Y todo por haber equivocado la dirección de una Academia

Por Eduardo Dessein (Buenos Aires)

03 Noviembre 2002
Director de LA GACETA Literaria, Daniel Alberto Dessein. Peltzer y Modern siguen quejándose como vírgenes ultrajadas y ¡hasta en verso! por mi frase: "Sólo cuarenta años después, en 1977, Victoria entró en la alicaída Academia Argentina de Letras, que pernocta en la elegante Avenida Alvear", (ver "Polémica" del 27 de octubre de 2002). El tono con que aludí a los excesivos cuarenta años de espera impuestos a esa escritora y su obra, era tenue en comparación con las mortales ironías sobre los académicos de clásicos como Molière y modernos como Sacha Guitry, en su película "El frac verde".P. y M. no dijeron palabra al respecto, para nada interesados en Victoria Ocampo ni en su revista ni en su editorial. Su ira explotó porque equivoqué el horario y la dirección de la Academia y dictaminaron: "Alguien que se precie de crítico está obligado a sopesar las palabras que emplea, no lanzarlas alegre y arbitrariamente al espacio público".
Agregando que "no se debe ejercer la crítica con relación a aquello que no se conoce".Considero -lo de lanzar palabras al espacio público me parece demasiado municipal- que sostener que alguien se transforma en un mal crítico porque equivoca la dirección de una repartición nacional, es su demencial disparate.
Me equivoqué, ni siquiera advertí la dirección en la invitación que me envió el mismo M. a la recepción de un nuevo académico. Mientras la Academia está en S. de Bustamante 2663 yo la ubicaba en Avenida Alvear 1711, residencia de las Academias Nacionales de Agronomía y Veterinaria, de Ciencias de Buenos Aires, de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de Ciencias Morales y Políticas y de Derecho y Ciencias Sociales, todas contenidas en el Presupuesto Nacional, en un edificio con un cartel que dice "Casa de las Academias". Un error que no merecía estos remilgos.
Cuando comenté en esta sección su libro "Fronteras" (24 de octubre de 1999) P. me agradeció diciéndome que estaba "choco" con mi crítica. En ese momento yo era un buen crítico y él estaba chocho. En cierto sentido, lo sigue estando.
En lo sucesivo, cuando necesite la dirección de alguna Academia buscaré -en las "Páginas Doradas", de la Guía Telefónica, en los rubros "herramientas de precisión"-, "animadores para fiestas" o "bowling, equipos y elementos".
P. aclara que "alicaído" significa "falto de fuerzas, triste, desanimado". No es un insulto, como no lo es la primera acepción de esa misma palabra, que según María Moliner y el etimólogo Joan Corominas, es "con las alas caídas". Ese enunciado figura en muchos tangos y los descontentos pueden consultar su lenidad a sus colegas de la Academia Nacional del Tango, que también figura en el Presupuesto Nacional, cuyo domicilio es Avendia de Mayo 833.
P. alude a "las conmemoraciones, homenajes e investigaciones que se celebraron y se realizan en homenaje a V.O." sin consignar fechas ni otros detalles, quizás porque tales homenajes nunca existieron.
Para terminar diré que admiro la capacidad lúdida de estos personajes que juegan a fatigar a los lectores, interesados en libros y no en sus domicilios, sus medidas o el peso de sus cerebros.(c) LA GACETA

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