01 Diciembre 2002 Seguir en 

Leopoldo Lugones aseguraba que la poesía es en esencia emoción y música. En este sentido, los cuatro primeros libros de poesía de Silvina Ocampo (1903-1993), reunidos en un primer tomo de Poesía Completa ("Enumeración de la Patria", "Espacios métricos", "Poemas de amor desesperado" y "Los nombres"), además de una serie de poemas traducidos del inglés publicados en Sur), responden a esta premisa. Poesía indiscutiblemente lírica, donde puede resaltarse una musicalidad en el modo de armonizar y articular los versos. El tono elegíaco de muchos de sus poemas se evidencia en lo evocativo. Recuerdo y nostalgia de lo perdido ("Retrato", "Evocación de Córdoba"); la muerte ("Epitafios") y poemas dedicados a personajes mitológicos, del arte y de la historia ("epístola a Giorgio de Chirico", "A Casandra") son algunos de los temas recurrentes.
En esta etapa que va de 1942 a 1953, Ocampo se entrega a un estilo clásico en cuanto a la forma poética se refiere. Contrariamente a lo que sucede con su cuentística, que revoluciona apelando a un registro muy personal y fuera de todo canon y de estéticas reinantes. Escribió Enrique Pezzoni que las narraciones de Ocampo son "textos irresistibles y anómalos, instalados en una suerte de ilegalidad". Y el lector debe olvidarse, según el crítico, de "rótulos y pactos de lectura consabidos". No se produce esta exigencia con este primer período de su poesía, dado que debe leérsela con la conciencia de un tejido clásico, avanzando sobre una rítmica pareja y sin desbordes.Silvina Ocampo es una de las grandes escritoras argentinas y ahondar en cada resquicio de su obra lleva a descubrir que ha sido dotada de un talento indiscutible para la escritura. A esto se suman su idoneidad y su cultura, que le han permitido un dominio poco común de la lengua, un despliegue de la metáfora y un sinnúmero de referentes eruditos enriquecedores. Quien realmente desee compenetrarse en su universo no debe evitar ninguna de sus expresiones. "Mi ausencia ahora ocupa mucho espacio", presagió en uno de sus versos. Y no hay equívoco. Su literatura abarca una geografía infinita de sentidos.
(c) LA GACETA
En esta etapa que va de 1942 a 1953, Ocampo se entrega a un estilo clásico en cuanto a la forma poética se refiere. Contrariamente a lo que sucede con su cuentística, que revoluciona apelando a un registro muy personal y fuera de todo canon y de estéticas reinantes. Escribió Enrique Pezzoni que las narraciones de Ocampo son "textos irresistibles y anómalos, instalados en una suerte de ilegalidad". Y el lector debe olvidarse, según el crítico, de "rótulos y pactos de lectura consabidos". No se produce esta exigencia con este primer período de su poesía, dado que debe leérsela con la conciencia de un tejido clásico, avanzando sobre una rítmica pareja y sin desbordes.Silvina Ocampo es una de las grandes escritoras argentinas y ahondar en cada resquicio de su obra lleva a descubrir que ha sido dotada de un talento indiscutible para la escritura. A esto se suman su idoneidad y su cultura, que le han permitido un dominio poco común de la lengua, un despliegue de la metáfora y un sinnúmero de referentes eruditos enriquecedores. Quien realmente desee compenetrarse en su universo no debe evitar ninguna de sus expresiones. "Mi ausencia ahora ocupa mucho espacio", presagió en uno de sus versos. Y no hay equívoco. Su literatura abarca una geografía infinita de sentidos.
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