17 Noviembre 2002 Seguir en 

Este volumen reúne siete trabajos de dos importantes especialistas en la cultura de la antigua Grecia.
Los cinco primeros corresponden a Vernant y se refieren a: "El momento histórico de la tragedia en Grecia: algunos condicionamientos sociales y psicológicos"; "Tensiones y ambigüedades en la tragedia griega"; "Esbozos de la voluntad en la tragedia griega"; "Edipo sin complejos"; "Ambigüedad e inversión, Sobre la estructura enigmática del Edipo Rey".
A su vez, Naquet trata los temas de "Caza y sacrificio en la Orestíada de Esquilo" y "El Filoctetes de Sófocles y la efebía". Ambos autores tienen un reconocido prestigio en el campo de sus investigaciones, pero la diferencia estriba en que Vernant escribe como un escritor y Naquet como un erudito.Los cinco primeros estudios sobre la tragedia tienen una especial referencia al texto y al contexto del Edipo Rey de Sófocles. Términos como tensión, contradicción, ambigüedad, perplejidad, conflicto, aparecen continuamente para caracterizar tanto a la obra como a sus protagonistas, pues la tragedia nace al mismo tiempo que comienza la filosofía en Grecia.
Dos modos de conocer y de pensar, dos sistemas de valores, el relato y la argumentación racional coinciden en el mismo tiempo.
Por una parte, los argumentos de las tragedias provienen siempre de relatos míticos que narran acontecimientos ocurridos en un tiempo primordial e indefinido que, sin embargo, los espectadores tienen presente.
Los personajes son dioses, reyes, héroes, que hablan a un público de "burgueses", es decir, a los ciudadanos de una democracia. El protagonista dialoga con el coro que, en cierto modo, representa la voz del pueblo. La tensión se produce necesariamente. El lenguaje se torna ambiguo, en cuanto están presentes dos sistemas de valores diferentes.
Por otra parte la tensión también está presente en el interior del personaje; este piensa, analiza sus acciones y sus decisiones, cavila ante el resultado de sus actos, pero al mismo tiempo sabe que su destino, como el del universo, está regido por leyes oscuras para el hombre, poderes que emanan de los dioses, que los humanos no pueden controlar ni explicar racionalmente. Dice el autor: "En el nuevo marco del juego trágico, el héroe ha dejado, por tanto, de ser un modelo; se ha convertido, para él mismo y para los demás, en un problema". ¿Hasta qué punto es responsable de sus actos?
Vernant nos aclara que en griego no hay una palabra que equivalga al término "voluntad". En sus citas de Aristóteles muestra cómo el deseo busca a la razón para lograr sus fines y de allí surge necesariamente la decisión. Lo cual está bastante lejos de la noción de libertad o de libre arbitrio en Descartes y sus sucesores. Sin embargo, el autor reconoce "esbozos" de la voluntad en la tragedia griega, en los que la decisión del sujeto coincide con la de los dioses. Recordemos, por ejemplo, el afán de Edipo por descubrir el origen de la mancha que se extiende sobre la ciudad. Investiga una culpa sin saber que el culpable es él mismo. De allí las inversiones temporales en la estructura de la obra y la ambigüedad en los diálogos.
Con respecto a la interpretación freudiana, dice Vernant: "Una obra literaria que pertenece a la cultura de la Atenas del siglo V a. de C. Y que transpone en sí misma de forma muy libre una leyenda tebana mucho más antigua, anterior al régimen de la ciudad ¿puede confirmar en algo las observaciones de un médico de principios del siglo XX sobre los pacientes que frecuentan su consulta? Evidentemente Freud no era un helenista ni un investigador de la psicología histórica."
Evidentemente si recordamos el argumento de la tragedia o el mito no encontramos nada que no permita creer que Edipo quiere matar a su padre. Todo lo contrario: al conocer la respuesta del oráculo abandona su casa para evitar que se cumpla, pero en el camino y en defensa propia mata a un desconocido. Tampoco desea casarse con Yocasta: lo hace como una exigencia del pueblo para acceder al reinado. Quizás el pecado de Edipo, como el de Agamenón, seala hybris, la desmesura tan temida por los griegos.
