01 Diciembre 2002 Seguir en 

Este libro reúne una serie de entrevistas de Oscar Salvadores, abogado y profesor de Derecho Penal de la Universidad de Lomas de Zamora, con Ricardo López Murphy, quien hace un exhaustivo análisis de los problemas fundamentales de nuestro país y expone sus propuestas políticas y económicas.
El economista hace un breve racconto histórico donde señala al distribucionismo estatal, que suplantó a la política económica que había convertido a la Argentina en una de las principales potencias del mundo, como causa de las distorsiones en la organización del aparato productivo y en la concepción cultural de lo que es justo. La coyuntura histórica que posibilitó su firme inserción con el peronismo no se repetiría más. "El Estado benefactor es un lujo de países de alto rendimiento... En un contexto de más de 5.000.000 de desocupados y subocupados, pretender que sea el Estado quien mágicamente le provea trabajo a cada una de esas personas es no comprender nada, ni de economía ni de política", afirma LM. Señala, asimismo, la responsabilidad de Menem en la gestación de la crisis y en la asociación, en el imaginario social, del liberalismo con muchos vicios de su gobierno, como el gasto público desmedido, el endeudamiento imprudente, la corrupción y la ineficiencia crónica en la recaudación.El ex ministro sostiene que las ventajas del liberalismo y de la economía capitalista se advierten con claridad en la comparación de las dos Alemanias o de las dos Coreas, donde no se pueden poner excusas de que existen diferencias geográficas, históricas o culturales. "No existe en el mundo otro modelo exitoso... Se debe profundizar la apertura económica... El proteccionismo trajo medio siglo de fracasos en la Argentina", sentencia. Afirma que el Estado debe existir y ser vigoroso; pero que no debe desviarse afrontando empresas que pueden ser realizadas por particulares. Debe, a su juicio, ocuparse de la seguridad, la salud, la implementación de políticas inclusivas para los marginados, de igualar oportunidades, de aquello que no atrae al mercado y es necesario para el desenvolvimiento armónico de la sociedad.
López Murphy expone lo que considera patologías culturales argentinas que deben ser extirpadas: la celebración del incumplimiento de la ley; la construcción de teorías conspirativas (la "sinarquía", las malvadas multinacionales) y la percepción del éxito económico como fruto del azar y no del esfuerzo.
Sus propuestas apuntan al logro de algunos objetivos básicos: restaurar la confianza; sanear la economía; reconstruir el Estado; recrear el liderazgo. Regenerar la confianza despejando la incertidumbre política es para L.M. esencial para captar inversiones, a las que considera la única herramienta capaz de producir desarrollo económico. Para ello es necesario -sostiene- establecer reglas de juego claras, conocidas, comprendidas, respetadas, defendidas y perdurables en el tiempo. Eso implica un estricto cumplimiento de la ley.
En materia económica propone una política monetaria austera; la autonomía de la autoridad monetaria; la eliminación de los bonos provinciales; austeridad en los gastos estatales; equilibrio fiscal; una intensa promoción de las exportaciones y una política económica anticíclica.
Con respecto a la Universidad pública, sostiene que en un país donde la mitad de su población es pobre no es razonable que recursos que podrían ser destinados a paliar esa situación sean utilizados para solventar los estudios de alumnos que fueron a colegios privados. En política exterior cree que la Argentina debe profundizar la integración regional para tener más peso en el escenario internacional.
López Murphy se muestra optimista en relación con el futuro de la Argentina. Sostiene que, un país de las dimensiones del nuestro, con una relativamente escasa población y con enormes recursos naturales inexplotados, debería funcionar bien. Para ello es imprescindible, dentro de su concepción, recuperar la confianza para atraer capital extranjero y, sobre todo, el que está en el país y los 140.000 millones de dólares argentinos depositados en el exterior.
Si algo distingue a López Murphy de los otros potenciales candidatos presidenciales (con la excepción de Terragno) son la solidez y la coherencia de su discurso, la claridad y la seriedad de su propuesta, la profundidad de sus análisis. Sin embargo las encuestas sugieren que el electorado sigue prefiriendo a los exponentes de la "vieja política", construida con eslóganes simples, con indefiniciones y ambigüedades, con contradicciones, con sonrisas inexplicables, con fórmulas mágicas.
