La grave crisis planteada hoy en la seguridad civil

Investigación que indaga sin prejuicios el problema policial argentino.

08 Diciembre 2002
En los últimos tiempos la bibliografía sobre los temas de seguridad y, en especial, sobre la institución policial en la Argentina ha reunido una cantidad sin precedentes de ensayos e investigaciones que en su mayoría se circunscriben a períodos determinados o a casos donde la Policía Federal o la Bonaerense han sido causas de polémicas apenas acalladas por el tiempo. La investigación de Andersen -un periodista estadounidense con vasta experiencia y especialización, y no menor conocimiento de nuestro país, así como profesor de la Universidad de Nueva York y consultor del Departamento de Justicia de EE.UU.- es mucho más que eso, pues indaga en lo profundo de la crisis policial argentina y sus causas sin cargas ni prejuicios subjetivos. Consecuentemente, el resultado alcanza un interesante aporte del que no debe prescindir un juicio valorativo sobre la crisis de la seguridad civil en la Argentina.
Todo empeño por hallar una institución de nuestra vida pública, desde los tres poderes supremos de la Constitución para abajo, que no haya caído en el descrédito de la incapacidad y hasta de la corrupción será, sin duda, poco menos que vano, aunque que no siempre a medida de una justicia objetiva que reparta responsabilidades con equidad. Seguramente que la Policía Federal y la Bonaerense ocupan lugares preponderantes en ese orden de descrédito, pero no menos cierto es el grado instrumental que asumen ambas, cual otras provinciales, como dependencias de poderes políticos corruptos o incapaces de desenvolverse en el estado de derecho. Gran parte de ese desprestigio tiene origen al presente -señala Andersen- en el papel que les tocó en la lucha antiterrorista durante la década del 70, y cuya culminación, debe acotarse, se identifica con la militarización de la política y el Estado encapuchado.
Pero ese papel no es sino el capítulo final de un largo proceso que arrancó con la crisis del 6 de septiembre de 1930, y que condicionó la vigencia de la Constitución a las posibilidades del sistema autoritario y no al revés. Invariablemente, la institución policial fue así la herramienta coadyuvante a esa inversión de valores, inclusive durante la regencia de algunos gobiernos discutiblemente constitucionales. Pero, así como la sociedad compartió o consintió en mayor o menor grado esa larga connivencia militar y civil en el poder político, no ocurrió lo mismo con la institución policial, cuya misión fue dar cobertura de seguridad al régimen de turno. En términos generales -reflexiona el autor- la ausencia de juridicidad histórica y la militarización han creado una gran desconfianza en la comunidad para con su policía, sentimiento que se evidencia a veces incluso en momentos en que más se necesita la intervención policial.
El ensayo aporta por momentos ideas valiosas para la recuperación institucional de las policías cuando, por ejemplo, se advierte sobre la conveniencia de una nueva literatura sobre su papel en la sociedad democrática, ayudando así a fortalecer el control político, no partidista, de los gobernantes elegidos y a afianzar las responsabilidades frente a una ciudadanía que en el pasado quedó relegada a espectador pasivo. También la historia de la policía preexistente a la federal ocupa un lugar necesario en las 450 páginas de este ensayo e investigación con cuantiosa bibliografía nacional y extranjera, que rescata con éxito a personalidades y hechos señeros insuficientemente considerados a la hora de valorar una institución que no ha logrado escapar hasta el presente, como el resto del sector público, de una desconfianza social no pocas veces inmerecida.

(c) LA GACETA

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