15 Diciembre 2002 Seguir en 

En 1990, Reinaldo Arenas ponía fin a su vida por mano propia en Nueva York, ciudad donde residía desde 1980. Nacido en Cuba en 1943, colaboró con la revolución castrista pero posteriormente se desencantó de ella, motivo que le costó la cárcel durante dos años y lo decidió a exiliarse en los Estados Unidos. La lectura de esta novela -publicada en La Habana en 1972, luego en Nueva York en 1982 y ahora reeditada nuevamente- deja traslucir algunas de las razones que motivaron su espíritu sensible, sufrido e indomable al mismo tiempoLa novela está dividida en dos partes. En la primera, una voz de mujer narra mediante interminables frases cortas -y en un estilo denso casi abrumador, a lo largo de las primeras 158 páginas- las impresiones y los recuerdos causados por el paisaje rumbo a sus vacaciones en la playa, hacia donde viaja con su esposa y un pequeño hijo por pocos días. La presencia de un muchacho vecino de cabaña creará un triángulo especial, cerrando la trama. Esta situación, particularmente, está narrada desde la levedad de la sugerencia dando lugar a que el lector intuya o elucubre, convirtiéndose en un mérito del narrador. No es así en todos los aspectos. Obsesivamente descriptivo tanto en lo que la protagonista ve como en lo que imagina o recuerda, si las páginas de este libro se pusieran una a continuación de la otra compondrían un interminable friso de protestas dirigidas en parte a su marido, desde el feminismo o la realidad. Quizás se victimiza, desde el momento en que siente la maternidad como una carga, según lo describe, pero es indudable que sus razones son muchas veces atendibles. La obra toda es una proyección de las situaciones que vivió Arenas en la vida real. Este desencanto está contado desde la mujer, y la condición femenina se encuentra sabiamente perfilada hasta en los menores detalles. Nada escapa a este inventario que incluye la descripción minuciosa de un parto -el de su hijo-, la vestimenta, el aseo, etcétera. Sólo estarían de más algunas alusiones fisiológicas, innecesariamente explicitadas, porque no agregan nada a la intención del autor.
Los recuerdos aparecen mezclados con visiones, algunas producidas por la imaginación y otras puramente oníricas. En ellas, un dinosaurio se pasea entre los pinos que bordean la ruta al mar. O los combatientes de la guerrilla se transforman en personajes de la mitología griega (Menelao, Teseo, Antiloco, Príamo, Aquile, etc.) devenidos guerreros que protagonizan fantasías sexuales delirantes.
En la segunda parte, la voz narradora es la de Héctor, el esposo. Aquí cambia el estilo abruptamente. Numerosos poemas intercalados agilizan la lectura de las 216 páginas que componen esta parte, en el decir del poeta y revolucionario decepcionado, quien en forma alegórica narra la historia de Cuba y de sí mismo, con un final imprevisto. Más allá de la situación producida, real o no, quizás deba verse por encima de ella la encarnación de los deseos de pureza y libertad que anidan en el protagonista. Así, Reinaldo Arenas compone en Otra vez el mar una elaborada novela de innegable valor literario en la que proyecta alegóricamente sus deseos de libertad. (c) LA GACETA
Los recuerdos aparecen mezclados con visiones, algunas producidas por la imaginación y otras puramente oníricas. En ellas, un dinosaurio se pasea entre los pinos que bordean la ruta al mar. O los combatientes de la guerrilla se transforman en personajes de la mitología griega (Menelao, Teseo, Antiloco, Príamo, Aquile, etc.) devenidos guerreros que protagonizan fantasías sexuales delirantes.
En la segunda parte, la voz narradora es la de Héctor, el esposo. Aquí cambia el estilo abruptamente. Numerosos poemas intercalados agilizan la lectura de las 216 páginas que componen esta parte, en el decir del poeta y revolucionario decepcionado, quien en forma alegórica narra la historia de Cuba y de sí mismo, con un final imprevisto. Más allá de la situación producida, real o no, quizás deba verse por encima de ella la encarnación de los deseos de pureza y libertad que anidan en el protagonista. Así, Reinaldo Arenas compone en Otra vez el mar una elaborada novela de innegable valor literario en la que proyecta alegóricamente sus deseos de libertad. (c) LA GACETA







