15 Diciembre 2002 Seguir en 

El término "caudillo" definía a quien detentaba un poder delegado naturalmente por las masas populares. Protagonistas de la historia argentina desde que sus primeras páginas fueron escritas, legitimados como próceres o elevados a categoría de héroes, condenados como traidores o temidos como tiranos, gravitaron fundamentalmente en el desarrollo y la formación de nuestro país.
"La figura del caudillo es, sin lugar a duda, una de las más atractivas, pintorescas y controvertidas de la historia argentina". La frase, rescatada del prólogo, resume y anticipa claramente la temática de este libro. Tiene dos partes fundamentales. La primera está dedicada a exponer los antecedentes históricos, sociales, políticos y económicos desde el Descubrimiento de América. La segunda da cuenta de la vida, la muerte y las batallas de Artigas, Bustos, Azurduy, Güemes, López, Ramírez, Quiroga, Rosas, Peñaloza, Urquiza, Benavides, Varela, Yrigoyen y Perón.¿Quiénes fueron realmente? ¿Cuánto intervinieron e influenciaron en la historia argentina? ¿Cuánto edificaron y cuánto deshicieron?
Con un estilo que excede el estrictamente histórico-descriptivo, con una gran cantidad de detalles anecdóticos del más diverso género ("...Otro viajero, de apellido Andrews, destacó que en Santiago del Estero se usaban unas balsas para cruzar el Saladillo, las cuales estaban tiradas por mujeres enteramente desnudas que impulsaban la balsa a nado...") y con pequeños fragmentos novelados, el autor resuelve con dinamismo todos estos interrogantes.
A lo largo de nuestra historia, en muchos (casi todos) momentos de crisis, surgió una figura de inusuales cualidades capaz de hacerse cargo de un poder extraviado, no siempre con las dotes necesarias para ejercerlo correctamente, pero con una determinación innegable de hacer cumplir lo que creía, que incluso implicaba (y el final de la mayoría de los caudillos lo prueba) morir por esa causa. Esta última característica, probablemente la más destacable dentro de la cuestionable y compleja personalidad de los caudillos, sea la que necesitamos los argentinos que se encarne, desprovista de tintes mesiánicos (propios, también, de los caudillos), en nuestros dirigentes. Para que, de una vez, dejando sus intereses de lado, se decidan a entregar sus vidas para la reconstrucción nacional. El pueblo ya ha comenzado a hacerlo. (c) LA GACETA
"La figura del caudillo es, sin lugar a duda, una de las más atractivas, pintorescas y controvertidas de la historia argentina". La frase, rescatada del prólogo, resume y anticipa claramente la temática de este libro. Tiene dos partes fundamentales. La primera está dedicada a exponer los antecedentes históricos, sociales, políticos y económicos desde el Descubrimiento de América. La segunda da cuenta de la vida, la muerte y las batallas de Artigas, Bustos, Azurduy, Güemes, López, Ramírez, Quiroga, Rosas, Peñaloza, Urquiza, Benavides, Varela, Yrigoyen y Perón.¿Quiénes fueron realmente? ¿Cuánto intervinieron e influenciaron en la historia argentina? ¿Cuánto edificaron y cuánto deshicieron?
Con un estilo que excede el estrictamente histórico-descriptivo, con una gran cantidad de detalles anecdóticos del más diverso género ("...Otro viajero, de apellido Andrews, destacó que en Santiago del Estero se usaban unas balsas para cruzar el Saladillo, las cuales estaban tiradas por mujeres enteramente desnudas que impulsaban la balsa a nado...") y con pequeños fragmentos novelados, el autor resuelve con dinamismo todos estos interrogantes.
A lo largo de nuestra historia, en muchos (casi todos) momentos de crisis, surgió una figura de inusuales cualidades capaz de hacerse cargo de un poder extraviado, no siempre con las dotes necesarias para ejercerlo correctamente, pero con una determinación innegable de hacer cumplir lo que creía, que incluso implicaba (y el final de la mayoría de los caudillos lo prueba) morir por esa causa. Esta última característica, probablemente la más destacable dentro de la cuestionable y compleja personalidad de los caudillos, sea la que necesitamos los argentinos que se encarne, desprovista de tintes mesiánicos (propios, también, de los caudillos), en nuestros dirigentes. Para que, de una vez, dejando sus intereses de lado, se decidan a entregar sus vidas para la reconstrucción nacional. El pueblo ya ha comenzado a hacerlo. (c) LA GACETA







