dejar el castillo de Epalinges, en Suiza, donde vivía, para trasladarse con Teresa a Lausana.Y, además, dejó de escribir a máquina para valerse del grabador y concretar algunas circunstancias biográficas que pueden leerse en Un hombre como cualquiera (1974), redactado sin abandonar ninguna de las 24 pipas que adornaban su mesa de trabajo.
Esta muerte fue el final de las novelas protagonizadas por Maigret, y el comienzo de sus Memorias íntimas que enfocan su vida desde los 17 años, sin olvidarse de las "tres existencias" -dice Simenon- que tuvo con sus tres mujeres, de las cuales Teresa fue la última.
De esas memorias escribió 16 volúmenes, en uno de los cuales, ya mencionado, Un hombre como cualquiera, se presenta como un ciudadano igual que los demás, cuyo único mérito fue el de trabajar sin fatigarse y con la misma tenacidad de un Maigret.
Traducido a infinidad de lenguas, escribió 216 novelas, de las cuales 80 están dedicadas al inspector Maigret. Utilizó 17 seudónimos para aquellas otras en que no aparece su gran investigador.
Fue, sin lugar a dudas, un creador vertiginoso y gigantesco, que nunca descuidó el estilo. Cuidó sus adjetivos y los adverbios como un profesor que les teme a las trampas de la palabra.
Cuando le preguntaban qué libros suyos prefería, él se limitaba a decir que sus memorias eran realmente una novela policial, que se podían leer con el mismo suspenso que los volúmenes dedicados a Maigret. Pero a veces, en distintos reportajes, solía mencionar estos títulos: La neige était sale (La nieve estaba sucia), de 1948, Mon ami Maigret (mi amigo Maigret), de 1949, y Maigret et la Jeune Morte (Maigret y la Joven Muerte), de 1954, cuyo estilo había sido más perfecto.
George Simenon murió en Lausana a los 86 años, el 4 de setiembre de 1989.
(c) LA GACETA
Juan-Jacobo Bajarlía - Escritor, abogado criminalista, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores, premio Konex de Platino. Su último libro es Alejandra Pizarnik. Anatomía de un recuerdo (Almagesto, Buenos Aires, 1998).
Fue uno de los más grandes detectives de la literatura policial. El mismo Simenon lo describe como un ser excesivamente pulcro, que cuidaba sus manos, iba siempre afeitado y vestía con pulcritud. Era grande y huesudo, pero de rostro vulgar. En el Departamento de Policía lo estimaban por tenaz e insobornable.
Sabían que el inspector Maigret no dejaba sin resolver los casos que le confiaban. Su inteligencia para "escarbar y descubrir" era semejante a la de un Monsieur Lecoq o un Sherlock Holmes.
Su insistencia no les iba en zaga a los razonamientos de un Hercule Poirot o a un Philip Marlowe, el exaltado personaje de Raymond Chandler.George Simenon, su creador, también era alto, musculoso y de ojos azules. Había nacido en Lieja el 13 de febrero de 1903. Pero el 13 "es un número que trae mala suerte", decía la madre, Henriette Brull, y fue anotado el jueves 12 de febrero de 1903. Había envejecido el mismo día en que nació.
Estudió en el Instituto Saint-André, donde se enseñaban la Biblia y los Mandamientos: "no matarás, no robarás". Y sólo faltaba a clase los días de lluvia, porque adoraba sus hilos acuosos, el crepitar de su caída y los sueños que ya elaboraba su mente de precoz escritor. A los 16 años ya era reportero de La Gazette de Lieja.
Era extremadamente celoso, y no permitía, en una fiesta, que Teresa, su mujer, bailara con otro. Consideraba que en el baile la pareja enlazada era el origen de una relación erótica.
El 26 de mayo de 1978, su hija Marie, de 25 años, se suicidó en París descerrajándose una bala en el corazón. Ella había estado internada varias veces, y su padre se inspiró en el hecho luctuoso para que el inspector Maigret, como expresaba la información periodística, investigara otro de sus apasionantes casos.
Así surgió La desaparición de Odile, que describe la vida de una joven que abandona a su familia y trata de suicidarse cortándose las venas. Indudablemente Simenon está relatando la vida de su hija y las internaciones psiquiátricas que ella padeció.
La muerte de su hija lo impulsó a dejar el castillo de Epalinges, en Suiza, donde vivía, para trasladarse con Teresa a Lausana.Y, además, dejó de escribir a máquina para valerse del grabador y concretar algunas circunstancias biográficas que pueden leerse en Un hombre como cualquiera (1974), redactado sin abandonar ninguna de las 24 pipas que adornaban su mesa de trabajo.
Esta muerte fue el final de las novelas protagonizadas por Maigret, y el comienzo de sus Memorias íntimas que enfocan su vida desde los 17 años, sin olvidarse de las "tres existencias" -dice Simenon- que tuvo con sus tres mujeres, de las cuales Teresa fue la última.
De esas memorias escribió 16 volúmenes, en uno de los cuales, ya mencionado, Un hombre como cualquiera, se presenta como un ciudadano igual que los demás, cuyo único mérito fue el de trabajar sin fatigarse y con la misma tenacidad de un Maigret.
Traducido a infinidad de lenguas, escribió 216 novelas, de las cuales 80 están dedicadas al inspector Maigret. Utilizó 17 seudónimos para aquellas otras en que no aparece su gran investigador.
Fue, sin lugar a dudas, un creador vertiginoso y gigantesco, que nunca descuidó el estilo. Cuidó sus adjetivos y los adverbios como un profesor que les teme a las trampas de la palabra.
Cuando le preguntaban qué libros suyos prefería, él se limitaba a decir que sus memorias eran realmente una novela policial, que se podían leer con el mismo suspenso que los volúmenes dedicados a Maigret. Pero a veces, en distintos reportajes, solía mencionar estos títulos: La neige était sale (La nieve estaba sucia), de 1948, Mon ami Maigret (mi amigo Maigret), de 1949, y Maigret et la Jeune Morte (Maigret y la Joven Muerte), de 1954, cuyo estilo había sido más perfecto.
George Simenon murió en Lausana a los 86 años, el 4 de setiembre de 1989.
(c) LA GACETA
Juan-Jacobo Bajarlía - Escritor, abogado criminalista, vicepresidente de la Sociedad Argentina de Escritores, premio Konex de Platino. Su último libro es Alejandra Pizarnik. Anatomía de un recuerdo (Almagesto, Buenos Aires, 1998).







