03 Noviembre 2002 Seguir en 

En importancia, los personajes son a la ficción lo que la actuación es a la representación dramática. La trama puede ser débil e incluso la historia aburrida, pero si los protagonistas también lo son, seguramente la obra estará destinada al fracaso, ya que uno de los mayores deleites que ofrece la novela como género narrativo es la oportunidad que se brinda al lector de analizar, comprender y hasta sentir afecto por ellos.
Lo que definitivamente falla en Te toca morir... es, aparte del título, la caracterización de los personajes que no se compadece con los roles asignados; esto define, a mi entender, de modo terminante, la cuestión.
La historia, por su parte, no deslumbra por su originalidad. Luego de que en 1996 Tom Clancy, quizás en su mejor obra, Ordenes presidenciales, desató un ataque bacteriológico en territorio norteamericano, resulta difícil desarrollar un argumento similar que no se preste a comparaciones que, en el caso, favorecen poco a Johansen.
Además, el volumen llega al lector en un momento en que un ataque de ántrax transportado en billetes de veinte dólares no difiere del reciente intento real de expandir la bacteria en la correspondencia postal. El personaje siniestro es esta vez un militar latinoamericano aunque, como era de esperarse, cuenta con la complicidad de un terrorista islámico.
Todo muy a pesar de que Johansen sepa cómo ganarse fans instantáneos, según reza la solapa.(c) LA GACETA
Lo que definitivamente falla en Te toca morir... es, aparte del título, la caracterización de los personajes que no se compadece con los roles asignados; esto define, a mi entender, de modo terminante, la cuestión.
La historia, por su parte, no deslumbra por su originalidad. Luego de que en 1996 Tom Clancy, quizás en su mejor obra, Ordenes presidenciales, desató un ataque bacteriológico en territorio norteamericano, resulta difícil desarrollar un argumento similar que no se preste a comparaciones que, en el caso, favorecen poco a Johansen.
Además, el volumen llega al lector en un momento en que un ataque de ántrax transportado en billetes de veinte dólares no difiere del reciente intento real de expandir la bacteria en la correspondencia postal. El personaje siniestro es esta vez un militar latinoamericano aunque, como era de esperarse, cuenta con la complicidad de un terrorista islámico.
Todo muy a pesar de que Johansen sepa cómo ganarse fans instantáneos, según reza la solapa.(c) LA GACETA







