Versión grotesca de ideas de grandes pensadores, en una prosa mortificante

Por Samuel Schkolnik

15 Diciembre 2002
Terremotos, pestes, guerras y hambrunas acompañan ominosamente la jornada del hombre en la Tierra. A esas no deseadas compañías, que pesan sobre las naciones, se suman las que obran sobre las personas, esto es, las mil y una formas del padecimiento que jalonan la biografía de cualquiera.
Los modos colectivos del mal, por otra parte, no eclipsan los modos personales; más bien se les añaden, y esa propiedad aditiva es uno de sus rasgos más característicos, de manera que la cruz con que cada cual ha de cargar es de naturaleza -como si dijéramos- mixta; algunas de sus vetas le son privativas, en tanto otras están hechas de la misma madera que dobla las espaldas de los demás. Se ha observado, por si no bastara, una desdichada desproporción de los bienes y los males, porque mientras no hay bien que no pueda ser aniquilado por una desgracia, abundan las desgracias que no pueden ser compensadas por bien alguno.
Yo no evocaría ahora estas tristísimas verdades, si no me valieran para mitigar el sufrimiento que me infirió el libro que hoy me toca comentar.
Dicho libro está compuesto de una prosa que mortifica los oídos; así los del cuerpo (por malsonante) como los del alma (por baladí). Doy sólo una muestra, por no agobiar a los lectores:
"El hombre puede contentarse con ser mosquito, cerrarse en su limitado mundo y sentirse seguro y cómodo. Pero jamás será halcón, jamás sobrevolará su propia estatura ni conocerá la inmensidad de los océanos ni la grandeza del cosmos dentro de la cual habrá de percibirse, pero esta vez creativamente, como mosquito".
Para colmo de males, el lector avisado no podrá evitar reconocer, en pasajes como el transcripto, una versión grotesca, como si se tratara de una caricatura, de ciertas ideas formuladas por grandes pensadores; para el caso -digamos- por Pascal.
Ahora bien, ¿qué puede significar el tormento de los lectores avisados, frente a las calamidades señaladas al principio? ¿Qué es una página del doctor Barylko ante la muerte de inocentes y el reinado universal de la injusticia? Nada, ciertamente, y sería por eso insensato mortificarse con los libros que dicho filósofo nos prodiga.
No hay que olvidar, en fin, que los caminos del Señor son inescrutables, y que quizás Su plan reserva al estiércol un lugar tan digno como el del Taj Mahal. Tal vez mirados desde la economía celeste los libros del doctor Barylko sean esenciales; tal vez sobrellevándolos pagamos el favor de contar con el libro de Job, con el Eclesiastés, con la Etica de Spinoza.(c) LA GACETA

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