Reinventarnos en la penuria

Por Pedro J. Frías*
Para LA GACETA - CORDOBA.

17 Noviembre 2002
Circunscribo mi reflexión y mi propuesta a un doble desafío de la penuria en que hemos caído: penuria económica e institucional. La crisis no nos niega la posibilidad de superarla, pero tenemos que cambiar.
Al filósofo español Juan Luis Aranguren aconsejaba a los europeos enriquecidos del Mercado Común, a reorientar sus deseos a los bienes inmateriales. ¿Reorientar los deseos? Claro que sí, porque el hombre es sujeto de deseos y es difícil cancelarlos. ¿A los bienes inmateriales? Por cierto, porque no cuestan. Pensemos: nuestro desempeño personal, ¿no puede superar alguna mediocridad? Nuestras relaciones de familia, ¿no alcanzarían si modificamos algún egoísmo a la plenitud posible? Y nuestra vinculación con los vecinos, los compañeros, ¿podrían con alguna mayor generosidad nuestra ser mejores? ¿Y la cultura general, para cuándo? La cultura general no es cultura literaria: es preparación para la vida, para estar a la altura de nuestro tiempo que multiplica los desafíos.
Son muy ricas las posibilidades de este entrenamiento que si se generalizara, crearía en nuestro pueblo un taller de la conciencia. Porque como hemos perdido valores, tenemos que hacer hablar a nuestra conciencia. Hay tres valores a rescatar: la cultura del trabajo, porque otros pueblos trabajan con denuedo y nosotros no; por eso perdimos competitividad y así nos fue. Cuando viví en Bélgica y en Roma me sorprendía lo mucho que trabajaban. Aquí, la civilización del ocio se instaló prematuramente. A partir de 1880, cuando la Argentina se va transformando en el granero del mundo, la clase alta abandona sus responsabilidades sociales y políticas, y para peor confunde cultura con refinamiento. El populismo instaló luego nomás la civilización del ocio en la clase media y en la trabajadora. Así nos fue. En segundo término, y por la misma razón, hay que rescatar la cultura del ahorro, muy débil en la Argentina. En tercer lugar, no se nos pide menos que esto: embarcarnos en emprendimientos de riesgo. Como todo esto falta, algunas provincias están en insolvencia, con pocas posibilidades de superarla. Otto Klauss advirtió que la economía de mercado no vuelve sin estos tres factores, y señalaba que sólo gobiernos de alto consenso lo pueden lograr, pero no los hay. ¿Y lo habrá el año próximo?
Veamos ahora cómo salir de la penuria constitucional, a medida que se superen ciertas situaciones. La seguridad jurídica está destruida en la Argentina. Y sin seguridad jurídica no hay crecimiento económico porque nadie invierte donde no se respetan las reglas. La seguridad de que las leyes rigen la vida cotidiana es la que permite prever el resultado de mis actos y el de mi competidor también. Pero es cierto que no es la primera vez que se ha estafado a los ahorristas, pero nunca tanto como ahora.
Para superar la penuria institucional, reforma del Estado también, que tarda a pesar de que está en la boca de todos: menor gasto público, más eficiente y más transparente. La economía aconseja legislaturas unicamerales en las provincias, desempeño de los concejales ad honorem, como lo hacen en la sociedad civil tantos dirigentes. La reforma del Estado puede valerse del asociacionismo, con sus variantes: cooperación en diversos grados, como está ocurriendo, cuando un consorcio de municipios pone sus máquinas a mutuo servicio. Esta voluntad de asociación va creciendo entre nosotros y no necesita llegar a la fusión de ciudades o de provincias, aunque el proyecto Neuquén-Río Negro nos aliente.
En tercer lugar, la penuria institucional nos exige una reforma política que ha quedado a medias: no cambia el sistema electoral, las elecciones internas abiertas y simultáneas están discutidas, y las campañas siguen en auge con gran costo porque la picardía criolla dice que las campañas restringidas por la ley son las que empiezan después de las internas.
Hay mucho más todavía, pero de la corrupción he hablado otras veces. Yo creía saber todo de la "mordida" mexicana y de la "tangente" italiana. Pero el sistema argentino es más diversificado.Soy un "optimista sin ilusiones", como decía Pascal. Basta de ilusiones pero sí optimismo porque con entereza y esfuerzo todo cambiará.

(c) LA GACETA.

* El autor es abogado constitucionalista, presidente honorario de la Academia de Derecho de Córdoba y de la Asociación Argentina de Derecho Constitucional. Su último libro es Protagonistas del siglo que pasó (El Copista, Córdoba, 2001)

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