27 Octubre 2002 Seguir en 

Piquetes contra los gastos políticos, periodistas que ocultan información de los poderosos, abstención electoral generalizada, represión policial a manifestantes contra una multinacional. Estas imágenes bien podrían ser las de un noticiario local, si no fuera porque corresponden a lugares tan diversos como Estados Unidos, Italia, Reino Unido, India. Y su descripción no proviene de un activista trasnochado sino de una académica de Cambridge, asesora económica -para más datos- de la Rusia poscomunista. Al parecer, la debilidad de la política, las presiones de las corporaciones, las necesidades acuciantes de una parte creciente de la humanidad generan un escenario del que no se salva ni el más acomodado ciudadano europeo. El relato de las promesas globales basadas en modelos exitosos aparece en este libro fracturado en malestares mundializados, lo que arroja una primera conclusión: la periferia ni siquiera tiene el privilegio de la exclusividad de las crisis.
Lejos de la visión conspirativa que sugiere el subtítulo, el texto es una variopinta y documentada colección de datos que intentan revelar la responsabilidad de las empresas en el fracaso de la política, en los abusos comerciales, en la explotación de los recursos naturales, en la venalidad de los medios. Con cierto optimismo, Hertz muestra que el propio sistema está produciendo sus propios anticuerpos: el ciberactivismo, las protestas sociales, los boicots de los consumidores ponen en la discusión pública cuestiones opacas hasta ahora. Las empresas deberán comprender las nuevas condiciones, dice la autora, si quieren mantener un lugar en una sociedad cada vez más refractaria a las viejas prácticas corporativas.
Este libro podría encuadrarse dentro de la abundante literatura crítica de la globalización, aunque no se inscribe en una tradición intelectual como "Imperio", ni promueve el activismo como "No Logo", ni se demora en las consideraciones economicistas como el libro de Stiglitz. Apenas si busca multiplicar escenas del fin del sueño de la empresa moderna, cualquiera sea el lugar donde esta se encuentre. Segunda conclusión: no sabemos qué va a suceder, pero sí que el mundo no seguirá siendo el mismo.
(c) LA GACETA
Lejos de la visión conspirativa que sugiere el subtítulo, el texto es una variopinta y documentada colección de datos que intentan revelar la responsabilidad de las empresas en el fracaso de la política, en los abusos comerciales, en la explotación de los recursos naturales, en la venalidad de los medios. Con cierto optimismo, Hertz muestra que el propio sistema está produciendo sus propios anticuerpos: el ciberactivismo, las protestas sociales, los boicots de los consumidores ponen en la discusión pública cuestiones opacas hasta ahora. Las empresas deberán comprender las nuevas condiciones, dice la autora, si quieren mantener un lugar en una sociedad cada vez más refractaria a las viejas prácticas corporativas.
Este libro podría encuadrarse dentro de la abundante literatura crítica de la globalización, aunque no se inscribe en una tradición intelectual como "Imperio", ni promueve el activismo como "No Logo", ni se demora en las consideraciones economicistas como el libro de Stiglitz. Apenas si busca multiplicar escenas del fin del sueño de la empresa moderna, cualquiera sea el lugar donde esta se encuentre. Segunda conclusión: no sabemos qué va a suceder, pero sí que el mundo no seguirá siendo el mismo.
(c) LA GACETA