(c) LA GACETA
Los cinco primeros corresponden a Vernant y se refieren a: "El momento histórico de la tragedia en Grecia: algunos condicionamientos sociales y psicológicos"; "Tensiones y ambigüedades en la tragedia griega"; "Esbozos de la voluntad en la tragedia griega"; "Edipo sin complejos"; "Ambigüedad e inversión, Sobre la estructura enigmática del Edipo Rey".
A su vez, Naquet trata los temas de "Caza y sacrificio en la Orestíada de Esquilo" y "El Filoctetes de Sófocles y la efebía". Ambos autores tienen un reconocido prestigio en el campo de sus investigaciones, pero la diferencia estriba en que Vernant escribe como un escritor y Naquet como un erudito.Los cinco primeros estudios sobre la tragedia tienen una especial referencia al texto y al contexto del Edipo Rey de Sófocles. Términos como tensión, contradicción, ambigüedad, perplejidad, conflicto, aparecen continuamente para caracterizar tanto a la obra como a sus protagonistas, pues la tragedia nace al mismo tiempo que comienza la filosofía en Grecia.
Dos modos de conocer y de pensar, dos sistemas de valores, el relato y la argumentación racional coinciden en el mismo tiempo.
Por una parte, los argumentos de las tragedias provienen siempre de relatos míticos que narran acontecimientos ocurridos en un tiempo primordial e indefinido que, sin embargo, los espectadores tienen presente.
Los personajes son dioses, reyes, héroes, que hablan a un público de "burgueses", es decir, a los ciudadanos de una democracia. El protagonista dialoga con el coro que, en cierto modo, representa la voz del pueblo. La tensión se produce necesariamente. El lenguaje se torna ambiguo, en cuanto están presentes dos sistemas de valores diferentes.
Por otra parte la tensión también está presente en el interior del personaje; este piensa, analiza sus acciones y sus decisiones, cavila ante el resultado de sus actos, pero al mismo tiempo sabe que su destino, como el del universo, está regido por leyes oscuras para el hombre, poderes que emanan de los dioses, que los humanos no pueden controlar ni explicar racionalmente. Dice el autor: "En el nuevo marco del juego trágico, el héroe ha dejado, por tanto, de ser un modelo; se ha convertido, para él mismo y para los demás, en un problema". ¿Hasta qué punto es responsable de sus actos?
Vernant nos aclara que en griego no hay una palabra que equivalga al término "voluntad". En sus citas de Aristóteles muestra cómo el deseo busca a la razón para lograr sus fines y de allí surge necesariamente la decisión. Lo cual está bastante lejos de la noción de libertad o de libre arbitrio en Descartes y sus sucesores. Sin embargo, el autor reconoce "esbozos" de la voluntad en la tragedia griega, en los que la decisión del sujeto coincide con la de los dioses. Recordemos, por ejemplo, el afán de Edipo por descubrir el origen de la mancha que se extiende sobre la ciudad. Investiga una culpa sin saber que el culpable es él mismo. De allí las inversiones temporales en la estructura de la obra y la ambigüedad en los diálogos.
Con respecto a la interpretación freudiana, dice Vernant: "Una obra literaria que pertenece a la cultura de la Atenas del siglo V a. de C. Y que transpone en sí misma de forma muy libre una leyenda tebana mucho más antigua, anterior al régimen de la ciudad ¿puede confirmar en algo las observaciones de un médico de principios del siglo XX sobre los pacientes que frecuentan su consulta? Evidentemente Freud no era un helenista ni un investigador de la psicología histórica."
Evidentemente si recordamos el argumento de la tragedia o el mito no encontramos nada que no permita creer que Edipo quiere matar a su padre. Todo lo contrario: al conocer la respuesta del oráculo abandona su casa para evitar que se cumpla, pero en el camino y en defensa propia mata a un desconocido. Tampoco desea casarse con Yocasta: lo hace como una exigencia del pueblo para acceder al reinado. Quizás el pecado de Edipo, como el de Agamenón, seala hybris, la desmesura tan temida por los griegos.
(c) LA GACETA