(c) LA GACETA
El economista hace un breve racconto histórico donde señala al distribucionismo estatal, que suplantó a la política económica que había convertido a la Argentina en una de las principales potencias del mundo, como causa de las distorsiones en la organización del aparato productivo y en la concepción cultural de lo que es justo. La coyuntura histórica que posibilitó su firme inserción con el peronismo no se repetiría más. "El Estado benefactor es un lujo de países de alto rendimiento... En un contexto de más de 5.000.000 de desocupados y subocupados, pretender que sea el Estado quien mágicamente le provea trabajo a cada una de esas personas es no comprender nada, ni de economía ni de política", afirma LM. Señala, asimismo, la responsabilidad de Menem en la gestación de la crisis y en la asociación, en el imaginario social, del liberalismo con muchos vicios de su gobierno, como el gasto público desmedido, el endeudamiento imprudente, la corrupción y la ineficiencia crónica en la recaudación.El ex ministro sostiene que las ventajas del liberalismo y de la economía capitalista se advierten con claridad en la comparación de las dos Alemanias o de las dos Coreas, donde no se pueden poner excusas de que existen diferencias geográficas, históricas o culturales. "No existe en el mundo otro modelo exitoso... Se debe profundizar la apertura económica... El proteccionismo trajo medio siglo de fracasos en la Argentina", sentencia. Afirma que el Estado debe existir y ser vigoroso; pero que no debe desviarse afrontando empresas que pueden ser realizadas por particulares. Debe, a su juicio, ocuparse de la seguridad, la salud, la implementación de políticas inclusivas para los marginados, de igualar oportunidades, de aquello que no atrae al mercado y es necesario para el desenvolvimiento armónico de la sociedad.
López Murphy expone lo que considera patologías culturales argentinas que deben ser extirpadas: la celebración del incumplimiento de la ley; la construcción de teorías conspirativas (la "sinarquía", las malvadas multinacionales) y la percepción del éxito económico como fruto del azar y no del esfuerzo.
Sus propuestas apuntan al logro de algunos objetivos básicos: restaurar la confianza; sanear la economía; reconstruir el Estado; recrear el liderazgo. Regenerar la confianza despejando la incertidumbre política es para L.M. esencial para captar inversiones, a las que considera la única herramienta capaz de producir desarrollo económico. Para ello es necesario -sostiene- establecer reglas de juego claras, conocidas, comprendidas, respetadas, defendidas y perdurables en el tiempo. Eso implica un estricto cumplimiento de la ley.
En materia económica propone una política monetaria austera; la autonomía de la autoridad monetaria; la eliminación de los bonos provinciales; austeridad en los gastos estatales; equilibrio fiscal; una intensa promoción de las exportaciones y una política económica anticíclica.
Con respecto a la Universidad pública, sostiene que en un país donde la mitad de su población es pobre no es razonable que recursos que podrían ser destinados a paliar esa situación sean utilizados para solventar los estudios de alumnos que fueron a colegios privados. En política exterior cree que la Argentina debe profundizar la integración regional para tener más peso en el escenario internacional.
López Murphy se muestra optimista en relación con el futuro de la Argentina. Sostiene que, un país de las dimensiones del nuestro, con una relativamente escasa población y con enormes recursos naturales inexplotados, debería funcionar bien. Para ello es imprescindible, dentro de su concepción, recuperar la confianza para atraer capital extranjero y, sobre todo, el que está en el país y los 140.000 millones de dólares argentinos depositados en el exterior.
Si algo distingue a López Murphy de los otros potenciales candidatos presidenciales (con la excepción de Terragno) son la solidez y la coherencia de su discurso, la claridad y la seriedad de su propuesta, la profundidad de sus análisis. Sin embargo las encuestas sugieren que el electorado sigue prefiriendo a los exponentes de la "vieja política", construida con eslóganes simples, con indefiniciones y ambigüedades, con contradicciones, con sonrisas inexplicables, con fórmulas mágicas.
(c) LA GACETA







